Reparar es más caro que prevenir: Greenpeace llama a priorizar la adaptación climática

© ALEJANDRO ZO„EZ/AGENCIA GRADUA

La organización advierte que el país ha destinado más de mil millones de dólares tras diferentes eventos climáticos extremos, y plantea que la adaptación debe convertirse en una política de Estado para reducir los impactos humanos y económicos de futuras emergencias.

Santiago, julio de 2026. En los últimos años, Chile ha destinado más de US$1.000 millones a enfrentar algunos de los principales desastres asociados a precipitaciones extremas de la última década. Sin embargo, expertos advierten que el país sigue planificando ciudades, infraestructura y territorios bajo un paradigma climático que ya cambió. Mientras un nuevo sistema frontal afecta gran parte del país, Greenpeace llamó a acelerar la adaptación climática y dejar de concentrar los esfuerzos únicamente en reconstruir después de cada emergencia. 

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Según datos recabados por la organización, solo las inundaciones de junio de 2023 representaron un costo fiscal de US$536 millones, mientras que los aluviones que afectaron Atacama y Antofagasta en 2015 obligaron al Estado a movilizar más de US$500 millones para la reconstrucción. A esto se suman las inversiones realizadas para reparar los socavones de Viña del Mar, que a 2025 ya superaban los $32.000 millones, y los nuevos recursos extraordinarios que comenzaron a activarse en los últimos días para enfrentar el más reciente sistema frontal.

No es “mal tiempo”, es la crisis climática golpeando nuestra puerta

Firma para pedir medidas urgentes para mitigar y prevenir los impactos de la devastadora crisis climática

Cada vez que enfrentamos un temporal importante volvemos a preguntarnos si habrá inundaciones, cortes de servicios o daños en infraestructura. Sin embargo, seguimos discutiendo muy poco cómo evitar que estos eventos se transformen en desastres. La adaptación climática no puede seguir siendo una respuesta reactiva; debe convertirse en una prioridad permanente para proteger a las personas y al país“, señala Roxana Núñez, encargada de Incidencia de Greenpeace Andino,

Greenpeace recordó que los eventos meteorológicos extremos forman parte de la variabilidad natural del clima, pero advirtió que la crisis climática incrementa el riesgo de impactos más severos, haciendo aún más urgente fortalecer la resiliencia de ciudades, infraestructura y comunidades, haciendo un llamado a avanzar en una estrategia nacional de adaptación climática que priorice la prevención, la planificación territorial, la protección de infraestructura crítica y soluciones que permitan reducir los costos humanos, sociales y económicos de futuras emergencias.

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De acuerdo con los expertos, el principal problema ante estos eventos extremos no está en la respuesta, sino en la falta de planificación para minimizar sus efectos, y coinciden en que el mayor riesgo surge no desde el fenómeno natural específico, sino desde la vulnerabilidad de los territorios. En general, existe un consenso sobre que la adaptación al cambio climático no consiste únicamente en responder mejor a las emergencias, sino en tomar decisiones distintas sobre cómo planificamos, protegemos e invertimos en nuestros territorios para reducir los riesgos antes de que ocurran los próximos desastres. 

Sofia Yanjari / Greenpeace

Para Cecilia Ibarra, investigadora del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) y profesora asistente de la Facultad de Gobierno de la Universidad de Chile, nuestro país mantiene importantes deudas en prevención, regulación e inversión frente a los eventos extremos. La prioridad es prevenir, y para eso se necesita regular e invertir”, sostiene. Esto implica mantener altos estándares de evaluación ambiental, actualizar los planes reguladores, conservar cauces y reforzar riberas, además de incorporar criterios climáticos en las inversiones destinadas a prevenir inundaciones y remociones en masa.

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Por su parte, Pamela Smith, también investigadora del CR2 y académica de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile, señala que este sistema frontal vuelve a mostrar que el riesgo no es únicamente meteorológico, sino también territorial. “Chile ha planificado históricamente pensando en un clima estable, cuando la evidencia acumulada, especialmente en los últimos años, muestra que la variabilidad climática está aumentando la frecuencia e intensidad de estos fenómenos”, advierte. De acuerdo con la experta, esta falta de planificación adecuada deriva en que los mayores daños se den en quebradas, planicies de inundación y sectores cercanos a humedales, reflejando el impacto acumulado de decisiones de planificación territorial que no incorporaron adecuadamente el riesgo, y son las comunidades más vulnerables las que enfrentan las consecuencias más severas de esta negligencia.

