Tiburones, sobrevivieron a los dinosaurios pero ahora están en peligro

Estas especies tan importantes para la salud de los océanos merecían tener su fecha especial. Por eso, cada 14 de julio es el Día Internacional de la Conciencia por los Tiburones para que conozcamos más sobre estos peces maravillosos y entendamos por qué están en peligro. 

Tiburones ballena en el Parque Nacional de la Bahía de Cenderawasih, Indonesia.

Los tiburones están en este planeta desde antes que los dinosaurios pues habitan los océanos desde hace 450 millones de años. En este periodo han evolucionado en 500 especies diferentes y contando. 

Es probable que, en este mismo momento, algún científico que esté buceando en aguas profundas del Océano Atlántico encuentre una nueva especie de tiburón que aún no ha sido descrita por la ciencia.

Un elegante tiburón leopardo navega por las llanuras de arena de Coral Bay en busca de un lugar de descanso adecuado para pasar la tarde: Ningaloo Reef, Australia Occidental.
Un tiburón martillo liso juvenil visto en las Galápagos, Ecuador.
Un tiburón sedoso y otros animales marinos agrupados en el Océano Pacífico central.

A su vez, cada especie tiene formas, colores y tamaños únicos. Los hay con aletas que brillan en la oscuridad, algunos son tan pequeños que caben en tu bolsillo, hay otros con manchas y tantas otras particularidades más. En definitiva, son animales realmente asombrosos. 

Tiburón Azul cerca de los Azores. © Robert Marc Lehmann / Greenpeace
Tiburón Oceánico de puntas blancas en Mar Rojo. © Axel Heimken / Greenpeace

Además, tienen un rol central porque están en la cima de la cadena alimenticia. Al ser los mayores depredadores del sistema, ayudan a regular a las poblaciones de otros peces y diversas especies acuáticas, lo que mantiene el equilibrio natural. 

Sin embargo, las poblaciones de tiburones están disminuyendo de manera muy rápida y se han convertido en el grupo más vulnerable de entre todos los vertebrados estudiados hasta la fecha. Se matan 100 millones de tiburones cada año

Un tiburón es capturado como captura incidental por la tripulación a bordo de un barco con bandera iraní que pesca atún en el norte del Océano Índico.

Entre las causas de esta matanza, está la sobrepesca -tanto porque se capturan de forma directa o accidental-, la pesca indiscriminada, la pérdida de sus hábitats y otras amenazas globales, como el cambio climático.  

Un tiburón muerto atrapado en redes de enmalle pertenecientes a un barco de bandera iraní, destinado a la pesca del atún.

Por caso, en 2022 Greenpeace España presentó un informe que reveló que las flotas pesqueras de la Unión Europea de España y Portugal pescan en zonas de cría de tiburones en el Atlántico Norte utilizando palangre. Es decir, en un día cualquiera colocan 1.200 km de hilo sedal (esto equivale a la distancia entre Madrid y París) de las que cuelgan un número de anzuelos estimados entre 15.000 a 28.000 unidades para capturar a los ejemplares.

Con situaciones así, es fácil entender por qué los tiburones desaparecen, y sólo basta imaginar lo que su desaparición implica para los ecosistemas marinos. 

Por todo esto, los tiburones requieren de un elevado nivel de protección. Por ejemplo, la delimitación de áreas marinas protegidas en alta mar para preservar los puntos calientes para estas especies, acompañada por la gestión en aguas costeras donde se mueven los pequeños tiburones. 

Activistas cortan las líneas de pesca que atrapó al tiburón © Pedro Armestre / Greenpeace. .

El Tratado Global de los Océanos, que se alcanzó en junio de 2023 y fue ratificado por la Unión Europea en 2024, es una herramienta legal muy útil en este sentido. A través de ella, se podrán crear vastos santuarios oceánicos más allá de la jurisdicción de los países ribereños, libres de actividades humanas destructivas. 

El objetivo es alcanzar con esta protección a 30% de los océanos del mundo para el año 2030, tal como lo estipula el Convenio sobre la Diversidad Biológica acordado por todos los gobiernos a fines de 2022. Hoy, menos del 1% de los mares alta mar está adecuadamente protegidos. El tiempo de actuar para proteger a los tiburones -y a toda la biodiversidad marina- es ahora porque lo único que da más miedo que un océano lleno de tiburones es que no haya nunca más tiburones.



