Confirman el plan de bombear “seis mil litros de agua por segundo” desde Salta en Argentina hacia las mineras de Chile.

Mineras Chile Argentina
Tras el agua de la Puna hay un negocio de 5.700 millones de dólares. El informe expone una presentación en la que una de las empresas asociadas al plan de la minera BHP Billiton- sostuvo que el proyecto “permitirá dar cumplimiento al Tratado sobre Complementación Minera celebrado entre Chile y Argentina, y que para que el agua en cuestión permita la expansión de la minería chilena, es menester fijarse como meta la producción de 6 metros cúbicos de agua por segundo”, y “si bien el agua subterránea a alumbrar podría tener destinos industrial, agrícolas y agroindustriales, la primera meta a alcanzar debería ser el agua para uso minero dentro”.
Fuente: Diario El Tribuno

Según un informe de Minería, que salió a luz ayer, bombearían hasta 6.000 litros por hora a Chile.

Quienes dicen que el agua será dentro de algún tiempo un recurso más estratégico que el petróleo, se equivocan. El agua no será, sino que “ya es” entre todos los recursos, el más vital, estratégico y preciado. Cómo se explica de otro modo que hoy en la Puna salteña esté a un paso de consumarse un proyecto que en el Norte chileno redituaría 5.700 millones de dólares en 20 años, pero que de este lado de la cordillera podría dejar los acuíferos andinos tan secos como los de Punta Negra y Monturaqui, hoy agotados en Atacama ante los consumos industriales de la gigante del cobre La Escondida.

El pasado lunes El Tribuno comenzó a revelar los detalles de un proyecto que elaboró en 2.000 una inversora de Santiago de Chile, El Alamo, y que dio origen una iniciativa privada en la que algunas empresas de existencia real y otras sospechadas de ser “sellos de goma” incurrieron en un sinnúmero de faltas e irregularidades con las cuales mantuvieron oculto un plan de “exportación de agua industrial” para consumos mineros en la región de Antofagasta.
El expediente que examina desde ayer la Unidad Revisora de Contratos (UNIREN) no deja dudas sobre el destino de exportación pretendido para el agua de los pozos que comenzaron a perforarse a fines de 2007 en Quebrada del Agua, Laguna Socompa, el Salar de Llullaillaco y el Salar de Río Grande, a escasa distancia de la línea cordillerana que separa a Salta de Antofagasta.

Estas perforaciones fueron paradas el 17 de febrero por la Secretaría de Recursos Hídricos que, sin embargo, volvió a autorizar su continuidad. Esta decisión se explicó con un resolución del Ministerio de la Producción por la cual la firma que llevaba adelante las tareas acreditó que se hallaba habilitada desde abril de 2007 a realizar evaluaciones hidrogeológicas destinadas a alumbrar aguas subterráneas para “uso minero, agrícola y agroindustrial en los departamentos Los Andes y La Poma”.

El 6 de diciembre, a través del decreto 3679, la Provincia declaró cumplidas las metas que la citada empresa había comprometido en favor del desarrollo de la Puna salteña.
Entre fines de diciembre y comienzos de enero, sin embargo, se avanzó con perforaciones que dejaron traslucir un plan de “exportación”, pero de estas excavaciones, la autoridad de aplicación del Código de Aguas dijo haberse enterado “ya cuando los pozos estaban casi terminados”. La lista de supuestas faltas cometidas a las leyes y resoluciones vigentes es más larga que el acueducto que BHP Billiton, el grupo australiano que explota La Escondida, espera ver trazado por Socompa en pocos meses más. La UNIREN tendrá la palabra final, pero desde los más altos niveles de la Provincia se aseguró que no se permitirá que el agua de la Puna sea desviada para consumos mineros en el Norte chileno.

¿Se puede exportar agua?
Ninguna ley en la Nación ni en la Provincia considera la posibilidad de una “exportación de agua” como la que las grandes corporaciones mineras de la región de Antofagasta pretendieron imponer sin éxito desde Potosí (Bolivia) y ahora desde Salta. En el medio, recordemos, otro proyecto de extracción calcado a los anteriores fuera rechazado en octubre de 2007 por la chilena Comisión Regional de Medio Ambiente (COREMA), para evitar que las comunidades campesinas y la vida silvestre se vean seriamente afectadas solo para que la minería de Atacama abarate los costos de produccion de su agua industrial y acreciente las ganancias del cobre.

Las cifras
170,4 millones de metros cúbicos anuales es el bombeo máximo que el proyecto prevé desde la Puna salteña hacia las mineras de Atacama.
6.000 litros por hora llevarían los dos acueductos que se desprenderían desde Socompa y Sico hacia La Escondida y Chuquicamata.
1,5 dólares es el valor que las empresas asociadas en el proyecto cobrarían por cada metros cúbico trasvasado desde la Puna salteña hacia Atacama.
8 pozos en el primer año, 21 en el segundo, 22 en el tercero, 20 en el cuarto y 19 en el quinto año prevé el plan elaborado en Chile en 2000.
203 millones de dólares es la inversión estimada para el acueducto que abastecería a La Escondida a través de Socompa.
224 millones de dólares es el costo estimado del acueducto que abastecería a Chuquicamata a través de la línea de Sico.

