El director de Campañas de Greenpeace Chile, Matías Asun, comparte el balance de la organización respecto a los 30 años de la institucionalidad ambiental en nuestro país. Destaca mejoras en el sistema, pero también detecta falencias en el cumplimiento de los objetivos de protección ambiental.
En marzo de 1994 se presentó en Chile la Ley sobre Bases Generales de Medio Ambiente (Ley 19.300), que dio origen a una nueva fase dentro de la política pública del país: la institucionalidad ambiental. Y para celebrar este hito, este jueves 28 de marzo el Ministerio de Medio Ambiente preparó un conversatorio con diferentes actores involucrados en la historia de este proceso, entre los que estuvo Greenpeace. Finalizada la ceremonia, la organización ambiental comparte su propio balance sobre lo que se ha hecho bien y lo que falta por avanzar en esta materia.
“Es evidente que como país hemos avanzado muchísimo en materia de estándares ambientales y estructura de la institucionalidad ambiental, sin embargo la cuestión de fondo sigue siendo la misma. ¿Protegemos lo suficiente el medio ambiente? Y la respuesta es evidente para todos: queda mucho por hacer. Y todas las reformas que hoy se discuten en el país, especialmente sobre permisos ambientales y burocracia, deben tener como máxima el cuidado de la naturaleza, que es el único patrimonio de todos nosotros como nación”, reflexiona Matías Asun, director de Campañas de Greenpeace.
Lo bueno: organización intersectorial y el acceso a la información
Para empezar, Matías Asun, destaca el aporte de un marco general al cuerpo legal que protege al medio ambiente. “Hasta esa fecha, los problemas se resolvían sectorialmente, lo que generaba decisiones contradictorias en la autoridad. Esto, a su vez, derivó en que los conflictos terminaban, con frecuencia, en la Corte. Lo que tenía saturado al sistema judicial”, recuerda Matías Asun, director de Campañas de Greenpeace Chile. “De ahí, que uno de los principales objetivos de esta legislación fue abordar los impactos que estaban teniendo diferentes proyectos productivos”, agrega como primer análisis.
Este punto, además, se vio reforzado con la creación posterior de los Tribunales Ambientales y la Superintendencia del Medio Ambiente, “de los que se valora que existan como herramienta jurídica. Aunque, sigue pasando que las comunidades tienen que ir a los tribunales ordinarios a presentar sus recursos de protección, porque se sienten vulnerados en sus principios constitucionales, por ejemplo, de vivir en un ambiente libre de contaminación, y no encuentran un espacio de respuesta en la justicia especializada”, advierte.
El vocero de la organización ambientalista también valora que, con esta nueva institucionalidad, mejoró el acceso a la información, puesto que ahora la información sobre proyectos que se han sometido a procesos ambientales está disponible de manera digital a través de plataformas públicas.
Por mejorar: modernizar los procesos del SEA y llevar el foco hacia el medio ambiente
Por mejorar, a juicio del representante de Greenpeace, está el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA), que requiere actualizar sus procesos al contexto y necesidades actuales. “Un estudio de la U. Diego Portales, detectó que el 75% de las solicitudes que ingresan al sistema son aprobadas, lo que muestra un sesgo favorable en avanzar con proyectos, muchas veces en desmedro del cuidado de los ecosistemas y las comunidades. Hay proyectos con múltiples impactos ambientales inaceptables, que igualmente son aprobados”, afirma el vocero de la fundación ambientalista.
Para Asun, cuando se presentó esta institucionalidad, el contexto era diferente, sin los niveles de degradación y crisis climática y ecológica que nos afectan en la actualidad. “Estamos de acuerdo en que nuestra institucionalidad debe ser modernizada, pero creemos que las modificaciones a la ley, más que apurar procesos para aprobar proyectos -idea que instaló el debate sobre permisología-, deberían elevar estándares y apuntar al cuidado de nuestros bienes comunes naturales y nuestras personas. Hoy es necesario comprender, que ningún tipo de desarrollo será posible a costa de la naturaleza, sino que nuestra sobrevivencia depende su protección”, agrega.