De acuerdo con Gabriela Azócar de la Cruz, investigadora asociada del CR2 y coordinadora académica del Magíster en Análisis Sistémico Aplicado a la Sociedad de la Universidad de Chile, los ecosistemas cumplen un rol fundamental en la reducción del riesgo de desastres socioambientales. “Invertir en la protección y conservación de estos ecosistemas puede ser más efectivo y eficiente que construir infraestructuras de alto costo orientadas a resolver problemas puntuales”, afirma. Explica que humedales, bosques, cuencas y otros ecosistemas actúan como mitigadores naturales al abordar simultáneamente distintos riesgos. Por ejemplo, un bosque puede disminuir la probabilidad de remociones en masa, favorecer la infiltración del agua durante lluvias intensas y generar paisajes más resilientes frente a incendios forestales. Además, destaca que estos ecosistemas aportan beneficios que van más allá de la reducción del riesgo, como la regulación de la temperatura, la mejora de la calidad del aire y el desarrollo de actividades recreativas y económicas. 

Azócar señala que Chile cuenta con una política nacional renovada orientada a fortalecer la preparación y la prevención frente a los desastres, y destaca que los eventos recientes muestran avances en la capacidad de respuesta, especialmente en la zona centro-sur del país. Sin embargo, advierte que una de las principales lecciones que dejan los sistemas frontales es la necesidad de fortalecer la gestión del riesgo en la zona norte y de avanzar hacia una planificación adaptada a las características climáticas, territoriales y sociales de cada lugar. “Una política nacional homogénea no es efectiva“, sostiene, enfatizando la importancia de reforzar la descentralización en el diseño de planes y soluciones para cada territorio.

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Las recientes opiniones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y de la Corte Internacional de Justicia marcaron un precedente al reafirmar que los Estados tienen obligaciones para proteger a las personas frente a la crisis climática. Ambos tribunales sostienen que enfrentar sus impactos ya no es solo una aspiración de política pública, sino una responsabilidad vinculada a la protección de los derechos humanos, especialmente de las comunidades más expuestas y vulnerables. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, “la justicia climática implica que la equidad y los derechos humanos ocupen un lugar central en la toma de decisiones y las acciones en materia de cambio climático”.

En ese contexto, la abogada de Greenpeace señala que la adaptación al cambio climático no puede limitarse a reaccionar cuando ocurre una emergencia, sino que debe traducirse en decisiones concretas para reducir los riesgos antes de que ocurran los desastres. Para esto, la abogada sostiene que “la justicia climática también significa proteger a quienes históricamente han soportado los mayores impactos sociales y económicos de la crisis climática. Proteger los ecosistemas, planificar mejor los territorios e invertir en prevención no es solo una decisión ambiental: es una forma de proteger derechos y de cuidar la vida“.

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Author: Prensa Chile

Lluvias recuerdan que el desafío no es solo eliminar bolsas, sino reducir la producción de residuos plásticos

A ocho años de la Ley Chao Bolsas Plásticas

Las precipitaciones de las últimas semanas volvieron a evidenciar cómo los residuos abandonados terminan acumulándose en alcantarillas, cauces y riberas. Greenpeace reconoce el avance que significó la prohibición de las bolsas plásticas de comercio, pero advierte que Chile debe avanzar hacia una reducción efectiva de los plásticos desechables y una mayor responsabilidad de quienes los ponen en el mercado.

03 de agosto, 2026. Los intensos sistemas frontales que han afectado a distintas regiones del país durante las últimas semanas dejaron nuevamente una imagen conocida: residuos acumulados en alcantarillas, canales, quebradas, cauces urbanos y, finalmente, playas y borde costero. En ese contexto, cuando este 3 de agosto se cumplen ocho años de la entrada en vigencia de la Ley N°21.100, conocida como “Chao Bolsas Plásticas“, Greenpeace destaca que la normativa marcó un cambio importante en la forma en que el país enfrenta la contaminación por plásticos, aunque advierte que el problema sigue lejos de estar resuelto.