Los Bronces

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Author: Meri Castro

Balance de Greenpeace en el Mes del Mar: lo bueno, lo malo y lo feo sobre océanos en Chile

©  Gerardo Candia / Greenpeace

“La vida en la Tierra depende directamente de los océanos. Por esta razón es clave contar con mares sanos y protegidos de actividades que resulten devastadoras”, declara Silvana Espinosa, vocera de la organización ambientalista. 

Mayo es reconocido como el Mes del Mar y, para conmemorar la fecha, desde Greenpeace Chile realizaron un balance de lo bueno, lo malo, lo bonito y lo feo, con los principales hitos de nuestros océanos, en el último año. “La vida en la Tierra depende directamente de los océanos. Por esta razón es clave contar con mares sanos y protegidos de actividades que resulten devastadoras”, declara Silvana Espinosa, vocera de la organización ambientalista. 

Lo bueno: fuimos los primeros en ratificar el Tratado Global de los Océanos

Estefanía González en la ONU por el Tratado Global de Océanos © Stephanie Keith / Greenpeace

En marzo el Senado aprobó el Tratado Global de los Océanos de Naciones Unidas, lo que transformó a Chile, junto a Palau, en los primeros países del mundo en ratificar este importante acuerdo, cuyo objetivo es la conservación de la biodiversidad marina en alta mar y alcanzar el objetivo 30×30: la protección del 30% de los océanos para el año 2030.

Estefanía González en la ONU por el Tratado Global de Océanos © Stephanie Keith / Greenpeace

“Es un orgullo este avance. Estamos hablando de la adopción de uno de los tratados ambientales más importantes de las últimas décadas, en el que Chile y los países de nuestra región, tuvieron un rol clave liderando el debate a lo largo de todo el  proceso”, opina Silvana Espinosa, vocera de la organización ambientalista.

Lo malo: La impunidad de la industria salmonera

©  Gerardo Candia / Greenpeace

De acuerdo a los registros de Sernapesca, entre los años 2019 y 2021, se comprobó que 25 empresas salmoneras produjeron 686.000 toneladas de esta especie, en un total de 123 centros de cultivo, pese a que lo autorizado era 487 mil toneladas, en las regiones de Los Ríos, Magallanes y Aysén, incurriendo de este modo en infracciones a nuestra legislación ambiental. De esta sobreproducción, además, el 33% ocurrió dentro de centros de cultivo ubicados en Áreas Protegidas. Pese a lo alarmante de estas cifras y a lo grave de la falta, las sanciones no están ocurriendo.

Salmonera Las Guaitecas Aysen ©  Matias Romagosa / Greenpeace

Así lo revela una reciente investigación de Terram (en conjunto con Ciper), que tomó como evidencia los 84 casos de sobreproducción ocurridos en la Reserva Nacional Las Guaitecas, en la Región de Aysén. Según sus datos, conseguidos a través de Ley de Transparencia, 74 de ellos se encuentran prescritos y el resto se mantiene sin castigo.

“El mar patagónico es una zona de alto valor ecológico para Chile y el mundo, y en él habitan numerosos tipos aves y fauna marina, donde además de las ballenas, tenemos al delfín chileno, como la única especie de cetáceos endémica del país. Por lo mismo, resulta impresentable que en zonas que se han declarado protegidas se concentre un tercio de la sobreproducción ilegal de la industria salmonera. Es tiempo de que, frente a la evidencia, los servicios públicos involucrados (Sernapesca, Subpesca, SMA) reconozcan que estas prácticas son sistemáticas y no hechos puntuales y que avancen en sanciones reales que frenen las conductas ilegales del sector, que ya son parte de su modus operandis”, agregó la vocera de Greenpeace. 

Lo bonito: Se amplía el Área Marina Costera Protegida del Archipiélago de Humboldt

Archipiélago Humboldt ©  César Villarroel / Greenpeace

Chile  aprobó  la ampliación del Área Marina Costera Protegida de Múltiples Usos (AMCP-MU) para el Archipiélago de Humboldt, convirtiéndose en la primera de carácter birregional del país. Esto porque se extenderá por las costas sur de Atacama y norte de Coquimbo. 

Las áreas marinas protegidas de múltiples usos buscan compatibilizar la conservación y protección del medioambiente con el desarrollo de actividades sustentables. En el caso del Archipiélago de Humboldt, esta es una de las áreas más ricas en biodiversidad de la zona centro-norte del país, y abarca desde Punta Pájaros, en la comuna de Freirina (Región de Atacama) hasta Punta Poroto, comuna de La Serena (Región de Coquimbo), por el sur.