Un informe lapidario
Un informe que elevó la asesoría jurídica de Minería el pasado 18 de febrero y está por estas horas a disposición de la unidad revisora que preside Emilio Tuñón, no deja dudas sobre la intención de desviar el agua de la Puna hacia consumos mineros en el Norte chileno.
El informe expone una presentación complementaria en la que Servicios Mineros -una de las empresas asociadas tras el plan alentado por BHP Billiton- sostuvo que el proyecto “permitirá dar cumplimiento al Tratado sobre Complementación Minera celebrado entre las Repúblicas de Chile y Argentina, facilitando los procesos de integración y cooperación económica regional a fin de lograr una fluida circulación de bienes y servicios y factores de producción en el área”.
Por si quedase alguna duda sobre el destino pretendido para el agua de los pozos de la cordillera que denunció El Tribuno, la firma Servicios Mineros precisó que “para que el agua en cuestión permita la expansión de la minería chilena, es menester fijarse como meta la producción de 6 metros cúbicos de agua por segundo”.
En el siguiente párrafo, la empresa aclaró que “si bien el agua subterránea a alumbrar podría tener destinos industrial, agrícolas y agroindustriales, la primera meta a alcanzar debería ser el agua para uso minero dentro de las previsiones del Tratado ya citado”.

El Tratado
Los intereses asociados tras el plan que aún sigue latente en los Andes tienen sus fichas apostadas al Tratado de Complementación Minera que se firmó en 1997 con Chile, durante la presidencia de Carlos Menen, y que fue ratificado por los parlamentos de ambos países. En un publicación editada en Santiago de Chile en mayo de 1999, Esteban Tomic Arrazuriz, concejal de la Comuna de Las Condes y presidente de la Consultora Dos Mundos, expuso cuál es la visión de las mineras que explotan el cobre en Atacama. Con el Tratado -remarcó entonces – las empresas mineras estarán en condiciones de negociar con la contraparte argentina dos cosas que son de interés primordial para ellas: el acceso a los recursos hídricos, que en Chile son escasos y en Argentina abundantes, y la posibilidad de depositar en territorio argentino, que es más extenso y por tanto más apto que el chileno para ese fin, sus ripios, desmontes y relaves”.

3 PEDIDOS DE INFORMES
Hoy el Senado tratará un pedido de informes de la radical Claudia Silvina Vargas para que organismos competentes aclaren sobre el plan para exportar agua a Chile. El martes, Diputados aprobó otros de Adriana Pérez y su par justicialista de Los Andes, Leopoldo Salva.

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Seis metros cúbicos de agua por segundo irían a las transnacionales mineras que operan en Chile

Por Javier Rodríguez Pardo

El diario El Tribuno del jueves pasado da cuenta de la construcción de dos acueductos que trasladarían el agua salteña hacia la puna chilena donde operan las transnacionales mineras del cobre. Las agencias recogieron el error cometido por el diario salteño en cuyo texto dice que se trata de seis mil litros por hora, cuando debería decir por segundo, como bien advierte en su copete.

El plan para dotar de agua a la región de Antofagasta data de la década del 90 cuando las transnacionales y el mundo del Norte decidieron poner en marcha el Tratado Binacional Argentino Chileno de Implementación Conjunta para la Minería (firmado por los presidentes Eduardo Frei y Carlos Menem en 1997, ambos senadores en la actualidad). Sin agua, publicamos reiteradamente, no hay minería, cosa que ocurre en algunas partes del mundo que aún guardan yacimientos importantes sin extraer por escasez de este insumo vital.

El agua subterránea no es renovable. Tal aseveración es primordial para que de una vez por todas entendamos que los acuíferos formados en la desértica región del norte cordillerano chileno fueron fabricados por el ecosistema de la cordillera hace milenios, fines de la era secundaria, y ahora, al concluir el año 2007 comenzaron a perforarse pozos en la Quebrada del Agua, Laguna Socompa, Salar de Llullaillaco y Salar de Río Grande, ubicados en cercanías de la cordillera que separa a Salta de Antofagasta. La región chilena de Copiapó, Antofagasta y Calama, en su sector central, registró períodos de 4.000 años sin lluvias. Pero el agua existe en las entrañas de la cordillera, basta perforarla.

La canadiense minera Barrick Gold, a pesar de sus inmorales informes de impacto ambiental, reconoce que para el complejo Veladero y Pascua Lama requerirá como mínimo casi 500 litros de agua por segundo, ocultando un consumo mayor. Duele aceptar que funcionarios del Ministerio de la Producción y de la Secretaría de Recursos Hídricos de la provincia salteña habilitaran este saqueo complementario de otro, el de la “minería en los departamentos Los Andes y La Poma”. Paralelamente con las perforaciones, que ahora sugieren como clandestinas, cuando los pozos ya fueron concluidos, la gigantesca corporación minera australiana BHP Billiton que explota La Escondida previó dos acueductos que atravesarán Socompa en pocos meses más.

Según la Oficina Minera de los Estados Unidos, el valor del agua en 1980 era de diez centavos de dólar el metro cúbico (mil litros). Hagamos entonces el cálculo multiplicando ese importe por los seis mil litros por segundo que desean bombear durante veinte años lixiviando rocas molidas con una energía también subsidiada. La suma es inimaginable si no decimos que supera el valor de los yacimientos motivo de la explotación.

Javier Rodríguez Pardo, MACH – RENACE – Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC). Viernes 18 de abril de 2008. machsepa21@yahoo.com.ar (011 1567485340)

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