Cabe recordar que Chile fue el primer país de América Latina en prohibir la entrega de bolsas plásticas en el comercio. Antes de la entrada en vigor de la ley se estimaba que en el país se utilizaban cerca de 3.400 millones de bolsas al año y, según el Ministerio del Medio Ambiente, hacia 2020 su implementación ya había evitado la entrega de aproximadamente 4.800 millones de bolsas plásticas.

Pese a lo anterior, según la organización, el escenario actual demuestra que la contaminación por plásticos continúa siendo un problema estructural. El Plan de Invierno 2026 considera el retiro preventivo de cerca de 4.000 toneladas de basura desde la red de alcantarillado de la Región Metropolitana, mientras que durante 2025 ya se extrajeron más de 4.100 toneladas de residuos de ese sistema, incluyendo plásticos, neumáticos, textiles, aceites solidificados y otros desechos. Aunque no existe un desglose oficial que permita identificar qué proporción corresponde específicamente a residuos plásticos, la evidencia muestra que estos forman parte de los materiales que deben retirarse año tras año.

“La lluvia no crea la basura: revela y moviliza los residuos que ya estaban abandonados en nuestras ciudades. Cuando aparecen bolsas, botellas y otros plásticos en alcantarillas, canales y ríos, estamos observando el resultado de una gestión deficiente que comienza mucho antes de la tormenta, afirma Silvana Espinosa, experta en Clima y Ecosistemas de Greenpeace.

En efecto, las precipitaciones movilizaron residuos que pueden haber permanecido durante meses o incluso años acumulados en calles, quebradas, riberas, vegetación y sedimentos. Parte de ellos terminó obstruyendo la infraestructura urbana y otra parte continúa desplazándose hacia ríos, estuarios y zonas costeras, donde agrava la contaminación de los ecosistemas acuáticos. De hecho, diversas investigaciones científicas han demostrado que los eventos de crecida aumentan el transporte de plásticos desde las cuencas hacia los cursos de agua, mientras que un estudio publicado en Science Advances concluyó que más de mil ríos concentran cerca del 80% de las emisiones fluviales de plástico que llegan al océano.

“A ocho años de la Ley Chao Bolsas Plásticas, Chile puede reconocer un cambio importante en los hábitos de consumo. Pero prohibir la bolsa del comercio fue solo el primer paso: todavía debemos reducir la producción de desechables, exigir mejores diseños y asegurar que las empresas se hagan responsables de los residuos que generan”, agrega Espinosa.

En este contexto,  la vocera de Greenpeace destaca que durante los últimos años Chile ha dado pasos importantes con leyes como Chao Bolsas Plásticas, la de Plásticos de un Solo Uso o la de Responsabilidad Extendida del Productor (REP), normas que buscan avanzar hacia una mayor responsabilidad de quienes ponen productos y envases en el mercado. Sin embargo, la organización advierte que su implementación aún no ha logrado traducirse plenamente en una reducción efectiva de los residuos, por lo que, en la práctica, gran parte del esfuerzo sigue recayendo en las personas consumidoras y el Estado.

“No es razonable ni económicamente viable que el Estado, los municipios y las personas tengan que retirar cada invierno miles de toneladas de basura desde alcantarillas y cauces. La prevención debe comenzar en el diseño, la producción y la comercialización, no solamente cuando el residuo ya está obstruyendo la ciudad o llegando a los ríos, señala la especialista.

De este modo, desde Greenpeace enfatizan que el principal desafío es avanzar hacia una economía donde se produzcan menos residuos desde el origen. “La Ley REP establece que quien introduce envases al mercado debe financiar su gestión. El desafío ahora es que esa obligación se traduzca finalmente en menor producción de residuos, mayor reutilización, recolección efectiva y productos que no estén diseñados para convertirse rápidamente en basura”, puntualiza Espinosa.

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Author: Prensa Chile

Greenpeace presenta acción en defensa de la cuenca del río Maipo 

Credito: Felipe Zanotti

La organización recurrió al Comité de Ministros para solicitar la revisión de la aprobación ambiental del proyecto Puerto Exterior de San Antonio, el que estiman no tomó en consideración las observaciones ciudadanas hechas en su tramitación, poniendo en riesgo a todo el cauce ribereño y a comunidades de las regiones de Valparaíso y Metropolitana.

