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Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía:

“La disponibilidad de agua podría bajar un 50% dentro de los próximos 10 años”

Chile es el único país, entre 92 naciones, cuya Constitución consagra explícitamente la propiedad privada sobre los derechos de aprovechamiento de aguas. Esa es la principal conclusión del estudio realizado este año por el Centro de Derecho y Gestión del Agua de la Universidad Católica (UC) -que reúne a siete facultades- en que se analizó las cartas fundamentales de países de tres continentes.  

A este dato respecto a la Constitución se suman las conclusiones del estudio de la Universidad de Chile “Actualización del Balance Hídrico Nacional”, que reveló que habrá una fuerte baja en la disponibilidad de agua dentro de 10 años, de hasta un 50%, debido a que disminuirán los caudales de los ríos y se incrementarán las temperaturas. Sobre esto se agrega que el régimen jurídico vigente en el país que no resguarda el agua como un derecho, manteniéndolo como un recurso de aprovechamiento privado con resguardo constitucional, agravando aún más la situación.

Ante este escenario, la organización ambientalista, Greenpeace, expresó su preocupación por la grave situación de erosión, sequía, desertificación y apropiación indebida de aguas que está afectando de manera cada vez más extensa y acelerada al país, lo cual está generando una realidad especialmente compleja en medio de la situación de crisis hídrica que enfrentamos y que de acuerdo a informes internacionales, ubican hoy a nuestro país en el puesto 18 de las naciones del mundo con mayor estrés hídrico en el globo.

Desde la ONG destacaron que existen tres fenómenos que hoy están agravando la situación de los suelos del país: erosión, degradación y desertificación. “En estos tres elementos es posible destacar la influencia que han tenido la minería, las actividades agropecuarias y la industria forestal. Cada una de ellas ha aportado de manera especial a agravar, entre otras consecuencias, la erosión, la falta de agua y la acidificación de las amplias zonas del país”, explicó Matías Asún, Director de Greenpeace en Chile. 

Por esta razón,  Greenpeace inició en 2020 la campaña Suelta el Agua para recuperar y priorizar el agua para las personas y el medioambiente, evidenciando la gravísima situación de crisis hídrica que afecta al país producto de la privatización  de las aguas y las graves consecuencias que ello está generando, agravadas además, por la crisis climática y la pandemia de Covid-19. 

En la práctica, sólo si se considera la situación de desertificación, casi el 38% de los habitantes de Chile, es decir, casi siete millones de personas, están siendo directamente afectados por un proceso que lo único que hace es agravarse más y más, y que requiere un abordaje integral, reconociendo la crisis climática y la injusticia que se agrava cuando hay dueños del agua y quienes sufren su escasez”, señaló  Asún. 

Desde Greenpeace señalaron que si bien, hasta ahora, el proceso de desertificación se ha estudiado poniendo el acento en los efectos en la actividad productiva, esa mirada, en un contexto de cambio climático y sequía, debe dar paso a evaluar los usos que se le está dando hoy a nuestra superficie como elementos que han agravado la situación.

Luego de las elecciones constituyentes, la ONG Greenpeace expresó su satisfacción de que 81 de los constituyentes electos  se sumaron a la campaña “Suelta el agua”, que buscó el compromiso de los candidatos con que “la nueva Constitución garantice de modo transversal y consistente que el agua sea considerada un derecho para las personas y el cuidado de los ecosistemas”.

El modelo de gestión y manejo que le hemos dado a la poca agua de la que disponemos ha permitido el avance descontrolado de una serie de actividades productivas que no solo consumen enormes cantidades de agua, sino que aceleran y están extendiendo la pérdida de ecosistemas claves en el país. Es evidente la relación perversa que existe entre la desertificación y el modelo de manejo y propiedad que hoy tiene el agua en Chile. La consagración del cuidado del agua en su dimensión humana y ecosistémica, partiendo por la constitución y luego en las demás leyes que le atañen resulta un paso clave para hacer frente tanto a la crisis climática como a las demandas de mayor justicia social, dignidad y preservación de nuestros frágiles ecosistemas”, sostuvo Asun. 

