Declaración pública de Greenpeace sobre el avance de la megarreforma

Las impactantes imágenes desde el centro de cultivo de la empresa Camanchaca en el sector de Porcelana, en el Fiordo Comau, en donde se pueden presenciar los niveles de putrefacción que tienen los salmones muertos, y como en el proceso de aspirado de estos para su retiro, se vierten al mar, fuera de las jaulas, donde además se pueden ver  aguas contaminadas con restos biológicos

Desde Greenpeace queremos expresar nuestra absoluta preocupación por la forma en que se ha tramitado esta megarreforma, marcada por la improvisación del Ejecutivo y una discusión parlamentaria acelerada, realizada bajo presión y sin el tiempo necesario para un análisis técnico y jurídico acorde con la complejidad de las materias en debate. No sólo se impuso una tramitación extraordinariamente rápida en la Comisión de Medio Ambiente para revisar más de una docena de artículos relacionados con la protección ambiental dentro de este extenso paquete legislativo, sino que, además, el Gobierno ingresó indicaciones sustantivas a última hora, otorgando apenas unas horas a los parlamentarios para conocerlas, analizarlas y votarlas, sin posibilidad de contrastarlas con expertos ni de sostener un debate informado.

Las consecuencias de este proceso quedaron en evidencia durante la votación en la Comisión de Medio Ambiente del Senado, cuando tres senadores -dos de ellos integrantes de la instancia-, luego de no llegar a acuerdos sobre el mecanismo de presentación de indicaciones, abandonaron la sesión frente a la negativa del Ejecutivo de abrir un espacio de diálogo sobre la gravedad de las disposiciones que estaban siendo sometidas a votación.

Las impactantes imágenes desde el centro de cultivo de la empresa Camanchaca en el sector de Porcelana, en el Fiordo Comau

Así, bajo una presión impropia para la relevancia de estas decisiones, los senadores debieron resolver en tiempo récord asuntos que tendrán efectos permanentes sobre el patrimonio ambiental del país, las comunidades y las economías locales. Entre ellos, destacan normas relativas a la salmonicultura, modificaciones a la institucionalidad ambiental y la controvertida figura de las denominadas “indemnizaciones” para la industria.

En materia de salmonicultura, resultan especialmente preocupantes las disposiciones sobre micro- relocalizaciones y relocalizaciones en áreas protegidas. La definición de micro-relocalización fue incorporada por el Ejecutivo recién el lunes, al término de la jornada, pocas horas antes de su votación, y continúa generando serias dudas debido a la falta de antecedentes técnicos que la respalden. Desde una perspectiva ambiental, no existen estudios ni proyecciones que permitan evaluar cómo cambiará la dispersión o acumulación de residuos en las nuevas áreas concesionadas; mientras que desde el punto de vista administrativo, tampoco existe claridad respecto de qué concesiones podrán acogerse a este mecanismo ni sobre la carga ambiental adicional que ello implicaría para los ecosistemas.

Igualmente preocupante fue la discusión sobre la posibilidad de trasladar concesiones salmoneras desde parques nacionales hacia otras áreas protegidas como reservas nacionales o Áreas Marinas Costeras Protegidas de Múltiples Usos (AMCP-MU), sin considerar el historial de incumplimientos ambientales de las empresas beneficiadas ni los límites de carga de estas zonas. Un ejemplo de ello es la eventual relocalización de al menos nueve concesiones de Nova Austral desde el Parque Nacional Alberto de Agostini hacia la Reserva Nacional Kawésqar (segunda área protegida más grande de Chile) pese al extenso historial de infracciones registradas por la empresa en ese parque, que incluye sobreproducción, daño al fondo marino, manejo inadecuado de mortalidades, deficiente gestión de residuos, alteración artificial del fondo marino y ocultamiento de información, entre otras conductas que han derivado en múltiples sanciones e, incluso, en la revocación de varios permisos ambientales.