Archipiélago Humboldt ©  César Villarroel / Greenpeace

“El archipiélago de Humboldt es un tesoro natural de biodiversidad y sirve como refugio de pingüinos, nutrias y ballenas, entre otras especies. Celebramos avanzar en su protección, que a la larga se traduce en un mejor blindaje frente a la amenaza de posibles proyectos industriales, como ocurrió en el pasado con la  minera Dominga, donde afortunadamente triunfó la protección ambiental”, destacó Espinosa. 

4. Lo feo: Perdonazo a salmonera Nova Austral

Nova Austral Isla Capitán Aracena © Patricio Miranda/ Greenpeace

Hace cuatro años, centros de cultivo de la empresa Nova Austral sobreprodujeron salmones, falsificaron cifras de mortalidad y dañaron gravemente el fondo marino al interior del Parque Nacional Alberto de Agostini, en la Región de Magallanes, lo que fue comprobado y sancionado por la Superintendencia de Medio Ambiente. Entre 2016 y 2019, además, la empresa cometió fraude al fisco, al recibir $59.580 millones de pesos en subsidios que consiguió mediante la entrega de información falsa.  

Por esto último, el Consejo de Defensa del Estado (CDE) presentó una querella contra la empresa y después de años de litigios, el Ministerio Público resolvió a través de un acuerdo alternativo, que le permite a la compañía pagar su deuda con facilidades tributarias, lo que a juicio de Greenpeace “es a todas luces un perdonazo para la empresa”, afirma Silvana Espinosa.

Nova Austral Isla Capitán Aracena © Patricio Miranda/ Greenpeace

“Esta decisión resulta incomprensible, sobre todo porque se trata de una empresa que, además de su extenso prontuario de daños comprobados en áreas protegidas, no deja de incumplir la ley incluso atentando contra las arcas fiscales. Pese a eso, recibe facilidades para seguir operando en impunidad”, asegura la especialista de la organización ambiental. 

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Author: Prensa Chile

Un Estado en deuda: sobreproducción acuícola y poca fiscalización

Salmonera Las Guaitecas Aysen. ©  Matias Romagosa / Greenpeace

Por Estefanía González, subdirectora de Campañas de Greenpeace

Hace algunos días, la fundación Terram publicó una completa investigación que revela una serie de infracciones de la industria salmonera a la normativa ambiental, que están prontas a prescribir si la Superintendencia del Medio Ambiente (SMA) no formula los debidos cargos al respecto, dejando sin multas ni sanciones la cosecha ilegal de más de 67.000 toneladas de salmones, que habría reportado ganancias al sector por $660 millones de dólares.

El reportaje da cuenta que, desde que entró en vigencia la SMA para fiscalizar el cumplimiento de las RCA, sólo 27 procedimientos sancionatorios se han abierto por casos de sobreproducción de salmones al interior de la Reserva Nacional Las Guaitecas en la Región de Aysén. Aún cuando, según información obtenida del Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca) vía Ley de Transparencia, 53 centros de cultivo incurrieron en 84 casos de sobreproducción, los que a la fecha no han sido sancionados. 

Peor aún, 74 de esos 84 casos se encontrarían prescritos (ya que la ley permite que las infracciones que cometen los titulares a sus permisos ambientales se pueden sancionar hasta tres años después de ocurridos los hechos, y ese período ya se cumplió), lo que implica absoluta impunidad para esa venta ilegal.

Un grupo de activistas de Greenpeace se presentó en la Maratón de Santiago de Chile para denunciar el avance de la industria salmonera en la Reserva Nacional Kawésqar en la Patagonia chilena.
Un grupo de activistas de Greenpeace se presentó en la Maratón de Santiago para denunciar el avance de la industria salmonera en la Reserva Nacional Kawésqar en la Patagonia chilena. © Cristobal Olivares / Greenpeace

Frente a esta revelación, la superintendenta del Medio Ambiente, Marie Claude Plumer, respondió relatando los esfuerzos para mejorar su capacidad fiscalizadora y coordinar a los diversos organismos que deben velar por el cumplimiento de las normativas, destacando su “enfoque correctivo”, en el cual los recursos del Estado son invertidos en la realización y envío de reportes sobre los niveles de producción de las empresas, para advertirles cuando estén pasando por sobre la ley, bajo el argumento de que este sistema “aumenta la eficiencia”. 