31 de julio, 2026. Greenpeace presentó una reclamación ante el Comité de Ministros para impugnar la aprobación ambiental del proyecto Puerto Exterior de San Antonio, otorgada el pasado 9 de junio por la Comisión de Evaluación Ambiental (COEVA) de la Región de Valparaíso. En este documento, la organización sostiene que, al aprobar el proyecto, la autoridad no respondió ni consideró debidamente diversas observaciones ciudadanas presentadas durante el proceso de evaluación ambiental, por lo que solicita que esa decisión sea revisada por la máxima instancia político-administrativa del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA).

La acción se presentó luego que el propio titular del proyecto, la Empresa Portuaria San Antonio (EPSA), también recurriera al Comité de Ministros para cuestionar parte de las exigencias impuestas por la autoridad ambiental. Para Greenpeace, este hecho confirma que ha sido la propia empresa la que ha prolongado la tramitación del proyecto: primero, al ingresar en 2020 un Estudio de Impacto Ambiental que debió ser complementado y corregido en reiteradas oportunidades para cumplir con los estándares exigidos por la institucionalidad y, ahora, al impugnar las medidas establecidas por la autoridad para hacerse cargo de esos mismos impactos.

“Nuestra reclamación busca que el Comité de Ministros revise una aprobación ambiental que no se hizo cargo adecuadamente de las observaciones presentadas por la ciudadanía y que, al mismo tiempo, se produce mientras el propio titular intenta reducir drásticamente las exigencias ambientales establecidas para su proyecto. Eso demuestra que aquí no estamos frente a un proyecto que haya sido retrasado por la participación ciudadana, sino frente a una iniciativa que debió ser mejorada de manera sustantiva durante su evaluación y que, aun así, sigue representando riesgos relevantes para un ecosistema tan frágil como la cuenca del río Maipo, desde los glaciares hasta su desembocadura en el mar”, señaló Roxana Núñez, abogada de Greenpeace.

La abogada de la organización enfatizó que el país necesita desarrollar proyectos de inversión que impulsen el empleo y fortalezcan la infraestructura estratégica. Sin embargo, sostuvo que ese desarrollo debe ser compatible con la protección ambiental y con una adecuada planificación territorial, especialmente cuando se trata de intervenciones de gran escala sobre ecosistemas de alta relevancia ecológica.

En ese sentido, Greenpeace planteó que la discusión trasciende este proyecto en particular y abrió una pregunta de fondo sobre el desarrollo portuario del país: si Chile requiere concentrar gran parte de su expansión logística en un solo megaproyecto o avanzar hacia un fortalecimiento más equilibrado de la red de puertos existente, reduciendo los impactos ambientales para los distintos territorios.

Las preocupaciones de Greenpeace son compartidas por diversas organizaciones de la sociedad civil y comunidades que también presentaron acciones para la revisión del proyecto, argumentando que sus observaciones no fueron debidamente consideradas y que persisten ilegalidades relevantes sobre la biodiversidad, la salud de las personas y el funcionamiento de la cuenca del río Maipo.

Para las comunidades, evaluar el megaproyecto como una intervención aislada desconoce la interdependencia ecológica entre los glaciares, el río Maipo, su desembocadura y el océano Pacífico. En particular, advierten que la construcción del molo portuario podría alterar el transporte natural de sedimentos, modificar el estuario e incrementar el riesgo de inundaciones durante eventos climáticos extremos.

No podemos entender los glaciares como masas de hielo aisladas en la alta montaña. Proteger la naciente helada de la cuenca tiene como fin garantizar que el ciclo hidrológico fluya de cordillera a mar. Si el río Maipo no logra llegar al océano debido a la intervención severa de su estuario y la retención de sus sedimentos, el ciclo ecológico completo de la cuenca se fractura. La salud de los glaciares y la cuenca hidrológica está ética y sistémicamente ligada a que las aguas fluyan y permanezcan libres hasta el Pacífico”, afirmó Constanza Espinoza, representante de Fundación Glaciares Chilenos.