A ello se suman modificaciones profundamente regresivas para la protección ambiental, como la eliminación de la posibilidad de invalidar Resoluciones de Calificación Ambiental favorables. De aprobarse esta reforma, dejaría de existir un mecanismo fundamental para revisar la legalidad de las resoluciones que aprueban proyectos con impactos ambientales. 

En la misma línea, resulta especialmente preocupante la insistencia del Ejecutivo en incorporar la denominada “indemnización por falta de servicio” -antes presentada como restitución de gastos– para aquellos casos en que una Resolución de Calificación Ambiental sea anulada judicialmente. La propuesta parte de la premisa de que toda nulidad ambiental constituye un “error del Estado”, trasladando la determinación de las compensaciones a un tribunal arbitral. Esta lógica no sólo desincentiva el control judicial de actos ilegales, sino que además instala un precedente que privilegia la certeza económica de las empresas por sobre la correcta aplicación de la legislación ambiental, y podría permitir que proyectos de menor calidad o derechamente malos sean aprobados y, posteriormente, pagados por todos los chilenos. Es por esto que parlamentarios de oposición ya anunciaron que acudirían al Tribunal Constitucional para revisar esta normativa.

Más allá del contenido específico de cada una de estas disposiciones, lo ocurrido durante esta tramitación evidencia una forma de legislar incompatible con la trascendencia de las decisiones que están en juego. Reformar normas que resguardan el patrimonio ambiental del país exige deliberación, participación de las comunidades, evidencia científica y debate democrático, no votaciones apresuradas ni indicaciones ingresadas a última hora. Cuando se debilitan los espacios de análisis y participación, no sólo se pone en riesgo la calidad de las leyes, sino también la confianza ciudadana en las instituciones encargadas de proteger el interés público y el medio ambiente.

Es por ello que desde Greenpeace hacemos un llamado a la ciudadanía a informarse sobre el alcance de esta reforma y a exigir a sus representantes un debate serio, transparente y basado en evidencia. Este proyecto aún debe ser discutido en la Comisión de Trabajo, volver a la Comisión de Hacienda y posteriormente ser votado en la Sala del Senado, por lo que todavía existe la oportunidad de corregir aquellas disposiciones que ponen en riesgo la protección ambiental y debilitan las instituciones encargadas de resguardar el interés público.

Chile necesita una legislación que entregue certezas para el desarrollo, pero también garantías para las comunidades, la protección de los ecosistemas y un crecimiento económico sostenible en el mediano y largo plazo. Nada de eso se consigue con una tramitación apresurada ni con normas que terminan favoreciendo, de manera desproporcionada, a industrias que mantienen un amplio historial de incumplimientos ambientales. Hoy más que nunca, esperamos que el Senado ejerza plenamente su rol, legisle pensando en el bien común y no en intereses particulares, y resguarde un patrimonio natural que pertenece a todas y todos los habitantes del país, así como a las futuras generaciones.

Roxana Núñez, abogada de Greenpeace.

Go to Source
Author: Prensa Chile

Día Mundial de la Conservación del Suelo: qué es y por qué es importante protegerlo 

Cada 7 de julio, el Día Mundial de la Conservación del Suelo nos brinda la oportunidad de volver la mirada hacia un ecosistema silencioso, pero indispensable. Comprender su importancia es el primer paso para proteger la biodiversidad que resguarda y los beneficios que aporta a toda la vida en el planeta. 

© Greenpeace

¿Qué es el suelo? 

Es difícil proponer que se entienda y valore el suelo cuando la mitad de la población mundial vive en áreas urbanas y, por ende y con lógica, una gran mayoría cree que estamos hablando del pavimento o de las baldosas por las que circulan a diario. 

Para empezar, entonces, se hace necesario decir que el suelo es algo mucho más rico y vital para nuestra existencia de lo que creemos. De hecho, nos provee del 95?% de nuestros alimentos. Estamos hablando de la capa más superficial del planeta conformada por roca y materia orgánica donde viven millones de microorganismos y animales, bacterias, hongos, todo un universo microscópico que habita debajo de la manta artificial del asfalto. 

