Los glaciares guardan secretos que la ciencia recién está comenzando a conocer más en profundidad. Aún queda mucho por descubrir sobre las delicadas formas de vida que han sabido adaptarse y prosperar entre sus vastas extensiones de hielo y que, al vivir en zonas muy altas y desafiantes, son difíciles de observar.
Isla Media Luna, en las Islas Shetland del Sur, Antártida. Greenpeace documenta la fauna y los paisajes únicos de la Antártida para reforzar la propuesta de crear el área protegida más grande del planeta: un Santuario del Océano Antártico.
Lo cierto es que con la crisis climática que hace que las temperaturas del planeta se eleven provocando que los glaciares se derritan, es probable que muchos organismos desaparezcan antes de que los conozcamos.
A través de un trabajo del diario The Guardian viajamos a esos ecosistemas helados donde el cambio climático ya está transformándolo todo.
Los pequeños y valiosos universos que viven en el hielo está en peligro
Como dice Maurus Bamert, director del centro de educación ambiental Pro Natura Aletsch consultado por The Guardian: “No esperas encontrar un organismo vivo sobre el hielo” y, sin embargo, “existe una rica comunidad biótica amante del hielo y una sorprendente biodiversidad que prospera en este paisaje congelado”.
Es así que, invisibles para el ojo humano, existen mundos que viven en y alrededor del hielo y la nieve. Entre ellos están los colémbolos, o “pulgas de los glaciares”, que sobreviven en la costra de la nieve (solo este año se identificaron cinco nuevas especies en los Alpes europeos). También hay algas, bacterias, hongos y gusanos de hielo, así como arañas y escarabajos que se alimentan de colémbolos.
Un espécimen de dropstone recolectado durante una inmersión submarina en la bahía de Chiriguano, al sur de la isla Brabante, en el estrecho de Gerlache, Antártida.
Entre estos organismos imperceptibles a simple vista, también están los invertebrados que viven en ríos alimentados por glaciares. Ellos se adhieren a la superficie del hielo y de los ríos, formando comunidades y filtrando el agua. Lee Brown, profesor de ciencias acuáticas en la Universidad de Leeds, que se especializa en su estudio remarca que tienen un rol central en las “redes tróficas” —los nutrientes que fluyen entre organismos dentro de un ecosistema— que conectan hielo, ríos, tierra y océanos.
Iceberg cerca del glaciar Svea (Sveabreen), ubicado en Spitsbergen, la isla más grande del archipiélago de Svalbard, Noruega.
Lamentablemente, todos estos universos fascinantes, esenciales para la salud del planeta y de las personas, corren el riesgo de desaparecer antes de que lleguemos a conocerlos en profundidad debido a la crisis climática que acelera el retroceso de los glaciares en todo el mundo, llevando a toda la biodiversidad que los habita al borde de la desaparición.
Donde el hielo desaparece, la vida busca acomodarse
En tanto, en las tierras que ya quedaron expuestas por el retroceso del hielo (llamadas proglaciares) “hay un poderoso esfuerzo combinado de organismos” para crear hábitats nuevos y cada vez más complejos, explica para The Guardian Francesco Ficetola, profesor de ciencias ambientales en la Universidad de Milán y director del proyecto PrioritIce, que estudia los ecosistemas emergentes en estas zonas.
A medida que aumenta la temperatura del planeta, los animales adaptados a entornos fríos se ven forzados a desplazarse hacia zonas más altas de montaña, lo que reduce sus hábitats disponibles y aumenta la presión sobre sus poblaciones. Lo mismo ocurre con especies vegetales que dependen de bajas temperaturas, que también migran hacia mayores altitudes. La vegetación especializada en los bordes de los glaciares se ve amenazada, desplazada por la sucesión de ecosistemas glaciarios a bosques y praderas.
En definitiva, en las altas cumbres donde los glaciares por siglos se mantuvieron estables, ayudando a regular el clima del planeta y siendo fuente de agua dulce, están ocurriendo muchos reajustes, todos forzados por la crisis climática.