Por su parte, desde ONG Ecosistemas argumentaron que llevan años “resistiendo” la extracción desmedida por diversas industrias, la contaminación y el deterioro del Río Maipo: “Este río es la arteria vital de las regiones Metropolitana y de Valparaíso. Aceptar una RCA que aprueba un molo de 4 kilómetros, sabiendo que actuará como una barrera de sedimentos que provocará el embancamiento de la desembocadura, afectando el ciclo hídrico e incrementará el riesgo de inundaciones en eventos extremos, es condenar al colapso definitivo a una cuenca que ya está al límite, Chile debe pensar en proyectos para su protección y restauración de la cuenca más importante de la zona central vs este tipo de proyectos”.

Para Roxana Núñez, abogada de Greenpeace, la discusión que abre este proyecto trasciende las acciones presentadas por las diversas organizaciones y comunidades locales, planteando una pregunta de fondo sobre el desarrollo que Chile necesita. Chile necesita mejorar su infraestructura y logística portuaria y avanzar en proyectos que impulsen el desarrollo del país. Esa discusión no está en cuestión. Lo que debemos preguntarnos es si este es realmente el proyecto que Chile necesita; un proyecto que arrasa con el territorio y con sus funciones ecosistémicas, incluida su enorme relevancia en materia de resiliencia climática, como quedó comprobado con los últimos sistemas frontales; un proyecto que en seis años no ha sido capaz de mejorar sus graves problemas. Vale la pena perseverar con proyectos que amenazan ecosistemas, comprometen la biodiversidad y ponen en riesgo a las comunidades. Creemos que no”, aseguró la abogada

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Author: Prensa Chile

Día Mundial de las Ballenas y los Delfines: los gigantes que protegen al planeta

Se cumplen 40 años desde la primera vez que se conmemoró el Día Mundial de las Ballenas y los Delfines. Desde entonces, cada 23 de julio -por  iniciativa de la Comisión Ballenera Internacional (CBI)-, se busca generar conciencia sobre la importancia de estos animales que no sólo son maravillas de la naturaleza sino ingenieros ecosistémicos indispensables.

Greenpeace está ligado a la protección de las ballenas desde sus inicios. De hecho, fuimos un actor fundamental para lograr que la CBI decretara, en 1982, una moratoria a la caza comercial que se hizo efectiva cuatro años después (y que esta efeméride recuerda). Este logro tuvo consecuencias muy positivas, como lograr que especies icónicas, como la ballena jorobada, regresaran del borde de la extinción, logrando restablecerse con éxito en varias de sus rutas históricas.

Sin embargo, países como Japón, Islandia y Noruega pasaron por alto la normativa intencional y continuaron con las capturas bajo la implementación de un falso programa científico. Para fines del siglo XX, se estimó que la caza comercial llevó a la desaparición de tres millones de ballenas. 

Considerando que al día de hoy no sólo hay que defenderlos de la caza con arpón, es un buen momento para que sigamos hablando sobre las ballenas y los delfines para conocerlos y entender que sin ellos, no hay clima estable ni océanos saludables.

¿Cuál es la situación actual de las poblaciones de ballenas y delfines? 

Lamentablemente, alrededor de un tercio de las especies de cetáceos del mundo están en peligro crítico. Para entender la magnitud de la amenaza, podemos citar casos extremos como la ballena franca del Atlántico Norte, de la cual quedan menos de 250 ejemplares, o la vaquita marina en México.

En tanto, también las 5 especies de delfines de río (como el delfín rosado del Amazonas o el del Ganges) se encuentran en la misma situación alarmante. Las causas detrás de esta triste realidad son la contaminación y fragmentación de hábitats, que han hecho caer las subpoblaciones por debajo de los 100 individuos.

¿Cuáles son los principales peligros que acechan a ballenas y delfines? 

Son diversos los peligros que acechan a ballenas y delfines, entre ellos la contaminación acústica generada por prospecciones sísmicas que buscan combustibles fósiles en el lecho marino, el choque contra embarcaciones de carga pesada producto del aumento del tráfico marítimo y la ingestión masiva de microplásticos y desechos plásticos que inundan su hábitat. 

La captura incidental en redes de pesca industrial (conocida como  bycatch) es otro gran peligro. Esta causa por sí sola se estima que provoca la muerte de unas 300.000 ballenas y delfines al año a nivel global.