Para comprender mejor, podemos decir que en este mismo momento, si el suelo está sano, bajo nuestros pies están ocurriendo infinitos procesos físicos y químicos, que generan riqueza orgánica y son una pieza clave del equilibrio del mundo. 

De ahí, que el suelo se convierte en el medio natural para el crecimiento de las plantas además de cumplir otros roles claves, como retener agua, almacenar carbono y ayudar a regular la temperatura atmosférica.

El suelo es tan increíble que también le cabe esta definición de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO): “es el producto final de la influencia del tiempo combinado con el clima, topografía, organismos (flora, fauna y ser humano), de materiales parentales (rocas y minerales originarios)”.

En definitiva, estamos hablando de una gran reserva de biodiversidad que, sin embargo, no cuidamos como corresponde. Así es que 33?% de los suelos están degradados, según reporta FAO. En especial actividades como la ganadería y la agricultura amenazan su equilibrio debido al uso desmedido de agroquímicos y maquinarias. También las inundaciones, sequías, y otros eventos potenciados por la crisis climática, lo dañan de manera irreparable llevando a la muerte a ácaros, colémbolos, escarabajos. En esos momentos, ocurre una catástrofe ambiental silenciosa, de la que buena parte del mundo no se entera. 

Los animales y microorganismos que dan vida al suelo están desapareciendo 

Quema de turberas en North York Moors, Reino Unido.
Árboles y tierras azotadas por la sequía – Documentación sobre sequías en Australia.

Hasta ahora podemos decir que hay más organismos vivos en una cucharada de suelo sano que personas en la Tierra. Sin embargo, si continuamos a este ritmo de destrucción, quizás esto no sea así por mucho tiempo más.  

Según el estudio “Evaluación del riesgo de extinción global de especies dependientes del suelo: avances recientes y recomendaciones” promovido por Conservación Internacional (CI) y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) ya hay 35 especies ligadas al suelo extintas (entre ellos la ‘tijereta gigante’ (Labidura herculeana) del Atlántico) y muchos aun están en situación crítica, a pesar de tener una suprema importancia para la salud del suelo. 

El problema radica en que, aún en la actualidad, no se tienen suficientes datos como para trazar un cuadro de situación más precisa. De hecho, este informe sostiene que la biodiversidad del suelo está actualmente muy poco representada en esta famosa Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN. Si bien hay registradas 8.653 especies que dependen del suelo (la mayoría son vertebrados, como los topos, aunque también invertebrados como gusanos, termitas, hormigas), se estima que de ellos, el 20% está en riesgo de extinción y otro 20% está en la categoría ‘Datos Insuficientes’. Neil Cox, uno de los integrantes del estudio, destacó que de los dos millones de especies de hongos, apenas el 0,04% figura en ella.

Lo crucial es que sin estos “ingenieros de la tierra” (escarabajos, arañas, ácaros, tijeretas, gusanos, termitas, hormigas, etc) la calidad del suelo decrece día a día y, con ellos, peligre la agricultura y la alimentación humana. 

Por todo esto, de ahora en más es importante mirar hacia el suelo con otros ojos para entender que, bajo cada paisaje, existe un ecosistema cuya conservación resulta clave para enfrentar los desafíos ambientales del presente y del futuro.



Chile sin cenizas

Firma por la ley de prevención de incendios y escríbele directo a los senadores.


Involúcrate

Go to Source
Author: Meri Castro

Chile exige mayor protección para su mar: 8 de cada 10 personas creen que la conservación debe ser prioridad en las costas

Paisaje Transito Golfo Montt – Punta Arenas. Cre?dito: Cristo?bal Olivares / Greenpeace

Una encuesta internacional impulsada por Greenpeace revela una alta preocupación ciudadana por el deterioro de los océanos y una demanda clara por más protección marina. Contaminación, sobreexplotación y actividades industriales aparecen entre las principales amenazas identificadas por las personas consultadas en Chile.