DATOS ADICIONALES DE CONTEXTO:

  • La desertificación es provocada originalmente por las transformaciones en el clima producto de la crisis climática global, sin embargo son los malos usos que le damos al suelo, al territorio, son los que terminan por eliminar la capa de suelo que es indispensable para sostener la vida. Sin ese suelo, somos mucho más vulnerables a los propios efectos de la crisis climática, en una suerte de círculo vicioso. 
  • La única manera de detener y combatir la desertificación es haciendo un uso sostenible de la tierra. Prácticas agrícolas que pongan el ojo en la conservación del ecosistema suelo, la protección del bosque nativo, de ecosistemas claves en la preservación de equilibrios hídricos como lagos, glaciares, campos de nieve, humedales, turberas y salares -entre otros- así como la preservación de cursos de agua o la limitación de la minería en ecosistemas frágiles son claves para limitar la pérdida del suelo y el avance del desierto
  • Existen tres fenómenos que afectan a los suelos en Chile; la Erosión, la degradación y la desertificación. La primera se refiere a la pérdida de suelo por acción mecánica (es decir por acción del agua de lluvia, lo que suele suceder cuando hay pérdida de cubierta vegetal, o hay alteraciones antrópicas que lo facilitan. La Degradación, se refiere a la pérdida de cualidades del suelo, que tienen su manifestación en menores condiciones para el desarrollo de especies vegetales y cultivos. Por su parte la desertificación es la pérdida de la condición posible para la vida vegetal en zonas Semiáridas, Áridas y Sub-húmedas. En palabras simples, sería el empujoncito para que zonas antaño agrícolas o de bosque, se conviertan en desierto.
  • La desertificación es una disminución de los sistemas de suelo, agua bosque-vegetación producto del cambio climático, pero mayoritariamente por actividades humanas. Los suelos se van empobreciendo y pierden la capacidad de sustentar la vegetación.
  • La desertificación es generada en el caso de América Latina por la Deforestación (41%), el Sobrepastoreo (28%) y la Agricultura (26%)
  • Las Actividades productivas que potencian la desertificación son: Minería, ya que provoca erosión, pérdida y contaminación de suelos, y contaminación y agotamiento de recursos hídricos. Actividades agropecuarias, debido al cambio de uso de suelos, cultivo de laderas provocando erosión en zonas áridas, alto consumo hídrico que agudiza el estrés hídrico de la cuencas; y la Industria forestal y de cultivos, por la erosión y acidificación del suelo, deforestación, alto consumo hídrico y peligro de incendios forestales.

En el caso de Chile, la desertificación ha sido catalogada como uno de los problemas socioambientales más agudos. Los territorios afectados por estos procesos superan el 60% del territorio nacional, donde se concentran los mayores daños a los suelos, a la biodiversidad y a la productividad silvoagropecuaria en general.  62% territorio nacional está afectado por algún grado de desertificación.

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Author: Melissa Jure

EN VIVO desde el Pacífico #5: “La Minería de Profundidad, una nueva e inquietante amenaza para mi hogar”

Las empresas de minería de profundidad se encuentran actualmente en el Pacífico haciendo pruebas en un intento de demostrar que su industria es segura para el medio ambiente.  Hace unas semanas una de estas compañías, GSR, perdió control de un robot de 25 toneladas en el fondo del océano.  Poniendo esto en evidencia y confrontando a la industria tenemos a Victor Pickering, un activista de Fiji abordo del Rainbow Warrior, de Greenpeace.

Nací como hijo del océano.  Creciendo en Fiji, el océano ha influenciado cada parte de mi ser.  Desde la comida que ingería, hasta la manera como pasaba mi tiempo nadando y buceando.

Para nosotros en las Islas del Pacífico, el océano es el común denominador.  Le reconocemos como parte de nuestra identidad y bienestar.  Somos el océano, y el océano es nosotros.