Si esta estrategia la llevamos por ejemplo al combate de la delincuencia, metafóricamente, sería como si las policías, una vez conocido un delito e identificados los culpables, en lugar de llevarlos detenidos, los notificara para así convencerlos de que dejen de hacerlo, ejercicio que aplicaría incluso para reincidentes. 

¿De qué sirve “dar aviso” a las empresas sobre sus reiterados incumplimientos, en lugar de aplicar sanciones que sean ejemplificadoras? La industria ha mostrado que sus sobreproducciones no son casos aislados, sino que están interiorizados en su modelo, permitiéndoles ganancias ilícitas por miles de millones de pesos, como comprobó la propia SMA en el caso emblemático de la empresa Nova Austral. Por eso, resulta insuficiente la respuesta del organismo ante la evidencia abrumadora sobre procesos sancionatorios no iniciados próximos a prescribir.  

El Estado está en deuda con las comunidades y la protección de la naturaleza. La falta de comunicación entre organismos, los enredos en los datos y la incapacidad de fiscalizar cómo corresponde a una industria que una y otra vez ha mostrado su verdadera cara -la del engaño, la avaricia, la comisión de ilegalidades y la degradación profunda de los territorios donde opera- no sólo es grave, es también un síntoma de la necesidad de mejorar de raíz un sistema que no funciona: que no protege los bienes comunes naturales del país, que no sanciona donde duele a quienes se enriquecen ilícitamente y que, aún más grave, intenta castigar a aquellos que denuncian.

Sobre esto último, es importante recordar que, frente a casos donde la sociedad civil ha acudido al Tribunal Ambiental (TA) para exigir verdaderas sanciones en el marco de resoluciones de procedimientos sancionatorios, en más de una ocasión la respuesta de la SMA ha sido exigir a los TA que a las organizaciones se nos condene el pago de costas: mientras a las empresas se les pide que por favor cumplan la ley y -como el reportaje de Terram reveló- con frecuencia se mira al costado cuando no lo hacen, a la sociedad civil se le exige que pague monetariamente por judicializar resoluciones que atentan contra la salud y equilibrio de los ecosistemas marinos. Esto refleja la falta de visión de organismos que debieran valorar que defendamos en tribunales sus propias atribuciones y competencias para proteger el medio ambiente de manera efectiva. 

Necesitamos un Estado que sea capaz de defender nuestros territorios; que privilegie el bien de las comunidades; que sea justo en la impartición de sanciones efectivas y que fomente la participación comunitaria en esos procesos, pues -al fin y al cabo- son estas las que sufren las consecuencias de la contaminación y destrucción ambiental. Necesitamos un Estado al nivel del desafío.

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Author: Prensa Chile

La protección que aún le debemos a nuestros océanos

Mortandad de salmones en el Fiordo Comau @ Alvaro Vidal Greenpeace

Por Estefanía González, subdirectora de Campañas de Greenpeace 

A comienzos de este año, el Senado chileno aprobó el Tratado Global de los Océanos de Naciones Unidas, lo que nos permitió convertirnos en el primer país en el mundo, junto a Palau, en ratificar este acuerdo, un hito enorme para la protección de la diversidad de nuestros océanos y que hasta el día de hoy nos enorgullece.

El continuo afán de crecimiento de las economías del mundo ha empujado a la extracción inescrupulosa de recursos de todos los territorios, y el marítimo no ha sido una excepción. La pesca industrial, la salmonicultura, la minería submarina, entre tantas otras, están degradando de forma acelerada nuestros océanos y la única posibilidad de sanarlos viene desde una adecuada protección.

Estefanía González, subdirectora de Campañas de Greenpeace , en la ONU por el Tratado Global de Océanos
© Stephanie Keith Greenpeace

Es precisamente ahí donde radica la importancia de este acuerdo, que permite proteger el 30% de los océanos del mundo para el año 2030, algo que la ciencia ha establecido como necesario para que los mares del mundo tengan la oportunidad de recuperarse.

Sin embargo, y pese al liderazgo de Chile para la protección de las aguas internacionales a través de este importante tratado, lo cierto es que poco o nada se está haciendo dentro de nuestro país para avanzar en la protección efectiva de los ecosistemas costeros. Me referiré a un asunto que se sigue promoviendo o permitiendo desde el Estado aún cuando está degradando los territorios: el fomento a la expansión de la salmonicultura.