08 de junio de 2026. El océano es mucho más que una inmensa extensión de agua. Es el sistema que hace posible la vida en el planeta. Cubre más del 70% de la superficie terrestre, produce cerca de la mitad del oxígeno que respiramos, regula el clima global y absorbe alrededor del 90% del exceso de calor generado por las emisiones de gases de efecto invernadero.

Pero este equilibrio vital está bajo una presión creciente. La ciencia advierte que el océano se está calentando a una velocidad preocupante: la tasa de calentamiento se ha duplicado en las últimas dos décadas y el contenido de calor oceánico alcanzó nuevos récords durante 2025. Las consecuencias ya son visibles: olas de calor marinas más frecuentes e intensas, aumento acelerado del nivel del mar y alteraciones profundas en los ecosistemas que sostienen la biodiversidad y los medios de vida de millones de personas.

A esta amenaza se suman la contaminación, la sobreexplotación de recursos, la acidificación y la pérdida de biodiversidad. El océano ha perdido parte de su oxígeno desde la década de 1960 debido al calentamiento y al aporte de contaminantes, mientras ecosistemas fundamentales como praderas marinas, manglares y arrecifes de coral continúan deteriorándose en distintas regiones del mundo. En Chile, un país cuya historia, identidad y economía están estrechamente vinculadas al mar, esta realidad representa uno de los desafíos ambientales más urgentes de nuestro tiempo.

“Los océanos sostienen la vida, pero hoy enfrentan una presión sin precedentes. Durante décadas se ha tratado a estos ecosistemas como una fuente inagotable de recursos y un espacio disponible para actividades industriales cada vez más intensivas. La evidencia demuestra que ese camino tiene límites y hemos llegado a ellos. Proteger los océanos ya no es una opción: es una necesidad para asegurar el bienestar de las personas, la biodiversidad y las futuras generaciones”, señaló Dominique Charlin, experta en Biodiversidad de Greenpeace.

Ocean Justice: la ciudadanía toma la palabra sobre el futuro del océano

Con el objetivo de conocer cómo las personas perciben el estado de los océanos y las amenazas que enfrentan, Greenpeace Internacional desarrolló la encuesta Ocean Justice en seis países: Chile, India, Reino Unido, Senegal, Sri Lanka y Tailandia. El estudio consultó a seis mil personas sobre los impactos ambientales, sociales y económicos asociados a actividades como la pesca industrial, el desarrollo costero y el deterioro de la salud marina.

En Chile fueron encuestadas mil personas a lo largo del país, y los resultados muestran una sociedad profundamente conectada con el mar: un 59% de los participantes declaró vivir junto a la costa; de ellos, un 81% reside en ciudades o áreas urbanas y un 19% en zonas rurales. Sin embargo, sólo un 9% señaló trabajar a tiempo completo en actividades ligadas al mar, mientras que un 30% lo hace ocasionalmente y un 13% de manera estacional.

La preocupación por el impacto ambiental de las actividades industriales en los océanos es particularmente alta. Al pedir evaluar en una escala de 1 a 10 (donde 1 es “nada” y 10 “mucho”) en qué medida creen que la explotación industrial de los mares -como la sobrepesca, la industria de harina y aceite de pescado o las pisciculturas- contribuye a la crisis climática, un 38% respondió con la máxima valoración posible (10 o “mucho”), mientras que otro 48% eligió las opciones 7, 8 o 9. En contraste, apenas un 5% consideró que estas actividades tienen una baja incidencia (opciones 1 a la 4).