¿Cuáles son las especies de delfines y ballenas que viven en Chile? 

En nuestras aguas podemos encontrar al animal más grande de la Tierra: la Ballena Azul (Balaenoptera musculus).  Tiene sus áreas críticas de alimentación al noroeste de la Isla de Chiloé y el Golfo de Corcovado, donde se han censado al menos 100 individuos. Esta maravilla se ve amenazada principalmente por las colisiones con grandes embarcaciones mercantes y la destructiva industria salmonera.

La Ballena Jorobada (Megaptera novaeangliae) frecuenta los canales australes de la Patagonia chilena. Sufre enredos constantes en la infraestructura pesquera y acuícola abandonada.

Cría de ballena jorobada, de aproximadamente 10 semanas de edad, muy juguetona y mostrando sus nuevas habilidades para golpear la cola.
Cría de ballena jorobada.
Ballena Franca Austral.

Otros cetáceos que habitan aguas de Chile son franca austral, jorobada, rorcual común, minke enana, sei, de Bryde, franca pigmea, minke antártica. 

¿Qué se puede hacer para protegerlos? 

Hay que tener en cuenta que las ballenas y delfines recorren los corredores biológicos de América del Sur. Entonces, si queremos cuidarlos de verdad, debemos empezar por proteger sus rutas migratorias, para que puedan desarrollarse y prosperar. Y esto sólo puede lograrse si hay una acción unificada para poner fin a la impunidad corporativa en el mar

Se presentaron mensajes a diplomáticos y políticos señalando que «Polonia tiene una oportunidad única en una generación, durante su presidencia del Consejo de la UE, para liderar el proceso de ratificación del Tratado Global de los Océanos».

El Tratado Global de los Océanos, que puede proteger el 30% de las aguas internacionales para 2030, es una herramienta central para cambiar esta historia. En América Latina y el Caribe, sólo han ratificado cinco países: Chile, Cuba, Belice,  Panamá y  Santa Lucía. Desde Greenpeace exigimos la ratificación e implementación efectiva cuanto antes.

Tal vez haya que cerrar diciendo lo obvio, las ballenas y los delfines merecen vivir en un planeta sano -como todos los seres vivos que habitamos este planeta- porque, además de todo, son nuestros aliados. Por ejemplo, las ballenas ayudan a mitigar la crisis climática -la misma que causa la actividad humana- al capturar dióxido de carbono (33 toneladas de CO2 en su cuerpo a lo largo de su vida que, al morir, Bse fija en el fondo marino) y al multiplicar el fitoplancton gracias a sus rutas de alimentación, contribuyendo indirectamente a la producción del 50% del oxígeno del planeta de la atmósfera terrestre.

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Author: Meri Castro

Clima extremo: las amenazas y riesgos de eventos meteorológicos cada vez más intensos

Fotos: Medio La Tercera.

Desde la alerta por fuertes vientos y trombas marinas en La Araucanía hasta la llegada de un intenso río atmosférico que afectará a gran parte del país, esta semana Chile enfrentará una nueva sucesión de fenómenos meteorológicos extremos. Con esto, se vuelve a poner sobre la mesa una pregunta clave: ¿está preparado Chile para enfrentar un clima donde las lluvias intensas, los incendios y los eventos extremos serán cada vez más frecuentes

Santiago. 14 de julio, 2026. La llegada de un intenso río atmosférico que dejará abundantes precipitaciones entre Atacama y Biobío, junto con fuertes vientos pronosticados para el sur del país, marcará esta semana el primer gran sistema frontal que enfrentará Chile desde que la Dirección Meteorológica confirmó el establecimiento de condiciones de El Niño en el Pacífico ecuatorial en pasado 1 de julio. Si bien ningún fenómeno meteorológico puede atribuirse exclusivamente a este evento climático, especialistas coinciden en que su presencia favorece un escenario con mayores probabilidades de precipitaciones intensas durante el invierno y la primavera.

Fotos: Medio La Tercera.

Aunque los ríos atmosféricos forman parte de la dinámica natural del clima, la comunidad científica advierte que hoy se desarrollan en un planeta más cálido, donde la atmósfera contiene mayor cantidad de energía y vapor de agua. Esa combinación puede favorecer precipitaciones mucho más intensas y aumentar el riesgo de inundaciones, remociones en masa y otros impactos sobre las personas y la infraestructura.