Victor Pickering de Fiji y Activista de Greenpeace Internacional, sostiene una bandera con el mensaje “Nuestro Pacífico no es Suyo para destruirlo” en frente del  Maersk Launcher, barco charteado por DeepGreen, una de las compañías pioneras en la intención de hacer minería en el poco estudiado ecosistema de las altas profundidades. © Marten van Dijl / Greenpeace

La hermosura de este vasto Pacífico azul me inspiró a estudiar Administración de Recursos Marítimos y Pesca, y desde entonces he dedicado mi vida al activismo ambiental pues estoy convencido de que mi gente merece tener voz en estas temáticas que actualmente afectan nuestras comunidades.

Todo esto me ha traído hasta aquí, cientos de millas náuticas en el medio del Pacífico, a bordo del Rainbow Warrior de Greenpeace.  Estoy aquí para poner en evidencia esta industria emergente que supone un inmenso riesgo para el Pacífico y para el mundo en general, la minería de profundidad.

Aquí en la Zona Clarion Clipperton, a casi unas 1000 millas náuticas de la costa oeste de México, las mineras internacionales compiten contra-reloj para iniciar operaciones. Estas compañías con sedes en el Norte Global, patrullan el mar y prueban sus equipos en este mismo instante, ansiosas por ganar acceso a las riquezas de la profundidad.

A pesar de que la evidencia muestra que podemos reciclar en lugar de reemplazar nuestra tecnología, se apresuran por hacer minería en las profundidades en lugar de tomar un camino más prudente frente a los desafíos.

Durante las semanas pasadas he visto como los barcos de las mineras pasan sus equipos de un lado a otro, y tienen muchos más de donde estos vinieron.  Aquí simplemente no tienen cabida.

En la superficie puede observarse sedimento viniendo del colector de nódulos Patania II, a la vez que es izado abordo luego de una serie de pruebas desde el Normand Energy, barco charteado por la minera de profundidad GSR (Global Sea Resources), subsidiaria de la belga DEME, en el Océano Pacífico. © Marten van Dijl / Greenpeace

Ya mucho ha cambiado para el océano que considero mi hogar. Hemos tenido blanqueamientos de coral sin precedentes, las poblaciones de pesca se han disminuido drásticamente implicando que tengamos que alejarnos más dedicándole más horas para traer algo de comer a nuestras mesas.  El océano se encuentra bajo mucha presión, y todos, desde las comunidades costeras hasta los científicos nos lo recuerdan.

La crisis que nuestro planeta azul vive, desde el aumento del nivel de los mares, la declinación de las poblaciones de pesca, la contaminación por plástico, y ahora la minería de profundidad, no son conceptos abstractos o encabezados noticiosos, son impactos que ya se sienten por las comunidades del Pacífico.  La minería de profundidad es una presión más que ni los mares ni las comunidades que de ellos dependen, pueden darse el lujo de mantener.

A medida que navegamos este vasto Pacífico azul, he sentido el llamado de mi hogar en Fiji, miles de millas hacia el Oeste, y me sorprendo por la manera como este océano nos conecta a todos.  Somos gente del mar, no podemos quedarnos de brazos cruzados mientras las grandes mineras vienen y se llevan lo que quieran, dejando al Pacífico y su gente con las consecuencias.

Los científicos nos han advertido que la minería de profundidad causaría daño irreversible al ecosistema marino, el cual tomaría un milenio para recuperarse.  Esta nueva industria ha invertido millones en preparaciones para saquear las profundidades.

Pero la resistencia está creciendo.

Activistas de Greenpeace Internacional protestan contra la minera GSR (Global Sea Mineral Resources), subsidiaria de la compañía belga DEME, en el Pacífico.  Los activistas desplegaron -desde un bote- una bandera con el mensaje “¡Paren la minería de profundidad!”. © Marten van Dijl / Greenpeace

Mis hermanos y hermanas de las Islas del Pacífico ya están luchando por una moratoria para la minería de profundidad, para imponer una Línea Azul del Pacífico en contra de la última amenaza exportada desde Occidente.  Desde Vanuatu hasta Fiji, desde las Islas Cook a Tonga y Papua Nueva Guinea, los activistas suenan la alarma y yo me solidarizo con ellos.  Debemos lograr que los tomadores de decisiones cambien la filosofía de la explotación industrial por la de la protección oceánica.

