Archive for Sustentabilidad

5 formas en las que puedes ayudar a salvar al planeta

La actriz Jane Fonda es una leyenda de la época dorada del cine estadounidense quien además, desde hace décadas, es conocida por su compromiso con la defensa de nuestro planeta. 

¡Jane Fonda está de regreso en las calles con “Fire Drill Fridays” para una manifestación en persona en DC!

Días atrás, en un evento, le preguntaron a Fonda qué mensaje quiere dar a las nuevas generaciones en este contexto de crisis climática. Su respuesta, basada en una frase de la activista sueca Greta Thunberg fue: “Todos están buscando la esperanza. Para encontrarla hay que buscar ponerse en acción, una vez que activas, la esperanza vendrá.  Vayan a la acción: conviértanse en activistas, únete a una organización, lucha.”

Tomando sus palabras,pensamos en compartirte estas 5 acciones que podés poner en práctica para multiplicar la esperanza y cuidar a nuestro planeta al mismo tiempo.

Launch of Shoppers Revolt in Supermarkets across UK. © John Cobb / Greenpeace
Reino Unido
Fridays for Future - Global Student Strike in Prague. © Petr Zewlakk Vrabec / Greenpeace
Praga, República Checa

Poner en práctica estas ideas hará que la esperanza se multiplique y que el futuro más verde, justo y feliz que soñamos esté un paso más cerca de transformarse en realidad.

1. RESTAURAR LOS ECOSISTEMAS QUE NOS SUSTENTAN

Parte de la triple crisis planetaria que atravesamos afecta en especial a la biodiversidad. Ecosistemas enteros con la vida silvestre (animales, insectos, plantas) que habita en ellos están en jaque por un clima cada vez más caliente, por el avance de la frontera agropecuaria y por la presión de los proyectos inmobiliarios.
Algunas maneras de ser parte de acciones de regeneración son sumarte a plantaciones de árboles o unirte a grupos de cercanía que recuperen la flora local, así como apoyar y colaborar con organizaciones que rehabiliten a la fauna autóctona para luego reinsertarla en sus hábitats.  
Así como también una buena forma de accionar es sumar tu firma y difundir las campañas que evitan que se destruyan los ecosistemas como las que realizamos desde Greenpeace para exigir que la Laguna de Aculeo sea declarada humedal urbano y proteger las especies y los glaciares de la expansión del proyecto minero Los Bronces Integrado.

TÚ PUEDES AYUDAR A PROTEGER EL HUMEDAL

2. DAR BATALLA A LA CONTAMINACIÓN POR PLÁSTICO

Este es uno de los puntos de los que siempre hablamos porque es un problema que sólo seguirá creciendo año a año si no tomamos cartas en el asunto. En este sentido, cada decisión cuenta:
?Rechazar objetos de un solo uso (como bolsas, cubiertos, vasos, botellas, etc.) 
?Reutilizar lo que ya tengas para estirar la vida útil y evitar generar basura
?Separar los residuos en origen y asegurarte de dejarlos para reciclar
?Pedir por más y mejores políticas que regulen la producción de plástico y potencien su reciclaje. 

3. ALZAR LA VOZ POR EL CAMBIO CLIMÁTICO

Se necesita acción urgente ahora para combatir la emergencia climática y salvaguardar a nuestro planeta. Por eso, no dudes en participar en marchas y campañas para impulsar aquellas causas climáticas y ambientales en las que crees.
Tanto en la calle como a través de convocatorias virtuales, sigamos exigiendo a gobiernos y empresas que se comprometan a implementar políticas efectivas de manera urgente. De lo que hagamos hoy depende la calidad de vida que tengamos en el futuro.

4. PEDIR POR EL DERECHO A RESPIRAR AIRE LIMPIO Y SEGURO

En 2023 casi la mayoría de los países del mundo no lograron cumplir con el estándar de calidad mínima del aire, según informó IQAir, una organización suiza de calidad del aire que recopila datos de más de 30.000 estaciones de monitoreo a nivel global. En este contexto no es de extrañar que este mal moderno genere alrededor de 7 millones de muertes al año. 
Por esta razón, abogar por políticas públicas de aire más limpio es proteger la salud de las personas y el ambiente.