La autoridad ambiental se reunió junto a vecinos de Aculeo y representantes de Greenpeace, para escuchar los argumentos que sustentan esta petición.
La campaña www.aculeohumedal.cl ya cuenta con más de 23 mil firmas y sigue invitando a la ciudadanía a sumarse a esta iniciativa.
Abril 2024. La campaña por declarar la Laguna de Aculeo como humedal urbano sigue activa y sumando apoyo masivo. En términos concretos, la plataforma que habilitó Greenpeace para recolectar firmas en apoyo a esta demanda, el sitio web www.aculeohumedal.cl, suma más de 23 mil firmas, a poco más de un mes de su estreno. En este contexto, desde el ministerio de Medio Ambiente accedieron a reunirse con vecinos de Aculeo, representantes del mundo científico, y representantes de la organización ambiental, que llevan adelante esta petición.
Entre los asistentes estuvieron la ministra de la cartera, Maisa Rojas; Carolina Silva, socia fundadora de la Red de Observadores de Aves y vida Silvestre de Chile (ROC) y vecina de Aculeo; el académico de Colorado School of Mines y miembro del Programa Hidrológico Intergubernamental de Unesco, Pablo Gracia Chevesich y desde Greenpeace, Silvana Espinosa, vocera y especialista en agua y Estefanía González, subdirectora de Campañas.
Entre los temas que se abordaron en el encuentro estuvieron: exponer la situación ambiental de la Laguna de Aculeo; el historial de su tramitación, que se ha solicitado en tres ocasiones por el municipio de Paine, y la urgente necesidad de dotar de herramientas de protección a este tipo de ecosistema para fortalecer su preservación, del cual dependen personas y especies. Desde el ministerio, en tanto, aseguraron que el estudio de esta solicitud ciudadana se encuentra como segunda prioridad dentro de las tramitaciones de humedales urbanos a nivel regional.
“Estoy muy contenta porque efectivamente la urgencia de declarar humedal urbano está siendo escuchada por el Ministerio así que quedamos a la espera de poder tener una declaratoria prontamente”, señaló Carolina Silva, terminada la reunión.
Por su parte, el hidrólogo de la Unesco, Pablo García Chevesich, enfatizó que “nos preocupa la lentitud del proceso. Tenemos todos los antecedentes científicos y técnicos para realizar esta declaración lo más pronto posible”.
Esta condición climática podría agravar la crisis hídrica que atraviesa el país. De ahí, que para Greenpeace resulta urgente “que las autoridades y la población en general adoptemos medidas para cuidar el agua que tenemos”, dice Silvana Espinosa, vocera de la organización.
Este martes 26 es el Día Mundial del Clima y no podemos desconocer que el mundo está viviendo una crisis climática sin precedentes y en Chile, una de sus manifestaciones más clara es la crisis hídrica. Este invierno, además, se avizora más crítico en comparación con el año pasado. ¿La causa? la falta de lluvias provocada por el fenómeno de La Niña.
“La Niña es parte del ciclo climático natural del planeta y su principal característica es que reduce la temperatura del agua del Océano Pacífico por debajo de su promedio. Esto, a su vez, deriva a una menor ocurrencia de lluvias y en una baja en la temperatura ambiente en general”, cuenta Silvana Espinosa, vocera de Greenpeace. “Y dado el contexto actual, que llueva menos, solo agrava la crisis hídrica que atraviesa nuestro país”, concluye la especialista.
Como ejemplo, para este año, desde el Centro de Investigación y Transferencia en Riego y Agroclimatología de la Universidad de Talca, proyectan que en la Región del Maule caerán entre 250 y 300 milímetros de lluvia, en comparación a los 700 mm que caen en una temporada normal.