Esto que ocurre muy lejos de la mirada de la mayoría de las personas, tiene un impacto real en nuestras vidas. En palabras de Tom Battin, profesor de ciencias ambientales en el Instituto Federal Suizo de Tecnología de Lausana: “Las montañas son como islas elevadas con ecosistemas únicos y especies endémicas (es decir, propias de la región). Sin esta biodiversidad que no puedes ver toda esa otra biodiversidad que a la gente le importa podría desaparecer.”
Además, cada vez que uno de estos gigantes helados desaparece, sus habitantes se ven afectados porque con ellos también se van con ellos culturas, sociedades y ecosistemas enteros.
Un equipo de Greenpeace Italia y Greenpeace Alemania proyectó el mensaje “escucha mi grito de ayuda” sobre el glaciar de Presena, en los Alpes italianos, para denunciar cómo el cambio climático está contribuyendo a su derretimiento y las consecuencias de la pérdida de una reserva de agua muy importante.
Se trata de un hito histórico en la defensa de los océanoses. Ahora es urgente que los Estados desarrollen normativas que permitan garantizar la protección del 30% de las aguas internacionales antes de 2030
Para llegar a proteger el 30% antes de 2030 los Estados deben proteger anualmente un área de una extensión equivalente al tamaño de Canadá
Chile fue el primer país de América en ratificar el Tratado en enero de 2024
20 de septiembre de 2025.– Después de más de dos décadas de trabajo incansable de activistas, ambientalistas, científicos, celebridades y la movilizción ciudadana global el Tratado Global de los Océanosalcanzó las 60 ratificaciones, lo que en la práctica supone la entrada en vigor en 120 días de un acuerdo histórico.
Greenpeace celebra este hito crucial para la protección de las aguas internacionales y señala ahora que es responsabilidad de todos los Estados actuar con urgencia antes de la primera COP (Conferencia de las Partes de Naciones Unidas) de los océanos, que se espera celebrar en 2026.
Esta victoria es crucial: si se implementa este compromiso global, supondrá un antes y un después en la vida de nuestros océanos.
El tratado es una herramienta poderosa que los Estados puedan utilizar para crear una red de santuarios marinos: zonas vedadas a las actividades humanas destructivas que han devastado los ecosistemas marinos durante décadas. La comunidad científica es rotunda: si protegemos al menos el 30% de los océanos del mundo para 2030 —tal y como recoge el tratado—, la vida oceánica podrá recuperarse.
Greenpeace urge, además, a todos los Estados que todavía no han ratificado el Tratado a que lo hagan antes de que se celebre la COP de los Océanos. De no hacerlo, se quedarían fuera de las negociaciones y de la protección de las aguas internacionales.
A día de hoy, solo el 0,9% de las aguas internacionales está completa o altamente protegida, por lo que el Tratado es crucial para aumentar esta protección, a través de la creación de santuarios marinos que ayuden a mitigar la crisis climática y salvaguardar la seguridad alimentaria para los miles de millones de personas que dependen de los recursos de los océanos.
Un nuevo análisis de Greenpeace revela que para proteger el 30% de las aguas internacionales antes de 2030, tal y como señala el Tratado, los Estados deberían proteger más de 12 millones de km2 anuales en los próximos 5 años. Es decir, un área con una extensión equivalente al tamaño de Canadá.
“Es un momento histórico para la protección de los océanos, la prueba de que los países pueden unirse para proteger nuestro planeta azul. Es hora de que la explotación y la destrucción en alta mar terminen y el Tratado Global de los Océanos es la herramienta necesaria para que esto ocurra. Pero no debemos confiarnos. La comunidad científica señala que debemos proteger al menos el 30% de nuestros océanos antes de 2030 y el tiempo se acaba. Los Gobiernos de todo el mundo deben aprovechar la ocasión para asegurar que la primera COP de océanos sea un punto de inflexión y deben empezar a trabajar para poner en marcha los santuarios marinos que pide el Tratado. Nuestros océanos no pueden esperar. El mundo no puede esperar”, ha afirmado Mads Christensen, director ejecutivo de Greenpeace Internacional.