Tu ayuda es fundamental para frenar la expansión del proyecto minero que amenaza el aire, el agua y los glaciares de toda la ciudad de Santiago.
Súmate a las más de 40.000 personas que ya dijeron NO al avance del proyecto minero. ¡Subamos la voz! Bajemos Los Bronces. 

FIRMA AQUÍ

5. PLANTAR ÁRBOLES DE ESPECIES NATIVAS Y AYUDARLOS A CRECER

En un planeta que pierde cobertura vegetal a pasos agigantados, cada árbol es un aliado central para la vida. Debemos proteger a cada espécimen existente, evitando talas ilegales, extracciones sin motivo y malas podas.  
No hay que olvidar que en cada ola de calor, la copa de un árbol saludable ayuda a bajar varios grados la temperatura y a hacer más llevaderos esos días agobiantes. Además de limpiar el aire, fijar el carbono, ser hogar para las aves y tantos beneficios más.
Al mismo tiempo, cuando se realizan plantaciones, se debe cuidar de elegir especies nativas (que crecerán mejor utilizando menos recursos y serán más resistentes al calentamiento de las urbes), de elegir el lugar más apropiado para la plantación y de hacerlo en el momento indicado para favorecer que prospere. En este sentido, también es importante acompañarlos en su crecimiento para que el árbol no quede dejado a su suerte y muera. Sólo así se logrará fortalecer la biodiversidad de manera sólida.

Poner en práctica estas ideas hará que la esperanza se multiplique y que el futuro más verde, justo y feliz que soñamos esté un paso más cerca de transformarse en realidad.



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Author: Meri Castro

El Estado “exiliado” y el dilema del crecimiento infinito

Por Estefanía González, subdirectora de Campañas, Greenpeace 

A menudo en Chile (y seguramente, en el resto del mundo) oímos hablar de crecimiento económico. Este cliché de todas las conversaciones económicas, políticas y sociales, que se refiere a la necesidad constante de aumentar la producción y el consumo en una nación con la promesa de una mejor calidad y estándar de vida, que ha probado -una y otra vez- no ser del todo cierto.

En un país como el nuestro, donde la base económica está puesta en la extracción de recursos (minería, agricultura, sector forestal, salmonicultura, etc), el crecimiento económico ha implicado, históricamente, la degradación de los territorios y la creación de zonas de sacrificio, profundizando problemas graves como la inequidad y la desigual distribución de cargas y beneficios ambientales.

Campamento de Defensa Forestal en Indonesia Papua © Jurnasyanto Sukarno / Greenpeace

En noviembre del año pasado, desde Greenpeace Internacional, publicamos un informe elaborado por académicos, organizaciones y activistas de todo el mundo, llamado ‘Cultivando las alternativas: sociedades para un futuro más allá del PIB’ (en inglés, Growing the Alternatives: Societies for a Future Beyond GDP), que explora alternativas políticas, escenarios económicos y opciones de cara al mercado, a la vez que revisa ejemplos existentes que funcionan bien, marcando el camino para los futuros que se pueden construir sin destruir comunidades y naturaleza en el trayecto.

Como ya adelantaba, la sobreexplotación de recursos no se traduce como algo positivo para toda la sociedad; de hecho, en este reporte los expertos dan cuenta, por ejemplo, del mito que ha significado considerar la acumulación económica de las élites como algo positivo para el conjunto de la sociedad, ya que ese dinero no “drena” hacia el resto, como se pretende hacer creer, sino que se perpetúa en los mismos grupos de poder. Sin ir más lejos, un estudio de Oxfam de 2017, determinó que el 82% del crecimiento de la riqueza mundial fue a parar a manos del 1% más rico, mientras que, en el caso de Chile, un estudio de Cepal en 2022 determinó que el patrimonio de las nueve familias más ricas del país equivale al 16,1% del PIB de la nación, la concentración más alta de la riqueza en América Latina.

Prato, distrito textil de Italia, se compromete a desintoxicarse © Andrea Guermani / Greenpeace

Para revertir ese camino de destrucción global y enriquecimiento de unos pocos, los analistas convocados en este informe propusieron que los sistemas económicos y la sociedad en su conjunto prioricen cinco ítemes:

1) las personas y el planeta (por encima del crecimiento y la ganancia)

2) distribución equitativa del poder y la riqueza

3) bienestar en el centro

4) inclusión, justicia y diversidad, y, por último,

5) resiliencia y comunidades. 