“El clima se vincula directamente con los ciclos hidrológicos, por lo que tiene un efecto en la disponibilidad de agua. En el caso de La Niña, que trae menos lluvias, supone impactos que nos invitan a revisar la forma en la que nos relacionamos con el agua, enfatizando en su cuidado y entendiendo que es un elemento escaso en nuestro país. De ahí que resulta urgente que las autoridades y la población en general adoptemos medidas para protegerlo”, reflexiona la vocera de Greenpeace.
El año pasado las lluvias fueron generosas, lo que logró que cauces que se encontraban secos recuperaran parte de su caudal, como fue el caso de la Laguna de Aculeo, una zona fuertemente intervenida por desvíos y explotación de aguas subterráneas. Sin embargo, ese nivel de precipitaciones podría no repetirse esta temporada. “Esto nos deja, nuevamente, en una condición de riesgo hídrico”, agrega Espinosa. De ahí, que el llamado de la organización sea a generar acciones para la protección del recurso. “Para empezar, Chile requiere urgente un cambio en el modelo de gestión del agua. El 16,8% de las comunas del país se encuentra bajo decretos de escasez hídrica, que a febrero de 2024 afectaba al 9% de la población. Esto es equivalente a 58 comunas y más de 1.500.000 de personas. Y según Fundación Chile, el 44% de esta escasez se debe a la ineficiente gestión y gobernanza hídrica. Si no se hace algo pronto, ese panorama podría agravarse”, ejemplifica.
En cuánto a las personas, Espinosa explica que su aporte se relaciona con el cuidado de la naturaleza y nuestra biodiversidad. “Una evidencia del estrecho vínculo entre clima y agua nos lo otorgan los humedales. Éstos funcionan como reguladores climáticos que además de ser reservorios de agua, dependen de ésta para su existencia, al igual que todas las especies presentes en ellos. De ahí, que sea nuestro deber exigir a las autoridades su protección, adhiriendo a actividades de preservación, mejorando nuestra educación ambiental y usando las herramientas jurídicas que nuestro sistema nos otorga para generar presión sobre su conservación”, asegura.
En este sentido, Espinosa destaca que Greenpeace está llevando a cabo la campaña “Aculeo Humedal”, que busca que se declare humedal urbano a esta laguna. “Este es un ejemplo de que comunidades, municipios y la población en general, se pueden poner de acuerdo para exigir a la autoridad central que se pronuncie sobre el cuidado de nuestra naturaleza”, sentencia. Para sumarte a esta iniciativa, puedes firmar en www.aculeohumedal.
Este 21 de marzo se celebra el Día Internacional de los Bosques, fecha que busca generar conciencia de la importancia de estos ecosistemas en la vida de las personas y los esfuerzos que las sociedades deben emprender para protegerlos.
En 2012, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 21 de marzo como Día Internacional de los Bosques, con el objetivo de resaltar su importancia para la humanidad, a la vez que se genera conciencia respecto de ellos y su valor. Chile, en su larga y diversa morfología, tiene la fortuna de contar con distintos tipos de bosques, los que son hábitat de una gran cantidad de especies, contribuyendo profundamente a la calidad de vida de todas las personas y especies que habitan en torno a ellos.
Dominique Charlin, vocera de Greenpeace, reflexiona sobre la importancia de este tipo de conmemoraciones, en un contexto de crisis climática agravada por la enorme velocidad de deforestación -ya sea por decisiones ‘productivas’ o por incendios- en el planeta: “Este año, el llamado de la ONU es a innovar y utilizar los avances tecnológicos en la protección de estos ecosistemas. Se estima que cada año se pierden del orden de 80 millones de hectáreas de bosques en el mundo, lo que no sólo es grave por la pérdida de esa biodiversidad, sino también por el valor de estos complejos ecosistemas en nuestras vidas y su rol en la mitigación de los efectos de la crisis climática”, comenta la vocera de Greenpeace.
Alejandro Miranda, investigador del laboratorio de Ecología del Paisaje y Conservación del Departamento de Ciencias Forestales, de la Universidad de La Frontera, considera que los bosques nativos son parte del patrimonio natural y nacional de un país, al contribuir con funciones no sólo transaccionales (como la venta de leña o frutos que de ellos emanan), sino que también el ciclo vital de la naturaleza.