Para establecer una red de santuarios marinos en aguas internacionales y lograr la protección del 30% de los océanos antes de 2030, Greenpeace demanda que:
Los Gobiernos aprovechen los próximos meses, antes de que tenga lugar la primera COP de los océanos, y empiecen a trabajar en la declaración de santuarios en aguas internacionales. Estas zonas deben estar total o altamente protegidas para garantizar que extensas áreas del océano queden libres de actividades extractivas y destructivas del ser humano, a diferencia de muchas de las actuales áreas marinas protegidas, que solo lo son sobre el papel.
Los Gobiernos garanticen que el Tratado sirva para aplicar medidas rápidamente, sin verse atrapados en retrasos o tener que depender de entidades como las organizaciones regionales de ordenación pesquera.
Los Gobiernos aseguren que la declaración de santuarios se realiza con base en la evidencia científica disponible y contando con la participación de los pueblos indígenas y las comunidades locales, a fin de garantizar que el proceso está respaldado por la ciencia y es socialmente justo.
Greenpeace destaca el poder de la ciudadanía cuando actúa y se une para presionar y agradece a todas las personas que han apoyado esta campaña por la protección de los océanos: los más de tres millones de socios y socias en todo el mundo, el sector de la pesca artesanal y cientos de personalidades del sector de la cultura a nivel global.
Una vez más, esta victoria nos demuestra que la movilización social funciona. Durante más de 20 años, miles de personas hemos estado alzando la voz para proteger la vida oceánica. Hoy podemos decir que, gracias a este esfuerzo, los santuarios en altamar pronto serán una realidad.
El pasado miércoles 10 de septiembre realizamos un nuevo encuentro del ciclo Greenpeace en Acción, esta vez dedicado a las ballenas.
Más de350 personas de Argentina, Chile, Colombia e incluso de Ecuador se unieron en un recorrido por las profundidades del océano para conocer más acerca de estos increíbles mamíferos marinos, dialogar, reflexionar y repasar todo lo que hemos logrado —y lo que aún queda por hacer— para defenderlos.
El evento contó con la participación de nuestras campañistas Silvana Espinosa (Greenpeace Chile), Agostina Rossi (Greenpeace Argentina) y Camila Briñez, Coordinadora de Acciones y Voluntariado de Greenpeace Colombia. Durante el encuentro recorrimos la historia de la campaña que llevamos adelante desde hace más de 50 años en defensa de las ballenas.
Recordamos momentos históricos de lucha, hablamos de los corredores azules (las rutas de alimentación y reproducción que recorren en el océano) y descubrimos por qué estos gigantes cumplen un rol vital en el equilibrio marino. También hubo tiempo para contar cómo utilizamos las donaciones que recibimos, fundamentales para continuar nuestro trabajo.
Además, compartimos datos curiosos, información sobre los periodos de avistamiento en Argentina, Chile y Colombia, y repasamos las principales amenazas que enfrentan hoy, desde la contaminación plástica hasta la explotación de hidrocarburos.
Una invitada de lujo
Durante el evento contamos con la participación de Susannah Buchan, oceanógrafa y especialista en ecología y acústica de ballenas, quien nos llevó a comprender aún más la vida de estos seres extraordinarios.
Buchan contó que los investiga desde hace 20 años y que empezó su labor en Chile en 2007. Entre las tareas que realiza mar adentro, junto a su equipo, está la de monitorear a las diferentes especies de ballenas en su zona de alimentación en el norte del país (su alimento es a base de krill).
El grupo científico que lidera utiliza diferentes herramientas (como drones, dispositivos de marcaje con ventosas para registrar vocalización y traslados, etc.) con el fin de determinar el estado de salud de los ejemplares, saber si la temporada de alimentación fue exitosa o no, registrar los recorridos que realizan y las zonas que frecuentan, entre otros datos.
Toda la información recopilada es clave paraorganizaciones como la nuestra, que ayudan a crear estrategias de protección más efectivas y coordinadas entre países.
Voluntariado en acción: la experiencia en alta mar en primera persona
Por su parte, Camila Briñez -quien fue durante ocho años voluntaria en Greenpeace Colombia y en 2024 se convirtió en Coordinadora de Acciones y Voluntariado- relató su emocionante experiencia a bordo de nuestro barco Arctic Sunrise, la embarcación emblemática en la que viajó durante tres meses el año pasado.