Para que eso efectivamente suceda, los gobiernos deben promover y fomentar la transparencia y la confianza en la información; una democracia real y altamente participativa; los principios de cooperación, ayuda mutua y beneficio colectivo, y, por último, un accountability real para que todo lo anterior ocurra.

Sin embargo, al escuchar las discusiones políticas y económicas y su argumentación influenciada por el mito del éxito colectivo de nuestro modelo económico, tristemente nos damos cuenta de que estamos lejos de replantearnos el fracaso del modelo vigente y la posibilidad de construir todos (la ciudadanía, el Estado y el sector privado) uno que responda a las necesidades de la sociedad de hoy, y que tome en cuenta el desafiante momento actual de la naturaleza: caracterizado por una triple crisis planetaria interconectada (climática, de biodiversidad y contaminación) cuyas consecuencias nos están afectando a diario. 

Cuando vemos que un aumento de un 2% o 4% anual en tal o cual industria es considerado un fracaso del gobierno de turno, o apuntado como la evidencia absoluta de la ralentización económica, pareciera que el sector privado olvida que los recursos sobre la tierra son limitados y que pensar en un crecimiento infinito es un sinsentido desde el punto de vista práctico. Y, peor aún, cuando vemos que un gobierno que se hizo llamar ecologista “recoge el guante” e idea soluciones a medida para la degradación medioambiental, nos alejamos aún más de encontrar una alternativa que se haga cargo de la crisis climática y ecológica que atravesamos, que afecta directamente nuestro bienestar e, incluso, a nuestras economías.

En su ensayo ‘Crítica de la economía política del desarrollo y del crecimiento’, el economista francés Alain Mounier concluyó que la mencionada teoría económica suele olvidar las cuestiones sociales de tal forma que tiende a subordinar lo social a lo económico Esta situación nos impone un “estado exiliado”, que ha abandonado su rol de resguardo del bien común, poniendo en riesgo además, la salud de los ecosistemas de los que depende nuestra propia sobrevivencia.

Como sociedad nos urge una visión país que nos muestre la posibilidad de mejorar la calidad de vida de las personas y los territorios sin comprender a la naturaleza como un mero depositario de recursos a explotar para el beneficio de unos pocos. Debemos recordar que es la economía la que debe estar al servicio de las personas, y no al revés. No es posible que en nombre del crecimiento económico debamos aceptar la pérdida de biodiversidad, contaminación, extinción de especies y el deterioro de los lugares que habitamos. Es de esperar que pronto el Estado y sus administradores retornen de ese ostracismo y se permitan el rol que les corresponde: guiarnos de manera eficiente y acorde a nuestros tiempos, sin sacrificar al planeta, a las personas, ni a nuestro futuro.

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Author: Prensa Chile

6 razones por las que comprar moda rápida no es una buena idea

En la era del consumo rápido y la novedad constante, la industria de la moda se adaptó y creó su propia versión: el fast fashion. En pocos años, esta forma de vestirse por precios irrisorios y renovándose casi mes a mes ha ganado terreno de manera exponencial. 

Residuos textiles cerca del mercado de Gikomba en Nairobi. Viola Wohlgemuth, activista de Greenpeace Alemania, en el lugar.

Sin embargo, detrás de las tendencias fugaces y los precios tentadores se esconde un oscuro panorama que merece nuestra atención. En esta nota, exploraremos seis motivos para reconsiderar tus hábitos de compra y optar por alternativas más sostenibles y éticas.

1. Los productos del fast fashion pueden tener efectos adversos  para tu salud

“La producción de moda rápida, básicamente toda la ropa que se produce y vende de forma masiva a nivel global, depende de fibras sintéticas y de la industria química. Los diversos agentes tóxicos potencialmente presentes en las prendas que vestimos van desde herbicidas y pesticidas a solventes, emulsionantes, fijadores, retardantes de fuego, entre tantos otros”, señalan desde el movimiento Fashion Revolution.  

En definitiva, por cada kilo de ropa se utilizan entre uno a cinco kilos de químicos diferentes, muchos de ellos aplicados para mejorar el desempeño de las fibras y prendas. Elementos que, de una u otra manera, terminan en contacto con nuestra piel y pueden generar distintos efectos.

