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La contaminante bolsa plástica comienza su agonía

Álvaro Suckel

Este año usaremos tres mil millones de bolsas plásticas en Chile. Lo que equivale a unas 200 por persona.

Cada una de ellas seguirá en la Tierra por lo menos dos siglos más, sobreviviendo por bastante tiempo a sus creadores.

Esas bolsas son las mismas que actualmente afean el paisaje, ahogan animales y se acumulan en los vertederos. Todos sabemos que causan daño al medio ambiente -directo e indirecto-, pero las seguimos usando.

Este panorama comienza a cambiar. Esas viejas bolsas centenarias, ahora pueden cambiarse por unas que duran unos meses y vuelven, en poco tiempo, a ser parte de la naturaleza.

Las tiendas verdes

Homecenter Sodimac y Jumbo comenzaron desde este mes a entregar a sus clientes bolsas “biodegradables”, que aseguran reducir a sólo un par de años la expectativa de vida de estos polímeros. Algo parecido hace desde junio Chilectra, con el sobre de sus cuentas.

La cadena de degradación de este tipo de plástico comienza al estar expuesto al oxígeno, la humedad, la luz y la fricción. Estos agentes reducirán la bolsa a pequeños fragmentos con el pasar de los días. Así, divididas en cientos de partes, serán un buen almuerzo para los microorganismos, que las convertirán en material biológico.

Esta apuesta de la industria del retail es apoyada por el gobierno a través de la campaña “Más ambiente, menos bolsas”.

Por primera vez en Chile el comercio detallista, el gobierno y la comunidad están comenzando un camino que desde hace años recorren otros países y que terminará, tarde o temprano, por erradicar la resistida bolsa plástica.

La ministra de Medio Ambiente, Ana Lya Uriarte, dice que “hay que ir avanzando en la lógica de reemplazar la bolsa de plástico tradicional”. Una lógica que en otras partes ya tiene metas: en Francia para 2010 todas las bolsas plásticas deben ser biodegradables.

Por el momento, en Chile no hay proyectos gubernamentales para limitar la producción de plásticos tradicionales. Es voluntario, se apela a la buena voluntad. “Queremos hacer conciencia para que más empresas visionarias se unan a estas iniciativas”, dice la ministra Uriarte.

Manuel Escobar -uno de los dueños de Inapol, fabricante de las bolsas que entrega Jumbo- cuenta que “Jumbo hace tiempo esta preocupado por estos temas, y los clientes cada vez tienen más intereses ecológicos, como el calentamiento global”.

Pero no es tan simple: estos recipientes son 8% más caros que los viejos, costo que ha sido amortizado a medias entre Inapol y su cliente.

El precio podría ser un freno a la masificación del producto.

¿Sirven?

Los escépticos creen que las bolsas se desintegran, pero el residuo, invisible a nuestra vista, seguiría afectando el entorno.

Sobre esto, el doctor Patricio Jorquera, del Instituto de Investigaciones y Ensayos de Materiales de la Universidad de Chile, afirma que “el nivel de investigación actual no permite establecer si el ciclo de vida de estos polímeros es más amistoso con el medio ambiente”.

Por otro lado, “la fabricación de estas bolsas utiliza la tecnología de las tradicionales, por lo que hacerlas contamina lo mismo”, dice Jorquera.

La elaboración de plástico genera gases, calor y otros residuos, más un consumo energético considerable. Pero, otras opciones que parecen ser más benignas, como las bolsas de papel, tampoco son la panacea. Probablemente, el mejor camino va más por la reutilización de recipientes durables, como la antigua “bolsa del pan”.

Ataque mundial

De Alaska a Bangladesh las bolsas son verdaderos parias en estos momentos. En China llaman “contaminación blanca” al paisaje plagado de estos plásticos volando a su antojo.

Pionera fue Irlanda, que en 2002 gravó con 15 centavos de Euro ($100) cada bolsa plástica. Hoy se ha reducido en 90% su consumo.

Desde ese año, si usted osa pasear con una en Bangladesh, arriesga una multa de US$ 9 ($ 5 mil). ¿La razón? Descubrieron que las bolsas colapsaban los alcantarillados, provocando inundaciones.

En San Francisco, EE.UU., a partir de octubre estarán prohibidas, por el daño que las bolsas traerían a la vida marina.

Motivos ambientales también esgrimieron más de una treintena de pueblos de Alaska para prohibirlas.

Cambiar o morir es la consigna que poco a poco el mundo está elevando en contra de este simple invento que se reproduce por millones cada segundo.

Se oxidan para morir

¿Qué hay tras las bolsas “biodegradables”? Básicamente, son iguales a las tradicionales, pero contienen un aditivo que “permite que el polímero se oxide rápidamente”, explica Patricio Jorquera. Este sistema se llama “oxobiodegradación”.

La oxidación hará que se corten las moléculas, que terminarán en pequeñas moléculas de carbono, hidrógeno y oxígeno. Aquí entran en acción los microorganismos que convertirán el plástico en biomasa, es decir, material biológico.

“¿Papel o plástico?”

El economista Bernardo Javalquinto se sorprende con el éxito que ha tenido el mail que mandó en julio a sus amigos para “crear la conciencia que deben exigir una alternativa a la bolsa de plástico en los supermercados”.

Sus amigos lo enviaron a otras personas y se convirtió en una cadena de correos electrónicos que hoy se difunde por Latinoamérica.

La “alternativa” a la que Javalquinto apela son las bolsas de papel, copiando el sistema del retail estadounidense que ofrece a sus clientes “papel o plástico”.

EN CIFRAS

Nos llenamos de ellas

Una radiografía en números de las bolsas.

Gramos que en promedio pesa una bolsa

7

Plástico en los desperdicios de hogares en el mundo

60%

Bolsas que entrega el retail cada mes en Chile

200 millones

Bolsas que se reparten mundialmente en el minuto que lee esto

1 millón