“Su importancia es apreciable bajo distintos puntos de vista: por una parte, desde su valor intrínseco como formas de vida que han evolucionado por millones de años, pero también, por sus contribuciones al funcionamiento de las sociedades, gracias a, por ejemplo, la producción de oxígeno; el acceso a agua limpia y abundante, así como por ser grandes reguladores de los ciclos hidrológicos y meteorológicos (estos ecosistemas influyen en la reducción de la erosión del suelo y la sedimentación de los canales, a la vez que favorecen la recarga del agua subterránea y contribuyen al reciclaje del agua atmosférica); también son contenedores de la mayor biodiversidad del mundo, y tienen una tremenda capacidad para almacenar carbono, entre otras funciones”, destaca Miranda.
Según el Catastro Vegetacional de Conaf al año 2021 la superficie cubierta de bosques representaba el 23,8% del territorio nacional con 18.030.735 hectáreas: de éstas el Bosque Nativo alcanzaba 14.737.486 hectáreas, lo que representaba el 81,74% de los recursos forestales del país.
“Hoy, algunas de sus grandes amenazas responden a la degradación de los bosques, pero también los incendios y la perturbación posterior a ellos”, asegura Miranda y añade que estos ecosistemas “tienen la capacidad de recuperarse después de un incendio, pero si se extrae la madera que queda después de un siniestro (el llamado ‘madereo de rescate’), eso imposibilita su recuperación”, expresa el también investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) y del Center for Fire and Socio ecosystem Resilience (FireSES), U. Austral de Chile.
Según el investigador, y considerando la enorme cantidad de incendios que cada año se enfrenta en el país, es urgente avanzar con celeridad en una legislación coherente en la materia, que busque de forma prioritaria detener la pérdida de bosque nativo y prohíba prácticas de aprovechamiento económico tras los siniestros: “La Ley de incendios que hoy se discute en el Congreso podría avanzar en esta materia, poniendo el foco en la recuperación o restauración ecológica de los bosques nativos siniestrados, y no, como ocurre con la actual política forestal, favoreciendo la degradación de áreas de alto valor de conservación”, advierte Miranda.
Principales tipos de bosques en el país
Cuando pensamos en bosques chilenos, la imaginación viaja a los bosques del sur del país, donde predomina un verde intenso y destacan grandes (muchas veces milenarios) árboles. Sin embargo, no son los únicos. Dominique Charlin observa que no existe sólo una definición para los bosques. “Es importante entender que hay distintas formas de clasificar estos ecosistemas, por lo que los parámetros para considerar una formación de árboles y arbustos como un bosque va a depender de su extensión, de su ubicación y clima, de las especies que contiene, de su altitud, de su follaje, entre tantos otros criterios”, explica Charlin.
Bosques áridos: Tamarugos. En la región de Tarapacá (a más de 1.000 msnm) se alza la Pampa del Tamarugal, un bosque de tamarugos, especie endémica y en peligro de extinción, que, pese a las adversidades climáticas de la zona, su aridez y la enorme radiación solar, logra sobrevivir gracias a las napas freáticas, que acumulan de manera subterránea las lluvias altiplánicas cada verano.
Bosque húmedo relicto en el Parque Nacional Fray Jorge. Bosque de características siempreverde (tipo valdiviano) ubicado en la región de Coquimbo, particularmente, en el cordón de cerros de la cordillera de la Costa conocido como Altos de Talinay. Se caracteriza por ser el remanente más al norte del bosque valdiviano, quedando aislado del resto del bosque templado por la desaparición de estos producto del fin del último periodo glacial.
Este ecosistema se mantiene gracias a un fenómeno climático particular, que es la condensación de la niebla costera (camanchaca), la que crea un microclima particular que mantiene las características del bosque.