“Este sistema frontal es un ejemplo de cómo distintos factores pueden coincidir y aumentar el riesgo para las personas. El Niño puede favorecer un invierno más lluvioso en Chile, pero además estamos viviendo una crisis climática que está cargando de más energía a la atmósfera. Esa combinación hace que eventos como éste puedan ser más intensos y tener consecuencias más severas para las comunidades y los territorios. No hablamos de fenómenos aislados, sino de un sistema climático que está cambiando y que cada vez cuesta más pronosticarlo”, explica Silvana Espinosa, experta en Clima y Ecosistemas de Greenpeace.

La importancia de la adaptación climática en Chile

Sobre los efectos que podría tener El Niño en Chile y el escenario que enfrenta actualmente el país, el geógrafo y académico de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la Universidad de Chile, Pablo Sarricolea, advierte que “se espera más lluvia este segundo semestre que en años normales, lo que de acuerdo con los modelos podría ocurrir desde julio en adelante“. 

Considerando aquello, el académico recomienda prepararse para la ocurrencia de lluvias en cotas más altas, un fenómeno que en años recientes ha provocado deslizamientos, crecidas de caudales e inundaciones, especialmente en la zona central del país. A la vez, resultará clave prepararse para una primavera con algo de lluvias (que afectarán la agricultura) y un verano con olas de calor.

Pamela Smith, también académica de la FAU, plantea que la experiencia de los últimos años permite fortalecer la adaptación frente a eventos extremos mediante medidas como la limpieza de drenajes y cauces, la protección de infraestructura crítica, la identificación de zonas vulnerables y la incorporación de Soluciones Basadas en la Naturaleza y Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible en la planificación territorial.

“Muchas de estas estrategias (y otras) están siendo consideradas en instrumentos a escala nacional, regional y comunal en nuestro país, a través de planes de adaptación y acción climática, y planes de reducción de riesgo de desastres, que se encuentran en el marco de la implementación de la Ley Marco de Cambio Climático y la Ley de Reducción del Riesgo de Desastres. Estos eventos nos recuerdan la importancia de seguir fortaleciendo la formulación e implementación de estos instrumentos, ya que sus acciones impactan de manera significativa el bienestar y calidad de vida de nuestros habitantes”, sostiene Smith, a la vez que añade que es fundamental lograr avanzar en integrar sinérgicamente la gestión del riesgo de desastres con la adaptación climática sectorial a las diferentes escalas y sectores.

Las recomendaciones de los especialistas apuntan en la misma dirección: prepararse ya no puede ser una tarea reactiva, sino una política pública permanente. En ese contexto, Espinosa advierte que ya no basta con responder cada vez que se anuncia un sistema frontal. “El país necesita una estrategia clara para enfrentar un clima que está cambiando y, lamentablemente, esto no parece ser una prioridad para la actual administración”, asegura la vocera.

A su juicio, mientras el Ejecutivo ha impulsado diversas políticas para enfrentar el crimen organizado o fortalecer la economía -ambas materias fundamentales para el país-, no se observa el mismo nivel de urgencia para avanzar en una estrategia de seguridad climática; pese a que proteger a las personas y fortalecer la capacidad de respuesta del país debería convertirse en una prioridad de Estado, sobre todo en un escenario de eventos meteorológicos cada vez más intensos y frecuentes.

“Cada invierno nos cuestionamos si habrá suficientes cuadrillas, si se cortarán los servicios básicos o si los ríos se desbordarán, mientras que en verano nos preguntamos qué ciudad o pueblo arderá con los incendios forestales. Pero casi nunca discutimos cuál es el plan del país para enfrentar una realidad donde estos eventos ya no son excepcionales. ¿Cómo se está preparando Chile? ¿Estamos invirtiendo lo suficiente para adaptar nuestras ciudades, proteger la infraestructura crítica y reducir los riesgos para las comunidades? Esa conversación debería ser tan prioritaria como cualquier debate sobre delincuencia o desarrollo económico, ya que esta también es una discusión sobre seguridad, infraestructura crítica y calidad de vida”, concluye.

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Author: Prensa Chile