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Esmog: Santiago tuvo su peor día en los últimos 9 años

Cerro Navia promedió 443 miligramos del tóxico PM10, bordeando, como no se veía hace casi una década, el nivel 500 que obliga a decretar emergencia. El escenario más crítico por contaminación del aire se decreta una vez que el ICAP de cualquiera de las ocho estaciones de monitoreo supere la barrera de los 500.

Santiago se acercó este domingo a niveles de emergencia ambiental como no sucedía hace casi en una década, luego de que el índice ICAP -variable que mide el promedio de esmog en las últimas 24 horas-, trepara en la estación de monitoreo de Cerro Navia hasta peligrosos 443 microgramos por metro cúbico de las dañinas partículas de humo que ingresan a los pulmones de la población.

El escenario más crítico por contaminación del aire -es decir, una emergencia-, se decreta una vez que el ICAP de cualquiera de las ocho estaciones de monitoreo supere la barrera de los 500 microgramos.

La última ocasión en que la capital superó ese techo fue en 1999, año donde el dato máximo hizo toser con sus 511 miligramos por metro cúbico de material particulado respirable (también conocido como PM10), anotados por la estación de Pudahuel.

El riesgoso ICAP 443 del domingo superó, por cierto, a los 409 miligramos medidos en también en la estación de Pudahuel el 12 de mayo de 2007, pero también a los registros de los últimos nueve años, pues en 2000, el tóxico índice marcó 416. Entre 2001 y 2006, el índice máximo varió entre los 313 anotado en 2005 y los 398 respirados en 2001 (ver recuadro).

Con todo, un detalle: no es primera vez que la estación de monitoreo de Cerro Navia anota la calidad del aire tan mala. Ya lo hizo a las ocho de la mañana del 12 de mayo de 2007, marcando un ICAP de 473, fecha en que la estación sólo funcionaba como marcha blanca. Por lo tanto, los 443 respirados ayer es considerada por la Conama como la primera medición oficial.

NUBE NEGRA

Entre sábado y domingo, la populosa comuna de Cerro Navia estuvo expuesta a niveles tan altos de esmog que, por un lado afectó a sus miles de desprotegidos habitantes durante al menos cinco horas desatando críticas de expertos y autoridades-, y que por otro pudieron empujar, como no sucede hace años, a que la autoridad metropolitana decretase emergencia ambiental.

Entre las nueve de la noche del sábado y la una de la madrugada del domingo, el índice de PM10 registró un promedio de 544 miligramos por metro cúbico de esmog, llegando a un peligroso peak de 598 a las 22 horas del sábado que sólo fue cediendo conforme las condiciones de ventilación de la cuenca fueron llevando, a eso de las cuatro de la mañana, a niveles por debajo del nivel 400.

Fueron esos altos índices los que condujeron a que el promedio diario de 24 horas (ICAP), marcara un nivel de 440 a las ocho de la mañana del domingo, índice que después de la cuatro de la tarde subió hasta 443.

Y son esos altos índices a los que se ve expuesta la población los que llevan al reputado Centro Nacional de Medio Ambiente de la Universidad de Chile (Cenma), a postular el “fundamental cambio del índice ICAP, ya que introduce una fuerte distorsión en la gestión de episodios, haciendo que las medidas de mitigación se tomen al día siguiente de la noche en que se registraron esos altos índices”, señalan.

MULTAS

En Chicureo, las autoridades verificaron el incumplimiento de la prohibición de uso de estufas a leña cursando tres multas de cien mil pesos, que se suman a 25 partes a autos y buses.

Conama y empresas buscan fórmula para evitar su prohibición en Santiago

Evalúan recambio masivo de estufas a leña
La receta es simple: estufas podrán ser entregadas en parte de pago para adquirir una nueva que, bien utilizada, contaminaría cinco veces menos. La idea es aplicar el plan en comunas específicas.

Dos posturas para un mismo tema. Mientras tres intendentes de Santiago han intentado prohibir las supuestamente ecológicas estufas a leña -la mayoría compradas por familias ABC1- las empresas y Conama trabajan en un camino distinto: por un lado, regulación más estricta para fabricantes, y por otro, un masivo recambio tecnológico.

Lo anterior cierra la puerta a la prohibición total que pretende la Intendencia y da un respiro a un mercado que, en Santiago, entre mayo y septiembre de cada año, produce al menos 693 toneladas de humo (PM10), cifra incluso superior a lo que lanzan anualmente autos (516 toneladas) y buses (316), y apenas 70 menos que lo que contaminan los camiones a diésel.

Si bien los principales fabricantes como Bosca, Amesti y Pucón argumentan que, en condiciones ideales de operación, sus últimos modelos emiten entre uno y dos gramos de esmog por hora -mucho menos que la norma de 7,5 gramos que se trabajó en el año 2000- el gran tema es qué hacer con las más de 60 mil estufas que hoy funcionan en hogares capitalinos, la mayoría adquiridas entre 2002 y 2006.

En lugar de evaluar la prohibición, el director regional de Conama, Alejandro Smythe, indica que “estamos trabajando en una norma que signifique un nivel de exigencia mayor y en un sistema de compensaciones para dar con un tope de emisiones que estimule la renovación de equipos antiguos”.

Así lo confirma el gerente general de Bosca, Luis Alberto Echeñique. “Lo primero es que haya un marco regulatorio que establezca que sólo se puedan vender equipos de alto nivel tecnológico que aseguren un bajo nivel de emisiones. En segundo lugar, establecer un sistema de compensación de emisiones que obligue a los fabricantes e importadores a que, para vender un equipo de nueva tecnología, necesariamente deben retirar equipos con mayores niveles de emisiones”, dice.

¿Cómo operaría la fórmula? Ricardo Katz, asesor ambiental de Amesti, lo explica: “Una persona va a una tienda a comprar, ésta le retira el equipo antiguo con la garantía de que será destruido. Luego la persona recibe un vale, y con él se adquiere un equipo nuevo y certificado a menor precio”.

En Amesti estiman que la fórmula pueda ser aplicada en 2009 ó 2010 en Colina, Vitacura y Las Condes, que concentran un 43% de las estufas.

Quedan dos dudas en el aire: la mejor tecnología, dice Katz, de poco sirve si los usuarios queman leña húmeda o no certificada, y en Conama reconocen que es imposible una fiscalización. En cambio proponen una campaña educativa y un cambio cultural.