Bosque esclerófilo. Este ecosistema se distribuye en Chile central dentro de una región dominada por un clima de tipo mediterráneo, el que sólo está presente en cinco áreas en el mundo (California, costa mediterránea europea, Australia, Sudáfrica y en Chile). Es caracterizado por contar con una gran diversidad de formas de vida, desde arbustos espinosos hasta especies arbóreas esclerófilas y laurifolias. Al estar flanqueado por la cordillera de los Andes al este y el océano Pacífico en el oeste, se considera una ‘isla biogeográfica’?, razón por la que presenta un elevado endemismo. Estas zonas de clima del Chile central, han sido severamente impactadas por actividades antrópicas directas, entre las que destacan las talas, incendios y el pastoreo, y otras indirectas, tales como la herbivoría generada por el conejo europeo, provocando que cambien radicalmente los ecosistemas originales “Existe mucha evidencia científica que da cuenta que en Chile, los bosques esclerófilos son uno de los que más se han visto afectados en el país y los que presentan mayor degradación y alteración de su composición y estructura original”, comenta Dominique Charlin al respecto.
Bosque templado valdiviano. Es una ecorregión caracterizada por tener bosques siempre verdes de múltiples estratos en un clima templado-lluvioso u oceánico, el único de estas características en Sudamérica. Entre las especies arbóreas que se pueden encontrar en este ecosistema, destacan los arrayanes, olivillos, alerces y coigües, entre muchos otros. También es posible encontrar fauna nativa, endémica y en distintos grados de conservación (las que van desde en peligro crítico, en extinción, vulnerable, amenazada o con un menos grado de preocupación) entre las que destacan especies como los huemules, pudú, monitos del monte, ranitas de Darwin, bandurrias y loros choroy.
Bosques de Alerces milenarios. El alerce es un árbol siempreverde endémico de los bosques templados sudamericanos, presente principalmente en Chile y en menor proporción en Argentina. Aunque alcanza una altura de hasta 45 metros, es de lento crecimiento: comienza a reproducirse (floración y esparcimiento de semillas) entre los 20 y 40 años. Es la segunda especie arbórea más longeva existente en el mundo. En Chile se le declaró “monumento natural” en 1976, para protegerlo de la tala indiscriminada y, en la actualidad, de una superficie total de 264.993 hectáreas de bosques de alerce, 47.395 se encuentran protegidas en Reservas y Parques Nacionales, lo que constituye un 17,9% de su superficie total.
“Debemos ser capaces como sociedad de proteger estos ecosistemas únicos y de enorme valor ambiental y social. La triste realidad es que debido a la acción humana e industrial, se están degradando de forma acelerada: la industria inmobiliaria con la parcelación de bosque nativo, la deforestación por agricultura, la minería con la irrupción de grandes maquinarias, la mala gestión del recurso hídrico y el sector forestal con sus monocultivos están generando un gran perjuicio a uno de los pocos reductos frente a la crisis climática”, concluye Dominique Charlin.
Marzo 2024. El 3 marzo se conmemora el Día Mundial de la Naturaleza, una fecha dedicada a destacar la importancia de la flora y fauna silvestre, y este año la organización ambientalista Greenpeace quiere destacar una de sus más valiosas características: la resiliencia ecológica. El término fue introducido por primera vez en el año 1973 por los científicos Holling y Nimmo, para identificar procesos mediante los cuales los ecosistemas se auto-mantienen, persisten y evolucionan frente a cambios y perturbaciones. “Es la capacidad de adaptación que tiene la naturaleza frente a situaciones adversas”, explica Dominique Charlin, especialista en biodiversidad de Greenpeace Andino. Y su acción se nota en la fuerza que tiene la misma por recuperar espacios que se dieron por perdidos, como ocurrió, por ejemplo, en la Laguna de Aculeo, que recuperó su espejo de agua después de 5 años de estar seca.