¿Te solidarizarás con los Isleños del Pacífico? En el 2021 los gobiernos se reunirán nuevamente para negociar el futuro global de los océanos.  Debemos pedirles que acuerden un Tratado Oceánico Global fuerte que facilite la ruta que ponga por lo menos el 30% de los mares fuera del alcance de las industrias ambiciosas en el 2030, y para que implementen estándares altos de protección.  Es hora de que los tomadores de decisiones se alejen de la explotación industrial hacia la protección oceánica.

Si el océano es el corazón azul de nuestro planeta, nosotros y las demás criaturas del mar somos su ritmo [cardíaco].  No podemos permitir que la minería de profundidad destruya esa sinfonía.”

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Greenpeace apoya la moratoria mundial para la minería de profundidad.

Victor Pickering es activista y marino a bordo del Rainbow Warrior.

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Author: Lau Colombo

¡La cocina es poder!

Por Luz María Le Dantec.

Desde el comienzo de la pandemia se hizo más evidente que siempre que seguir viviendo como lo veníamos haciendo ya no es posible. 

Es tiempo de cambiar los viejos paradigmas que nos han llevado a este nivel de devastación y desconexión con nuestro planeta. 

El consumo desmedido y el extractivismo sin control han destruido todo a nuestro paso, y ahora es cuando nos enfrentamos a la decisión ética de trazar o no una ruta de vida más liviana, autosustentable y justa para todos los seres que habitamos la Tierra.

Y como sabemos que es importante para ti ser parte de este cambio cultural, queremos regalarte la primera versión del Recetario Multicultural de Comida Sustentable que hemos confeccionado con la recopilación de las mejores recetas que nos enviaron socios, socias y voluntarios de Greenpeace en Argentina, Chile y Colombia, quienes quisieron compartir sus platos preferidos.

No estamos solos, somos miles, como tú y yo, construyendo nuevas formas de vivir y relacionarnos. Es por eso que queremos seguir siendo un aporte y buscar distintas herramientas que puedan apoyarte en este camino que empezamos juntos.

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Author: Editor

Aprobación de ley en la Cámara: GREENPEACE CELEBRA LEY Y LLAMA A RECHAZAR LOS PLÁSTICOS DE UN SOLO USO

Hace unos meses más de 33 figuras públicas  adhirieron al llamado de Greenpeace para eliminar los plásticos de un solo uso en Chile y dejar atrás el récord nacional que posiciona a nuestro país como uno de los países que más basura plástica genera en Latinoamérica.