Briñez compartió dos momentos muy especiales que vivió con las ballenas. El primero ocurrió en la zona del Triángulo de Bermudas, donde se encuentra el Mar de los Sargazos. Allí tuvo el privilegio -junto a sus compañeros de tripulación- de observar incluso grupos de 17 ejemplares.
El segundo gran momento fue cuando un puñado de ballenas jorobadas se acercaron al navío y comenzaron a interactuar con el equipo a bordo, sacando sus aletas, la cola y dejándose ver. Estos animales, tan gigantes como curiosos, merodearon el Arctic Sunrise durante una hora que toda la tripulación jamás olvidará.
En la travesía, también hubo otro evento que marca la situación de peligro que siempre acecha a estos cetáceos y a todas las criaturas marinas. Camila y sus compañeros pudieron cortar una red de pesca en la que habían quedado atrapados decenas de animales.
Una comunidad comprometida y activa
Fue emocionante ver la diversidad de lugares desde donde se conectaron los participantes: desde Santiago, Puerto Montt o Valparaíso en Chile; Bogotá, Medellín, Cali en Colombia; y Mendoza, Córdoba, Misiones o Tierra del Fuego en Argentina, entre muchos otros rincones dijeron presente. Este mosaico de voces y territorios nos recordó que la defensa de los océanos trasciende fronteras.
Además de escuchar con atención a las oradoras, el gran público que nos acompañó no perdió su oportunidad departiciparhaciendo preguntas y compartiendo sus opiniones. Como es habitual quienes asisten a nuestros encuentros son así de comprometidos e interesados, por eso teníamos sorpresas preparadas para todos.
Si no pudiste participar, o quieres revivir el encuentro, te lo compartimos aquí:
¿Te gustaría saber más? Nuestras campañistas contestan las preguntas de los participantes del encuentro.
En el caso de las salmoneras ¿qué se tendría que hacer? Ya que ellos votan bastante material como cabos, redes.
Dentro de las operaciones de la industria salmonicultora se utilizan diversos materiales que, lamentablemente, hemos constatado terminan transformándose directamente en basura en los fiordos y canales de la Patagonia chilena. En 2023, a bordo de nuestro barco Witness, navegamos por la región de Magallanes, donde registramos la presencia de boyas, cuerdas, estructuras metálicas, cascos de trabajadores, tuberías plásticas y una gran variedad de desechos en lugares que deberían estar dedicados únicamente a la naturaleza.
La industria tiene la responsabilidad de hacerse cargo de sus desechos tanto durante sus operaciones como en los períodos en que no se encuentre en funcionamiento. Esto implica retirar y gestionar dichos residuos conforme a lo establecido en las normativas vigentes, entre ellas la Ley de Pesca y Acuicultura y el Reglamento Ambiental para la Acuicultura (RAMA), a fin de mantener la limpieza y el equilibrio ecológico en la zona concesionada.
¿Cómo es que las ballenas chocan con barcos?
Las ballenas usan rutas migratorias y zonas de alimentación que muchas veces se solapan con rutas de navegación comercial de embarcaciones grandes. Según un estudio, aproximadamente el 92 % de la distribución de las distintas especies de ballenas tienen tráfico de barcos grandes. Los barcos grandes viajan rápido. A mayor velocidad, no sólo aumenta la probabilidad de impacto, sino que si golpean a la ballena, el daño suele ser letal o más severo. También, las embarcaciones de gran tonelaje tienen rutas menos flexibles para maniobrar, lo que reduce la posibilidad de evitar al animal.
¿Dónde hay cifras de esas colisiones con los barcos?
Las ballenas nadan libremente por los océanos, sin embargo, muchas veces su rutas coinciden con las rutas de navegación de diferentes tipos de barcos. Esto es un riesgo directo para su existencia, ya que además de provocar choques con dichas embarcaciones, el ruido afecta a la comunicación de las ballenas. El artículo revela que Chile tiene la mayor tasa global de mortalidad de ballenas por colisiones con embarcaciones en la última década. Las colisiones son la principal causa de muerte no natural en cetáceos, afectando gravemente a especies en peligro como la ballena fin. Con focos críticos en zonas portuarias como Magallanes y Los Lagos.