Siendo testigos de su resiliencia, la ONG Greenpeace está llevando a cabo la campaña “Aculeo Humedal”, para que sea declarada Humedal Urbano por el Ministerio de Medio Ambiente. “Este renacer presenta una oportunidad única para emplear la herramienta legal disponible en su protección, la Ley 21.202. Aprovechemos que este fenómeno natural nos brinda una segunda oportunidad para salvaguardar su ecosistema, crucial no solo para la población local en la comuna de Paine, sino también para toda la biodiversidad presente”, explica Silvana Espinosa, encargada de la Campaña Humedales de Greenpeace.
“Aculeo es un ecosistema que se secó por completo el año 2018 debido a diferentes factores, como los desvíos y bombeos de agua en un contexto de sequía aguda. El 2023 logró recuperarse gracias a las lluvias, experimentando el renacimiento de su espejo de agua y atrayendo de vuelta a gran parte de la fauna asociada históricamente a este humedal. Podemos cuidar lo que tenemos, y que acabamos de recuperar, mediante esta declaración de humedal urbano”, añade Dominique Charlin.
Para ello, están recolectando firmas de forma digital, para presionar a las autoridades del Ministerio de Medio Ambiente a responder pronto a la solicitud, presentada en tres oportunidades por la Municipalidad de Paine (para hacerse parte, las personas pueden ingresar al siguiente link: www.aculeohumedal.cl y firmar la petición).
La fuerza de Aculeo
“Un ecosistema con mayor biodiversidad es más resiliente, es decir, un humedal que presenta más especies y tipos de vida diferentes tiene más posibilidades de sobreponerse a situaciones adversas. Si logramos la protección de la laguna, también estaremos propiciando el retorno de las especies a Aculeo. En palabras simples, estaremos fortaleciendo su capacidad de regeneración”, añade la especialista de Greenpeace.
De ahí, que el llamado de la ONG es a recuperar la naturaleza de Aculeo, marcando un hito en la protección de los humedales y celebrando la resiliencia de la naturaleza en nuestro país. “Por esto invitamos a sumarse a esta campaña firmando la petición”, enfatiza Espinosa.
Ejemplos de naturaleza resiliente
Existen diferentes ejemplos en nuestra historia que nos muestran que, al darle espacio y tiempo a la naturaleza, ésta responde restableciendo algunas de sus condiciones propias. Un ejemplo de esto sería el bosque templado lluvioso afectado por la erupción del volcán Chaitén, en la Región de Los Lagos, ocurrida el año 2008. Luego del evento, los científicos se preguntaban si el bosque volvería a resurgir y hoy, luego de 16 años, “podemos ver el 100% del suelo cubierto por plantas de distintas especies que están rebrotando con fuerza en la zona afectada, lo que nos habla de un ecosistema sano y recuperándose”, explica Dominique Charlin, especialista en biodiversidad de la ONG ambientalista.
Otro ejemplo lo pudimos ver en distintos países durante la pandemia, en los que se volvieron a avistar cisnes por los canales de Venecia. Incluso, familias de carpinchos en Argentina y de pumas en Chile, se aventuraron a entrar a las ciudades, ya que por el confinamiento, se sintieron con la seguridad y la confianza de entrar en zonas habitadas, libres de factores perturbadores para su supervivencia, como la contaminación acústica o la acción humana. “Frente a la disminución de nuestras intervenciones, la naturaleza se regenera a su ritmo y nos brinda nuevas oportunidades para relacionarnos con ella, pero desde otra perspectiva: a través de una convivencia más armónica y de respeto por las condiciones fundamentales que nos ofrece para mantener el equilibrio de nuestro planeta”, comenta la vocera de Greenpeace.
En el Día de la Naturaleza, desde la ONG recalcan que “la naturaleza nos protege y nos da todo lo esencial que necesitamos para vivir. Desde proveernos comida, medicina, refugio, condiciones de temperatura, oxígeno y agua, entre otros. Incluso nos suministra funciones defensivas contra enfermedades o desastres naturales. Por ello, debemos generar una real consciencia de que la naturaleza es nuestro sostén y nuestra aliada”, sentencia Charlin.
*Recuerda sumarte a la campaña para declarar a la Laguna de Aculeo como Humedal Urbano a través del siguiente link: www.aculeohumedal.cl