El proyecto que regula los plásticos de un solo uso ha transitado por el Congreso desde mayo de 2019 siendo una iniciativa ha sorteado varios trámites legislativos, pero hoy fue el último: Tras haber sido visado por el Senado y por una comisión mixta, El proyecto finalmente fue aprobado en la Cámara de Diputados y quedó listo para convertirse en ley. Ahora, solo queda que la nueva normativa -apoyada de manera transversal en el Congreso- sea promulgada por el Ejecutivo.
La organización ambientalista Greenpeace celebró este paso indicando que: “Llevamos mucho tiempo “obligados” por la oferta de comercios y supermercados a consumir plásticos innecesarios, aquellos de un solo uso que utilizamos dos minutos y luego se tiran a la basura. Bolsas de verduras, envases de productos, embalajes, botellas, vasos, cubiertos, platos, entre muchos otros. Nos convencen que debemos ir reciclando para poder solucionar este problema, pero la verdad es que en Chile más del 90% del plástico no se recicla por que no hay capacidad instalada para ello. El reciclaje de plástico no es una varita mágica que hace desaparecer los desechos que generamos, en algún momento terminarán convirtiéndose en basura. Por eso,  la única solución probada es eliminar al máximo los plásticos de un solo uso”.  Esta es la denuncia que ha hecho durante años  Greenpeace para eliminar los plásticos de un solo uso en Chile y dejar atrás el récord nacional que posiciona a nuestro país como uno de los países que más basura plástica genera en Latinoamérica. Recientes investigaciones demuestran que en Chile el consumo de plástico por persona en promedio al año es de 51 kg. Asimismo, en el país, hay un consumo aparente anual de 323.776 toneladas de envases plásticos de los cuales se recicla sólo 14.721 toneladas, lo que corresponde a un 4,5%. Por esto, la mayoría de los residuos plásticos terminan en vertederos y rellenos sanitarios legales e ilegales, o directamente en el ambiente. De las 990.000 toneladas al año de consumo de plástico en todo Chile, sólo el 8%  se recicla. De ese 8% solo el 1,5% proviene de hogares chilenos y el 6,5 %  de las industrias. El 92% del plástico restante va a la basura.
“Desde Greenpeace celebramos este paso pero se necesita más. Chile también necesita que todos los sectores se comprometan. Medidas legislativas están en curso pero solo se logrará un cambio sistémico cuando se entienda que la responsabilidad es compartida, y que mientras que los supermercados no entreguen a sus clientes alternativas al plástico será muy difícil hacer cambios que contribuyan a disminuir la contaminación Plástica. Los supermercados ocupan un rol clave en la cadena de valor. Son el lugar donde los productores se encuentran con los consumidores y desde donde se pueden impulsar transformaciones sobre la comprensión del impacto del uso desmesurado de plásticos innecesarios. Por eso la invitación es a que los supermercados entreguen alternativas a los consumidores y a  que los consumidores comiencen a rechazar el plástico”.

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Author: Melissa Jure

EN VIVO desde el Pacífico #4: La misión de frenar la minería de profundidad antes de que empiece

Activistas de Greenpeace International a bordo del Rainbow Warrior colocan una bandera que dice ‘Stop Deep Sea Mining’ (Frenen la minería de profundidad) al cable que sostiene el robot prototipo, Patania II. La acción interrumpe una prueba de impacto de minería en aguas profundas llevada a cabo por la empresa Global Sea Mineral Resources (GSR) después de una falla importante reciente que resultó en un robot minero de 25 toneladas que quedó atascado en el fondo marino del Océano Pacífico durante días. El barco de Greenpeace se encuentra en la Zona Clarion Clipperton en el Pacífico para ser testigo de la industria minera de aguas profundas. Foto: Marten Van Dijil /Greenpeace

A principios de marzo de este año, el icónico Rainbow Warrior zarpó hacia el Océano Pacífico para enfrentar y exponer una amenaza emergente para los océanos: la minería en aguas profundas.

Esta arriesgada industria planea extraer metales y minerales del lecho marino, a miles de metros bajo el agua. Si se permitiera la minería en aguas profundas, se bajarían máquinas gigantes al fondo del océano donde sacarían, dragarían y cortarían metales, causando daños irreparables al ecosistema. Esto sería desastroso tanto para las increíbles especies que viven en las profundidades marinas como para las comunidades del Pacífico que dependen de los océanos para sobrevivir, y podría amenazar el clima global. De hecho, las empresas mineras The Metals Company (antes conocida como Deep Green) y GSR ya se encuentran en el Pacífico, evaluando el potencial económico y probando su maquinaria minera.

Un equipo internacional de Greenpeace está a bordo hoy para frenar esta amenaza y pedir un Tratado Oceánico Global fuerte en la ONU que pueda abrir la puerta a una red global de santuarios oceánicos y establecer altos estándares para proteger los océanos globales de industrias destructivas.