Si una ballena muere por colisión, ¿no hay caída de ballena? Porque la veo flotando
Al inicio muchas ballenas flotan porque en el proceso de descomposición se generan gases en los tejidos, lo que las hace subir a la superficie. Por eso, a menudo se las ve flotando tras morir. Sin embargo, una vez que esos gases se liberan o el cuerpo se descompone lo suficiente, el cadáver suele hundirse en el fondo marino. Este proceso se conoce como “caída de ballena” (whale fall), y puede tardar desde horas a días en ocurrir dependiendo de la especie, el estado corporal y las condiciones del agua (temperatura, salinidad, profundidad). – ECOLOGY OF WHALE FALLS AT THE DEEP-SEA FLOOR – What is a whale fall?
El censo da como total 2.600.000. ¿Cuál es el número que manejan ustedes?
A nivel global, después de siglos de caza, la mayoría de las poblaciones están muy por debajo de sus números históricos. En la página de la Comisión Ballenera Internacional se puede encontrar el estatus de algunas especies de ballenas.
En el día ¿cuántas veces sale a la superficie una ballena?
Las ballenas son mamíferos que respiran aire, por lo que deben emerger con frecuencia. Según la especie, pueden permanecer bajo el agua entre 5 y 20 minutos, y algunas como el cachalote (Physeter macrocephalus) o la ballena picuda (Ziphiidae) superan la hora en inmersiones profundas.
¿Cuántos años vive una ballena, sin ser víctima de barcos balleneros, por caza o accidente?
Hay muchos factores que pueden determinar la longevidad de una ballena, como la genética, el hábitat, la geografía, la dieta, el estilo de vida y el nivel de peligro de extinción. La longevidad varía según la especie. La mayoría de las ballenas grandes (misticetos) pueden vivir 60–90 años, mientras que hay estudios para la ballena de Groenlandia (Balaena mysticetus) que indican que puede superar los 100 años, siendo uno de los mamíferos más longevos del planeta.
De acústica me gustaría saber más.
El sonido es esencial en la vida de las ballenas: lo usan para comunicarse, orientarse, alimentarse y mantener el contacto social en aguas donde la visibilidad es muy baja. Cada especie tiene un repertorio acústico propio. La contaminación acústica causada por barcos, exploración sísmica o construcción submarina puede interferir con esa comunicación, reduciendo su alcance y provocando cambios de comportamiento. Aquí compartimos mayor información: https://www.sur-austral.cl/equipo/susannah-buchan/
Dicen que las ballenas no se acercan mucho a los barcos por miedo, lo dijo un guía turístico en la tercera región.
Las respuestas de las ballenas a las embarcaciones varían según la especie, el contexto y su experiencia previa: algunas muestran curiosidad y se acercan, otras simplemente ignoran a los barcos y muchas tienden a evitarlos. Lo que puede pasar en zonas turísticas es que los animales estén más habituados a la presencia de embarcaciones y se acercan sin percibirlas como amenaza. En la mayoría de los casos, la interacción no es miedo sino un comportamiento natural condicionado por la situación.
¿Interactúan con el ICB de Argentina?
El Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) es referente en el estudio de la ballena franca austral en Argentina desde hace más de 50 años. Sus investigaciones han generado el catálogo individual más grande del mundo para esta especie. En la práctica, hay intercambio frecuente entre ICB, ONGs internacionales, universidades y organismos multilaterales para coordinar datos y estrategias de conservación. Por ejemplo, investigadores del ICB exploraron junto a nosotros el Mar Argentino.
¿Qué es el proyecto Dominga?
Dominga es un megaproyecto minero y portuario, que amenaza con construirse en la mitad de un verdadero santuario, la zona del Archipiélago de Humboldt, en Chile, donde conviven cientos de especies únicas. Compartimos más información aquí.
Quisiera saber si tienen planificada alguna actividad o visita a la Localidad de punta de Choros con respecto a Dominga ya que nuevamente se activó el tema.