Sin ir más lejos, Greenpeace España denunció el año pasado que, a pesar de que existen normativas que prohíben el uso de estos químicos en Europa, existen marcas como Shein que los utilizan igual.  El estudio encontró en la ropa que vende sustancias tóxicas -como cadmio, mercurio, ftalatos- que actúan como disruptores endocrinos o provocan alergias. 

Es decir que, lo que se ahorra en el precio que abonas no sólo le sale muy caro al planeta sino que puede ser peligroso también para tu propia salud.

Para acompañar el lanzamiento del informe “Hilos tóxicos: Poniendo la contaminación en desfile”, se ha producido una serie de impactantes imágenes para resaltar la verdad tóxica que se esconde detrás del glamour de la industria de la moda.

2. Es responsable de gran parte de los gases que calientan al planeta

La industria contribuye al 10% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero sólo teniendo en cuenta la etapa de producción (es decir, fabricar la fibra, preparar el hilo, teñir y terminar detalles.) 

Si además sumamos la huella que genera transportar la mercadería, su incidencia aumenta todavía más pues hay que añadir 16 millones de toneladas de CO2 que llegan a la atmósfera.

3. Contamina los mares

Como mencionamos en el punto 2, la mayor parte del material que utiliza la moda rápida para sus prendas son fibras sintéticas como, por ejemplo, el poliéster. De este total, 64% provienen de combustibles fósiles como el petróleo que, en cada lavado, desprende microplásticos.

Esos milimétricos residuos que genera la ropa sintética durante la fricción del lavado llegan a través de las aguas residuales a ríos y mares, agravando la contaminación plástica que ya es un enorme problema mundial.

4. Las condiciones de trabajo que ofrece el fast fashion agudizan la desigualdad social

Es sabido que las empresas de esta industria abaratan sus costos en base a contratar a trabajadores y trabajadoras por bajos sueldos y en condiciones que están lejos de ser ideales.

Sólo por mencionar un ejemplo, en Bangladesh la industria textil (que abastece a marcas, entre otras) emplea a 4,5 millones de personas, en su mayoría mujeres. Sin embargo, nueve de cada diez trabajadoras no costear alimentos suficientes para ellas y sus familias.

5. Es fuente constante de “basura” para el planeta

Esta industria está pensada para que uses unas pocas veces cada remera o pantalón y los deseches rápido, de manera que siempre estés comprando cosas nuevas. Para lograr esto, han pasado de ofrecer dos temporadas -las clásicas primavera/verano, otoño/invierno- a sacar 50 micro temporadas por año.

De esta manera, incentivan el “compre y tire” acelerando los ciclos al punto que las propias marcas se deshacen de sus colecciones o bien tiran las devoluciones, completamente nuevas. ¿El resultado? Montañas de basura que contaminan el aire y las aguas subterráneas, desde el desierto de Atacama a países como Ghana.

A lo que hay que sumar las prendas que desechan los mismos compradores porque se han roto o sólo han dejado de estar en tendencia y el rol nulo que tiene el reciclaje de textiles en el mundo.

6. Hace un uso excesivo y negligente del agua -y éste es un recurso que escasea cada vez más-

No es ningún secreto que son miles los litros de agua que se requieren para la confección de una camiseta de algodón o un pantalón de jean, considerando desde la producción de la fibra hasta el teñido y el acabado. 

Al mismo tiempo, las aguas residuales de la industria llegan a los ríos y arroyos y las contaminan con los productos químicos que se utilizan para teñir o estampar.  

Este impacto enorme sobre este bien común que es de por sí escaso es otro motivo para pensar dos veces antes de comprar ropa que, encima, usarás poco y terminará en la basura pronto.

Con todo esto no queremos quitarle la diversión al momento de crear tu outfit y mostrar tu personalidad a través de cómo vistes. 

Greenpeace y GEOlino organizan una fiesta de intercambio de ropa para niños, para hacer una declaración conjunta contra la industria del fast fashion. Bajo el lema “Chaqueta por pantalón”, el 1 de julio de 2023.

Por el contrario, se trata de explorar todas las formas que existen de encontrar la indumentaria (tiendas de usado, intercambio con amistades, marcas éticas, etc.) que mejor expresa tu singularidad mientras cuidas al planeta.