Esta es el testimonio de una de las tripulantes: Kelly

El colector de nódulos “Patania II” es lanzado desde el Normand Energy, documentado desde el Rainbow Warrior en el Pacífico.  Actualmente la compañía hace pruebas de equipos para eventualmente abrir labores de extracción de minerales desde el fondo marino. Foto: © Marten van Dijl / Greenpeace

“En Marzo del 2021, el Rainbow Warrior de Greenpeace zarpó hacia un sitio denominado “Zona Clarion Clipperton” en el Pacífico para frenar una nueva amenaza para el Océano -la minería de profundidad- antes de que se desarrolle.  Me uní al equipo abordo como Campaigner de Medios Digitales, para denunciar y poner en evidencia esta naciente industria destructiva, y al compartir la información en los canales digitales ayudar a que el mundo se entere de qué se trata. 

El arriesgado negocio de la minería de profundidad pretende extraer minerales de nódulos polimetálicos que se encuentran a miles de metros bajo la superficie.  Si logran salirse con la suya, causarán un enorme daño a la gran biodiversidad de las profundidades amenazando así el estilo de vida de los Isleños del Pacífico quienes dependen del mar para su supervivencia.  Y eso no es todo, las profundidades son un importantísimo depósito de carbono, el cual si se llegase a liberar supondría consecuencias desvastadoras en términos de cambio climático.

Las mineras pioneras como Metals -anteriormente conocida como Deep Green– con capital canadiense y estadounidense, y, GSR de Bélgica, están actualmente haciendo pruebas para abrir operaciones mineras en la zona Clarion Clipperton en el Pacífico.  GSR de hecho ya envío su prototipo de robot minero hasta el fondo marino para pruebas de desempeño e impacto.

Las mineras Metals y GSR exageran sus atributos de sostenibilidad y bajo impacto ambiental.  Argumentan que la minería de profundidad es esencial para en un futuro sostenible, obtener los materiales de las baterías de nuestros teléfonos. 

Sin embargo, gigantes tecnológicos como Google y fabricantes de vehículos como BMW han anunciado públicamente que no usarán metales obtenidos con minería de profundidad.

Además, ambas compañías se escudan en el nombre de la ciencia para iniciar actividades de explotación con alto impacto ambiental.  Esta es una de las razones más importantes por las que el Rainbow Warrior se encuentra en esta remota zona, exponiendo lo que sucede actualmente.  Poniéndolos en evidencia, queremos mostrarle al mundo lo que realmente sucede para a su vez cuestionar los poco objetivos boletines de prensa de estas compañías.

Activistas de Greenpeace Internacional pintan la palabra “RISK” (Riesgo) en el costado estribor del barco Normand Energy, charteado por la minera belga GSR.  El Rainbow Warrior está poniendo en evidencia las pruebas de equipos como el colector de nódulos “Patania II”, a aproximadamente 4500 metros de profundidad en la zona Clarion Clipperton. Foto: © Marten van Dijl / Greenpeace

No solamente Greenpeace piensa que esta es una industria de alto riesgo, científicos alrededor del mundo concuerdan en que la minería de profundidad causará grandes impactos medioambientales.   En el Pacífico decidimos tomar cartas en el asunto y pintamos el letrero “RISK” (Riesgo) en el barco de GSR para alertar tanto a la industria como al público sobre el peligro operacional y ambiental que conlleva el situar una máquina de 25 toneladas a 4500 metros bajo el nivel del mar.

Lo digo en serio, no es ningún placer el tener que decir que un par días más tarde ese mensaje resultó absolutamente cierto. 

La debacle del robot de GSR

A finales de Abril, el prototipo de 25 toneladas de GSR se desconectó del cable de control y terminó atascado en el lecho marino.  GSR perdió el control de su equipo minero por varios días.  Fue un momento muy inquietante que demostraba exactamente porque hay gente en todo el mundo preocupada por el nacimiento de esta industria.   Además, demostró que a pesar de las diatribas de la industria alrededor de sostenibilidad y operaciones seguras, operar a miles de metros de la superficie es evidentemente tan difícil y peligroso como suena.  No vale la pena. 