Esta industria se ha posicionado como la segunda exportadora del país, creciendo año a año, tanto en producción como en ganancias. Pero su desarrollo no ha sido inocuo para los territorios, sino que ha dejado una estela de contaminación y degradación de fondos marinos y la biodiversidad en general.

Sin ir más lejos, en 2023 un relator especial sobre derechos humanos y medio ambiente de la ONU, David R. Boyd, visitó diversos lugares en el país, con el objetivo de documentar y conocer de primera fuente los principales conflictos medioambientales que enfrenta nuestro país. Al terminar su visita, aseguró haber sido testigo de las “flagrantes violaciones cometidas durante años a su derecho (de las comunidades) a vivir en un ambiente limpio, saludable y sostenible”, haciendo una especial mención a los daños ecológicos a ecosistemas ocasionados por la industria salmonera en los mares del sur del país.

Residuos de la industria salmonera en la Reserva Kawésqar Estero Cordova © Cristóbal Olivares

La industria salmonera una y otra vez nos ha mostrado la peor cara de la avaricia empresarial con sus ‘accidentes’, contaminaciones, mentiras, fraudes al fisco y la sobreproducción de especies, llevando a los ecosistemas donde se ha insertado al límite. Pese a ello, el Estado obvía sus faltas y no sólo no les impone sanciones, sino que las pocas veces que lo hace, luego las retira, como se ha visto en innumerables casos. Que el Ejecutivo, y el Estado en su conjunto, avale estas conductas, va directamente en contra del liderazgo internacional que Chile muestra en materia de océanos y contra los ejes programáticos de este mismo gobierno. 

Este 8 de junio conmemoramos el Día Mundial de los Océanos, una fecha creada para concientizar sobre su relevancia de estos ecosistemas sobre toda la vida en la Tierra, su rol en la regulación climática global, así como educar acerca de las amenazas que los afectan.

Reclamo de Greenpeace en la Patagonia Chilena © Martin Katz Greenpeace

En el marco de esto, reconocemos el liderazgo de Chile en su política exterior en materia de océanos, pero invitamos a las autoridades a mostrar consecuencia en el ámbito local, recuperando el rumbo en la materia y a comprometerse en serio con la defensa de nuestros ecosistemas costeros, especialmente en la Patagonia donde la industria salmonera está asfixiando al mar y toda su biodiversidad. 



Freno a la expansión salmonera 

Ya hay más de 1.300 proyectos salmoneros aprobados entre las regiones de Los Lagos y Magallanes ¡y van por más!


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Author: Prensa Chile

Con las recientes lluvias, ¿se acabó la sequía?

Voluntaria en zona de sequía Lago Peñuelas © Greenpeace

Embalses al 89% y “nieve caída alcanza niveles históricos” son algunas de las afirmaciones que se tomaron la prensa después de la lluvia. Sin embargo, desde Greenpeace dicen que estos indicadores, aunque positivos, no resuelven la sequía que Chile arrastra por 14 años.

28 de junio, 2024.- Según información de la Dirección Meteorológica de Chile, el otoño de este año es el que más lluvias ha acumulado en los últimos 22 años en Santiago. De acuerdo al organismo, durante junio han caído 183,1 milímetros de agua en la capital, superando los 146 milímetros registrados en 2005.

Las, en apariencia, inusuales lluvias registradas las últimas semanas, despiertan el optimismo respecto de un posible fin de la mega sequía que afecta la zona norte y centro sur de nuestro país, hace 14 años. De hecho, hace algunos días, el Centro del Agua y Observatorio Climático de la Universidad San Sebastián publicó un análisis donde expone que 8 de los 25 embalses de la Dirección General de Aguas están por sobre los niveles observados en 2023. Es más, los embalses El Yeso (Región Metropolitana) y Los Aromos (R. de Valparaíso) están a un 89% y 99%, respectivamente, de su capacidad.

Sin embargo, el mismo reporte también advierte que el volúmen total de agua en estas obras alcanza el 44%, donde la mayoría de los embalses en el país tienen menos agua acumulada de la que debieran. En efecto, pese a que (como ya se mencionaba) en la Región de Valparaíso Los Álamos está prácticamente lleno, la realidad es muy distinta para Peñuelas, el que está en apenas un 3% de su capacidad, mientras que en promedio los embalses de la Región de Coquimbo están en un 13%.