Desde Greenpeace, en diciembre del año pasado reactivamos la campaña en contra de la aprobación del proyecto Dominga, el cual representa una grave amenaza para las especies y ecosistemas que alberga el Archipiélago de Humboldt. En este marco, hemos presentado informes técnicos y escritos jurídicos que evidencian tanto las deficiencias técnicas del proyecto como su incompatibilidad con la protección de la naturaleza.
Es importante destacar que, pese a haber sido rechazado en tres ocasiones, la empresa continúa insistiendo en su aprobación a través de los tribunales, manteniéndose aún pendientes diversas instancias judiciales. Paralelamente, se han llevado a cabo acciones de visibilización respecto de los impactos del proyecto.
Si bien en el último tiempo estas actividades no se han concentrado en las localidades directamente afectadas, pues allí son principalmente impulsadas por las organizaciones locales que integran la Alianza Humboldt, de la cual formamos parte, actualmente se está trabajando en un plan para reforzar la visibilidad en la propia zona, en caso de que el proyecto obtuviera aprobación.
Se está presentando un problema y es que se está sobreexponiendo el turismo de avistamiento y ya son muchos los turistas que vienen a verlas y se está acosándolas mucho con el avistamiento.
El avistaje de ballenas tiene beneficios reales (económicos, educativos, conservación), pero cuando hay demasiadas embarcaciones o violaciones de las reglas (demasiado cerca, sin respetar tiempos, muchas visitas repetidas) los impactos negativos aparecen: estrés, interrupción de descanso, alimentación, comportamientos evasivos, ruido que interfiere con la comunicación, y hasta desplazamiento o disminución de población si la presión es constante. El Handbook de la IWC advierte claramente que los beneficios sólo se mantienen si hay una gestión responsable.
Gracias por ser parte
Queremos agradecer a las personas que participaron de este encuentro y, en especial a nuestros donantes, quienes hacen posible que cada campaña que realizamos siga adelante.
Defender a las ballenas no es solo un deber: es una oportunidad de conectar con la naturaleza y con los que soñamos un futuro más justo y sostenible.
Porque cuando nos unimos por los océanos, ganamos todos.
Greenpeace celebra este 15 de septiembre 54 años de historia llevando adelante campañas ambientales en el mundo. A través de una galería de imágenes, la organización revisó las mejores fotos de su historia en distintas partes del mundo, así como en Chile.
Los comienzos de Greenpeace datan de 1971, cuando un equipo de personas defensoras del medio ambiente zarpó desde Vancouver, Canadá, en un viejo barco pesquero hacia Amchitka, una pequeña isla volcánica frente al oeste de Alaska, para protestar contra las pruebas nucleares subterráneas que el ejército estadounidense realizaba alí. Originalmente, el barco se llamó Phyllis Cormack, pero luego lo rebautizaron como Greenpeace ya que unía dos grandes temas, la supervivencia de nuestro medio ambiente y la paz del mundo.
Durante más de 50 años, la organización realizó incontables campañas junto a aliados, destacando entre ellas el fin a las pruebas nucleares y vertido de residuos tóxicos en el mar, la protección de la Antártida estableciendo una base en ese continente, la denuncia e intervención a la industria ballenera, la investigación a grandes empresas contaminantes y la compañía a nivel global, de distintas comunidades, pueblos indígenas, sindicatos y aliados de todo el mundo en la lucha por garantizar un futuro justo, ecológico y pacífico.
Greenpeace en Chile
La oficina de Greenpeace se creó en 1993. Dos años más tarde, el 2 de octubre de 1995, se realizó la constitución de Greenpeace en Chile de manera oficial. Rápidamente, comenzamos diversas campañas enfocadas en los graves problemas medioambientales que afectan a nuestro país.
Los más de 50 mil donantes de Greenpeace Chile y los más de 3 millones en el mundo son la base de la organización. Son quienes hacen posible nuestro trabajo, las campañas, las acciones, la labor de comunicar los problemas del medio ambiente y sus posibles soluciones.
Hoy recordamos algunos de los triunfos que conseguimos junto a diversas organizaciones ambientales y comunidades locales que trabajan para proteger el medio ambiente.
• Después de años de impulsar las campañas #ChileSinPlásticos y #ExigeAlternativas logramos junto a otras organizaciones la aprobación de la ley que prohíbe las bolsas plásticas y de la ley que regula e impide la entrega de artículos de plástico de un solo uso.