A pesar de que eventualmente lograron recuperar el equipo, fuimos los primeros en reportar esta falla monumental en las pruebas de impacto.  Todo esto no hacía más que corroborarme la importancia de que haya organizaciones como Greenpeace operando en el sitio de los acontecimientos, como un veedor realmente independiente, sin lazos de financiación gubernamental o industrial, evidenciando la destrucción ambiental de primera mano.

Activistas de Greenpeace Internacional protestan contra la minera GSR (Global Sea Mineral Resources), subsidiaria de la compañía belga DEME, en el Pacífico.  Los activistas desplegaron desde un bote una bandera con el mensaje “¡Paren la minería de profundidad!”.  La bandera fue extendida en frente del barco Normand Energy, charteado por GSR, mientras el colector de nódulos “Patania II” era posicionado.  Actualmente la minera hace pruebas de equipos a unas 1000 millas náuticas al occidente de la costa mexicana en la zona Clarion Clipperton, con el propósito futuro de iniciar actividades comerciales de extracción de minerales del fondo marino.   Esta nueva industria podría causar efectos devastadores en el ecosistema y las comunidades, sobre todo aquellas -isleñas y costeras- cuyo bienestar depende de lo que les brinda el océano.  Foto: © Marten van Dijl / Greenpeace

Y no fue solamente esta falla mecánica lo que pudimos poner en evidencia.  Antes del accidente observamos una inmensa mancha de sedimentos durante una de las veces en que el Patania II era izado al barco, mostrando algo del efecto que la máquina ejerce en el fondo marino. 

Si no hubiésemos estado allí, lo más posible es que GSR no publicara nada sobre las pruebas fallidas y la descoloración del agua que la maquinaria causa en la superficie.  Operando sin testigos en el lejano océano, es muy fácil evitar el escrutinio público sobre los verdaderos riesgos de estas operaciones.  

Victor Pickering, de Fiji, activista de Greenpeace Internacional sostiene una bandera con el mensaje “Paren la minería de profundidad” en frente del Maersk Launcher, un barco charteado por Deep Green, una de las mineras pioneras en la Carrera por explotar el poco estudiado ecosistema del fondo marino.  El Rainbow Warrior se encuentra en la zona Clarion Clipperton en el Pacífico para poner en evidencia las actividades de esta industria. Foto © Marten van Dijl / Greenpeace

Victor Pickering, de Fiji, es un activista de Greenpeace.  Como los demás Isleños del Pacífico, la gente de Fiji depende del Oceáno para sobrevivir. Él pone en evidencia otro riesgo, la minería de profundidad la cual junto al aumento del nivel de los océanos, la contaminación con plástico y el deterioro del recurso pesquero por actividades industriales también impactará el estilo de vida de sus comunidades.  Él se encuentra en el frente de batalla para protestar de manera pacífica en contra de los planes de explotación industrial.

Víctor dice:  “Somos gente del mar, no podemos quedarnos mirando cómo las mineras llegan y se llevan lo que quieran, dejando al Pacífico y sus comunidades lidiando con las consecuencias.” 

Greepeae despliega un banner con la leyenda: “Apoyo a la ciencia para que continue la investigación” en el lado de Normand Energy que se ve junto al logotipo de GSR. Activistas de Greenpeace International protestan contra la empresa minera de aguas profundas Global Sea Mineral Resource(GSR), subsidiaria de la empresa belga DEME, en el Océano Pacífico.

Greenpeace se solidariza con los activistas de las Islas del Pacífico y con millones alrededor del mundo, oponiéndose al creciente riesgo de la minería de profundidad antes de que esta industria se desarrolle.  Somos 3.5 millones de personas exigiendo que los gobiernos acuerden implementar este verano un fuerte Tratado de Protección Oceánica en las Naciones Unidas, que eventualmente permita la creación de una red mundial de santuarios oceánicos, libres de actividades humanas riesgosas. 

Continuará….

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Author: Lau Colombo

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