¡Súmate!

Sé parte de la organización que cuida al planeta.


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Author: Meri Castro

5 productos de uso cotidiano que no sabías que no se pueden reciclar

La regla de las 3R propone un orden sobre cómo tratar los residuos. Como seguro habrás escuchado, empieza por Reducir, sigue por Reutilizar y, sólo a lo último, habla de Reciclar. Pero, ¿por qué es así? 

Porque el proceso de reciclaje es mucho más complejo de lo que sospechamos y, por eso, no todos los productos que están en el mercado pueden recuperarse y reinsertarse como materia prima. 

Te contamos algunos ejemplos de productos que están en nuestras vidas que no se puede reciclar – y aún así nos los siguen vendiendo-:

1. Pañales, compresas y tampones

Estos productos que desde hace algunas décadas facilitan la vida de muchas personas están en  gran parte hechos de distintos tipos de plásticos (como por ejemplo, polietileno, polipropileno y politereftalato de etileno, entre otros.)

Al ser desechables, las cantidades que se usan y desechan son enormes. Sin embargo, no son reciclables.

Por suerte, existen opciones para evitar las de usar y tirar. La copa menstrual, las toallas reutilizables para la gestión de la menstruación  o la ropa interior  diseñada para usar durante el período menstrual-cada vez son más usadas. Así como los pañales de tela -en versiones lindas, resistentes y prácticas- también son cada vez más elegidos por madres y padres.

2. Tetrapacks

Este tipo de envases está hecho de la mezcla de cartón, plástico polietileno y aluminio. Esta combinación que los hace óptimos para conservar alimentos líquidos y refrigerados, es lo que los hace casi imposibles de reciclar.

Sólo puede ser reciclado al 100% en plantas que cuentan con la tecnología necesaria, que también es más costosa, por este motivo no es tan común que se los procese. 

Elegir otro tipo de envases que sabemos son más fáciles de reciclar.

3. Chicles

Al estar hechos de goma, y al estar compuestos de un tipo de goma que le da elasticidad, el  proceso de degradación es muy complejo. De hecho, tarda mínimo cinco años en degradarse por completo. 

Lo ideal es tirarlo en la basura común y, si se puede, elegir alguna otra golosina (o si es por saciar el deseo de algo dulce, una rica fruta de estación).

4. Medicamentos

Se habla muy poco de los residuos que generan los medicamentos vencidos. Pero hay que decir que son bioacumulables y ecotóxicos, lo que significa que se acumulan en el tejido de los diferentes seres vivos, en el ambiente y modifican los ecosistemas.

Por eso no hay que eliminarlos a través del desagüe porque contaminan la flora y fauna de nuestros ríos y océanos. 

Presta atención por si hay farmacias o puntos limpios que los reciban para acercarlos y desecharlos de una manera adecuada. Y exige a las autoridades que generen legislación para gestionar estos medicamentos de manera responsable.

5. Encendedores desechables

Los últimos objetos de la lista son los encendedores plásticos. Si bien tiene componentes reciclables, pero por su composición los encendedores en su conjunto no son recuperados. 

Desde ya, desde el lado de los y las consumidoras podemos aplicar el consumo responsable pero se necesita que empresas y gobiernos hagan su parte.

Fuente: National Geographic

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Author: Meri Castro

¿Qué son las islas de calor urbanas y qué hacer para evitar que se generen?

En especial durante los veranos, hay días tan calurosos que todos rogamos que llegue la noche para que tengamos un poco de alivio. Pero el sol cae y la ciudad continúa siendo de fuego. Abrimos las ventanas pero el aire no se mueve. Así, hasta querer dormir termina siendo una misión imposible. 

Los activistas protestan por las insuficientes políticas climáticas en Austria y a nivel internacional.
La instalación en llamas es una llamada de atención para salvar el Amazonas y es un símbolo de uno de los veranos más calurosos de la historia.

¿Te suena esta escena? Si has vivido algo similar en tu ciudad, queremos decirte que entonces sentiste de cerca los efectos de la isla de calor

Tal es el nombre que recibe la consecuencia por el cual áreas urbanas experimentan temperaturas significativamente más altas que las rurales. Detrás de este fenómeno está la planificación de la ciudad: concentración de edificios, pavimento y falta de vegetación.