• Junto a miles de personas pudimos detener el proyecto HidroAysén y evitar la construcción de cinco mega represas en la Patagonia chilena.
• Conseguimos el cierre de Mina Invierno luego de 10 años de lucha con la comunidad local de la Región de Magallanes.
• Logramos detener el avance de la industria salmonera en el canal de Beagle, uno de los lugares más australes del mundo. Gracias a la presión de miles de personas, la comunidad Yagán, y a nuestra campaña #NoMásSalmoneras el Servicio Nacional de Pesca anuló cuatro concesiones para salmonicultura que la empresa Nova Austral tenía en Puerto Williams..
• Junto a diversas organizaciones conseguimos en 2008 que el Congreso aprobara por unanimidad el proyecto de ley que declara a Chile ¨Zona Libre de Caza de Cetáceos¨.
Nuestro financiamiento proviene exclusivamente de pequeños aportes mensuales de personas que creen en nuestra labor y confían en la forma en que gestionamos cada recurso, realizando aportes regulares. No aceptamos dinero ni fondos de gobiernos, partidos políticos o empresas.
La independencia política y económica, junto con nuestro compromiso con la transparencia, nos ha permitido defender el medioambiente por más de 30 años de trabajo en Chile y más de 50 en el mundo a lo largo de nuestra historia.
Hasta ahora hemos visto cómo las ciudades del mundo crecieron en desmedro de losambientes naturales, como si se tratara de dos extremos tan opuestos que no pueden coexistir.
Mensaje “UNO, DOS, ÁRBOL”. Este evento formó parte del proyecto “Enverdeciendo la Ciudad” en el centro de Zagreb, Croacia.
Así fue que el único modelo utilizado para levantar los edificios y crear la infraestructura necesaria para los millones de habitantes de las urbes ha sido avanzar sobre el verde y la biodiversidad, sumando cemento y dejando unos pocos árboles en pie y algunos parches verdes aquí y allá.
La crisis climática ha llegado para cambiarlo todo porque estas ciudades que supimos construir se tornan peligrosamente sofocantes durante los veranos con olas de calor más frecuentes (efecto “isla de calor” mediante). Asimismo, las lluvias torrenciales producen inundaciones mortales porque ya no hay superficies absorbentes suficientes.
La realidad indica que ha llegado el momento de repensar el diseño urbano para adaptarse a temperaturas extremas. Dos de los primeros ejemplos de cómo llevarlo a cabo llegan desde España donde Barcelona fue una de las pioneras. Lleva varios años reduciendo el espacio para los autos e implementando las “supermanzanas” (enlazar a ). El próximo paso es crear ejes verdes más ambiciosos, con mucho arbolado y zonas de estancia para personas. Por su parte Madrid comenzó a usar solares abandonados para jardines comunitarios, a derribar muros de colegios para unir patios con espacios verdes contiguos, mientras proyectan bosques metropolitanos y experimenta con tejados verdes.
Las soluciones están a la mano: la regla 3-30-300 y otras opciones
Según el Diario El País, las soluciones para enfrentar la crisis climática en las ciudades empiezan por quitar asfalto y sumar más vegetación para crear un nuevo balance que ayude a que la biodiversidad regrese y, con esto, cuidar la salud de las personas en un clima que ha cambiado para siempre.
Infraestructuras verdes
Se trata de ampliar o incorporar espacios naturales dentro de la ciudad: parques, jardines, huertos comunitarios, elementos que conecten flora y fauna en zonas urbanas. De esta manera, mejorará la calidad del aire, ayudará a regular la temperatura y también redundará en mayor bienestar psicológico.
Regla 3-30-300
Es un enfoque que sugiere que para mejorar la habitabilidad urbana se cumplan estas condiciones: que cada persona vea 3 árboles desde su ventana y esté a menos de 300 metros de un parque o espacio verde y que exista un 30% de superficie verde en la ciudad.
Despavimentar y usar suelos porosos
Sustituir asfalto y cemento por superficies permeables que permitan que el agua de lluvia se infiltre. Esto ayuda a mantener mejor los árboles, reducir acumulación de calor, y mejorar el drenaje.