Escacez Hídrica © Rodrigo Sáez / Greenpeace

“Hemos tenido un comienzo de invierno muy afortunado respecto de la cantidad de agua que ha caído en la Región Metropolitana. Pero debemos recordar que la mega sequía que enfrenta el país es estructural y no se soluciona con un año donde se generen buenas reservas de agua”, aclara al respecto la geógrafa y vocera de Greenpeace, Silvana Espinosa. 

El experto en hidrología andina y glaciólogo, Dr. Alexis Caro, expresa que si bien aún podemos esperar más lluvias -pues, en un año normal, los meses más lluviosos son junio y julio, e incluso se pueden registrar importantes precipitaciones en agosto-, dos años con precipitaciones normales no tienen la capacidad para terminar con una mega sequía. 

“Si este año logra tener precipitaciones normales, serían dos años seguidos con lluvias cerca o sobre lo normal, lo que no se registra desde 2006. Pero es importante recordar que lo que se estima como un año normal es el resultado de un promedio que considera la precipitación total anual por un periodo de 30 años, en los cuales siempre hay años con menos y más precipitaciones”, explica el experto.

Espinosa profundiza en el punto y complementa: “Si miramos más allá del promedio y observamos el comportamiento de las precipitaciones o acumulación de nieve en los últimos 10 años, lo que vemos es que la tendencia es hacia una reducción en la ocurrencia de episodios de lluvia, lo que derivó en que, en lo que va del año, el gobierno ha emitido Decretos de Escasez Hídrica en 49 comunas del país, repercutiendo en más 1.600.000 personas. 

Embalse El Yeso © Greenpeace

Con todo, lo importante para los especialistas es entender que la sequía no  acaba con un año lluvioso. Considerar que estos episodios son suficientes para revertir esta situación, es sumamente perjudicial, ya que puede implicar que se relajen las medidas de cuidado en la materia. “Creer que estamos ‘salvados’ y tenemos efectivamente agua asegurada hasta 2025 (al menos en los casos de las regiones Metropolitana y de Valparaíso), podría generar una falsa sensación de tranquilidad que posibilite, por ejemplo, que sigamos rellenando humedales, permitiendo la explotación minera cerca de glaciares o entregando más derechos de agua de los que los territorios pueden aguantar.

Lo cierto es que dos regiones del país han tenido la fortuna de poder rellenar sus embalses en un mes, pero la gran parte del país está muy bajo la capacidad y esto sumado al fenómeno de La Niña, y su característica principal que tiende a una disminución de las lluvias, están a la vuelta de la esquina, por lo que debemos ser más responsables y cautelosos”, advierte la vocera de Greenpeace.

Espinosa añade que uno de los objetivos de la campaña que Greenpeace Chile está empujando por estos días, “Subamos la voz, bajemos Los Bronces”, precisamente radica en aquello: proteger de forma más determinada las reservas de agua de la capital. 

Laguna Aculeo © Roberto Roa / Greenpeace

“En sus estudios de impacto ambiental para la ampliación de la mina (proyecto conocido como Los Bronces Integrado), la compañía fue muy laxa al analizar cómo su operación podría afectar el ecosistema y la naturaleza de la zona de operación y de toda la región. Ejemplo de ello es que declararon como impactos no significativos sus posibles afectaciones a glaciares y flujos de agua superficiales y subterráneos, utilizando para ello modelos que no sólo son poco precisos, sino que derechamente presentan inconsistencias metodológicas claras”, acusa la geógrafa, y agrega que, en el caso de la subcuenca Estero Yerba Loca, estos reportes no incluyeron el análisis integrado de los procesos y posibles impactos indirectos que la actividad minera podría provocar en el lugar.

Sobrevuelo Los Bronces Integrados © Nicole Kramm Caifal / Greenpeace

“Creemos que esta falta de análisis integral es un acto premeditado, que imposibilita conocer el impacto real de una actividad antrópica sobre un entorno natural. Ejemplo de ello es la caracterización que realizan en estos informes de los glaciares, en su contenido de hielo y los aspectos que evidencian su dinámica de flujo, que no tienen relación con los estudios de depositación de material particulado o carbono negro en sus superficies o de las vibraciones que podrían afectar su dinámica, lo que resulta catastrófico para la preservación de sus masas de hielo, que son nuestras reservas de agua para el futuro. A mi parecer, estas acciones buscan desinformar a la autoridad y las comunidades, en pro del beneficio de unos pocos”, comenta Espinosa.



Los Bronces

El proyecto minero Los Bronces Integrado pone en riesgo las reservas de agua de toda la Región. Dile ¡No!


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Author: Prensa Chile