Greenpeace Seúl junto con jóvenes activistas realizan una actuación en las calles populares de Sinchon, Seúl, colocando carteles con “Esperanza”, “1,5 grados” e imágenes de personas tomadas con una cámara térmica.

¿Qué es el efecto isla de calor y por qué surge? 

En 1817 Luke Howard descubrió la existencia de este fenómeno por primera vez. 

Recién para 1958 surgió el concepto “isla de calor urbana” -tal como lo conocemos hoy- de la mano del climatólogo inglés Gordon Manley. Cuando el científico relacionó la reducción de las precipitaciones de nieve en las ciudades de su país con el aumento de las temperaturas en los ámbitos urbanos. 

Desde entonces, se comprobó que al crecer la infraestructura urbana (desde edificios hasta calles y autopistas) cambian las propiedades térmicas y reflectivas, lo que afecta al microclima local. Es entonces que esas zonas se vuelven más propensas a retener el calor.

Esto se debe en parte a que los materiales de construcción utilizados en las urbes, que generalmente son oscuros, absorben más energía del sol. Con una dispersión más lenta de la radiación solar, hay más chances de que se generen las islas de calor. 

Paisaje urbano de Busan.
Paisaje urbano de Bogotá.

Otro factor que contribuye a su ocurrencia es que vivimos en ciudades que están cada vez  más densamente construidas. Y así, esta dinámica que ya es lenta de por sí hace que el aire caliente se mantenga por varias horas en este tipo de colonias. 

A su vez la ubicación geográfica de una ciudad, las variables del clima local y la intensidad de cambios estacionales también afectan su formación. 

Por último, hay una vinculación cercana con el cambio climático porque a medida que las temperaturas globales aumentan, las ciudades experimentan un calentamiento adicional.

Debido a la crisis climática, los veranos en Viena son cada año más calurosos. La ciudad se convierte en una isla de calor urbana, donde no refresca por las noches ya que el hormigón mantiene el calor atrapado. Muchos ciudadanos luchan contra el calor, que cada año provoca graves problemas de salud y de sueño. En 2018, 766 personas murieron en Austria debido a las olas de calor.

Por todo esto, no hay que subestimar lo que genera el efecto isla de calor. No se trata sólo de restar confort a quienes habitan las ciudades sino que la salud de las personas se ve en riesgo real a causa del estrés térmico, golpes de calor y problemas respiratorios que puede generar. 

Pero las complicaciones que traen no terminan ahí. Pues también contribuyen a la mala calidad del aire al aumentar la formación de contaminantes atmosféricos. 

¿Qué soluciones existen frente al efecto isla de calor? 

Para que las ciudades puedan “refrescarse” hay que empezar por exigir a los gobiernos que tomen medidas como sumar espacios verdes (o ampliar los existentes), plantar más árboles (y cuidar mucho a los que ya tenemos)

Ciudades como París ya tomaron la posta en este sentido plantando 25.000 árboles donde antes había asfalto, con la meta puesta en crear 300 hectáreas adicionales de áreas verdes de aquí a 2040.

Considerando que en nuestro país, sólo 5,7% de la población en el gran Santiago acceden al porcentaje de área verde recomendada por habitante según el Consejo Nacional de Desarrollo Urbano -10 m2 por persona-, podemos decir que hay mucho trabajo por hacer en este sentido. 

Sin ir más lejos, está comprobado que las urbes donde hay cuerpos de agua y parques no se padecen temperaturas tan altas a lo largo del año.

Otra solución posible es crear un plan que permita aplicar a la brevedad la tecnología de las cubiertas verdes, que tiene el potencial de ayudar a mitigar el efecto isla de calor urbana. 

Se trata de un sistema de ingeniería que permite el crecimiento de vegetación en la parte superior de los edificios (techos o azoteas), manteniendo protegida su estructura. Al igual que en otras áreas verdes, la vegetación que crece sobre una cubierta da sombra a las superficies y remueve calor del aire por evapotranspiración. 

En definitiva, lo importante es prestar atención a este fenómeno que es habitual en muchas urbes del planeta para poder implementar medidas concretas a tiempo. 



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Author: Meri Castro