Renaturalizar espacios urbanos disponibles
Aprovechar solares vacíos, bulevares entre avenidas, patios escolares, tejados y fachadas para plantar árboles, jardines, instalar cubiertas verdes o muros vegetales.
Refugios climáticos
Crear espacios públicos accesibles, frescos, con sombra, agua para que la población pueda escapar del calor extremo. Otra opción son los parques con mucha vegetación, las bibliotecas y otros espacios cerrados que se habilitan al público en general, etc.
¿Cuáles beneficios trae despavimentar las ciudades?
Los beneficios que implica poner en práctica esta reconversión urbana son muchos. El principal es regular las temperaturas locales gracias a que la vegetación refresca el ambiente al proporcionar sombra y transpirar agua. Así, los árboles disminuyen hasta 12ºC la temperatura en comparación con espacios verdes sin arbolado o zonas asfaltadas según un estudio en 293 ciudades europeas. Además, mejora la gestión del agua de lluvia, reduciendo el riesgo de inundaciones localizadas y mejora la calidad del aire.
En conclusión, hace a las ciudades más resilientes frente al cambio climático mientras que mejora la salud mental y bienestar para los habitantes, al tener mayor contacto visual y físico con espacios verdes.
París y su apuesta por los bosques urbanos
En 2023 la capital francesa aprobó un plan para recuperar hasta 40% del espacio público como espacio natural, incluyendo tareas de despavimentación. Desde entonces, y liderada por la Alcaldesa Anne Hidalgo, se está llevando “una auténtica revolución verde en esta ciudad tradicionalmente rocosa”, según describe la revista especializada en urbanismos Scape.
La silvicultura urbana está logrando unir las ciudades con la naturaleza, en pos de refrescar la Ciudad de las Luces. Es que se están plantando “selvas urbanas” en cuadras enteras y rotondas, en tanto viejas vías del tren se transforman en zonas parquizadas todas a lo largo. Así es que en muchas calles, el coche está desapareciendo y dando a espacios a los peatones, en zonas que ahora están rodeadas de árboles y vegetación.
El mayor logro fue hace un año atrás, cuando se inauguró la primera selva urbana en la Plaza de Cataluña en el distrito 14-: 470 árboles trees como un pulmón verde suman frescor al lugar, absorben dióxido de carbono, limpian el aire y permiten que animales y plantas prosperen en el corazón parisino, como parte de un plan maestro mayor para toda París.
La 9 de Julio podría transformarse en un bosque urbano para disfrutar
Repensar lo que ya está dado tiene un potencial inmenso. ¿Qué tal si les dijeran que en plena Capital de Argentina se puede transformar Cerrito y Pellegrini en calles de convivencia, rediseñar los bulevares laterales, ampliar veredas y sumar ciclovías de calidad? Ésa es la propuesta desde MUTA (Movimiento Urbano de Transición Ambiental) y el IDUF (Instituto para los Desafíos Urbanos del Futuro)
La meta que proponen permitiría redistribuir esta porción de la 9 de Julio -considerada una de las avenidas más anchas del mundo- para crear un corredor verde donde, según cálculos preliminares, se podrían plantar más de 10.000 árboles y arbustos nativos. De esta manera, se convertiría en un nuevo hábitat para aves, mariposas y pequeños polinizadores, reforzando la biodiversidad urbana.
Este “bosque urbano lineal” podría ser esencial para mitigar la isla de calor: hoy, las superficies asfaltadas pueden alcanzar temperaturas hasta 8 grados mayores que las zonas verdes. El proyecto también se contempla como una infraestructura de adaptación hídrica a grandes lluvias.
En otra ciudades americanas ya se ha implementado soluciones similares, por ejemplo en la Avenida Paulista de São Paulo (Brasil) y en la Avenida Carrera Séptima de Bogotá (Colombia). “El desafío es reequilibrar los usos y devolver la calle a las personas. Las soluciones abundan; lo que falta son ideas que no tengan al extractivismo urbano y al desarrollo inmobiliario como único objetivo”, opinan desde Desafíos Urbanos.