Los resultados también muestran claridad respecto de las amenazas que afectan la salud de los ecosistemas costeros. La contaminación -por plásticos, químicos y combustibles, entre otros- aparece como la principal preocupación para las personas consultadas (con 62%). Le siguen el agotamiento de las poblaciones de peces (35%), la pesca industrial, incluyendo grandes buques, pesca de arrastre y pisciculturas (31%), y la extracción de combustibles fósiles en el mar (28%). Más atrás se ubican el calentamiento de los océanos (22%), la falta de medidas efectivas de conservación (19%), la minería submarina (14%) y el tráfico marítimo (9%).

“Lo que observamos es una ciudadanía que identifica con claridad las amenazas que enfrentan los océanos y que espera respuestas concretas. Existe una conciencia creciente de que la contaminación, la sobreexplotación y ciertas actividades industriales están deteriorando ecosistemas fundamentales para la vida y para las comunidades costeras”, destacó Charlin.

La encuesta también consultó quiénes son percibidos como los principales responsables del daño a los océanos. En primer lugar aparece la industria de los combustibles fósiles (36%), seguida por las grandes empresas pesqueras (33%) y los gobiernos que no impulsan leyes suficientes para proteger el mar (27%). También fueron mencionadas las empresas generadoras de residuos (25%), las personas que contaminan directamente el océano (23%), los grandes buques de carga (18%), la industria minera, especialmente la minería submarina (17%), y los países con altas emisiones (13%).

Respecto de las prácticas pesqueras consideradas más dañinas, la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada lidera ampliamente las menciones con un 61%, seguida por la pesca con dinamita o explosivos (60%) y la pesca de arrastre de fondo (47%). Más atrás aparecen la industria de harina y aceite de pescado (22%) y las redes de deriva o enmalle (18%).

Un mandato ciudadano para proteger el océano

Cuando se consulta por las medidas que deberían impulsar los gobiernos para resguardar la salud de los océanos, las respuestas reflejan una fuerte demanda por mayor regulación y protección. Un 47% considera prioritario hacer cumplir las leyes contra la contaminación marina; un 39% plantea que las empresas contaminantes deben asumir los costos de los daños que generan; un 36% apoya la prohibición de los plásticos de un solo uso; un 33% respalda la creación y protección de áreas marinas; y un 29% cree fundamental fortalecer la educación oceánica.

La señal más contundente surge al preguntar por las prioridades para la gestión de las zonas costeras de Chile. Un 81% de las personas encuestadas afirmó que la conservación marina y la protección de los océanos deben ser la principal prioridad. En comparación, un 41% mencionó la economía y la producción, mientras que un 30% destacó los usos tradicionales y culturales.

“Los resultados entregan un mensaje claro: las personas quieren océanos sanos y esperan que las decisiones públicas estén a la altura de ese desafío. La conservación marina ya no es una demanda de especialistas o de organizaciones ambientales; es una prioridad ciudadana. Hoy existe una oportunidad histórica para avanzar en soluciones que protejan nuestros ecosistemas marinos y aseguren un futuro más justo y resiliente para quienes dependen de ellos”, concluyó Charlin.

La encuesta también mostró cuáles son las voces que generan mayor confianza para abordar los temas oceánicos. Los científicos encabezan la lista con un 53%, seguidos por pescadores y comunidades costeras (39%), organizaciones internacionales de la sociedad civil (27%) y vecinos de zonas costeras, como guías turísticos (25%). Una señal de que la ciudadanía busca respuestas basadas en evidencia, experiencia territorial y compromiso con la protección del mar.

Go to Source
Author: Prensa Chile

Sequía y degradación de suelos en Chile: una problemática que no da tregua 

El Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía se conmemora cada 17 de junio, desde hace 32 años. Esta fecha busca echar luz sobre cómo ciertas actividades humanas llevan a la degradación de la tierra en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas y, por ende, a una disminución en sus condiciones, entre ellas, la productividad.

© Martin Katz / Greenpeace

La desertificación es un problema a nivel mundial, que ya afecta hasta el 40% de las tierras del mundo; tal cual alerta la Organización de Naciones Unidas (ONU). En otras palabras, la mitad de la humanidad ya sufre las consecuencias de la desertificación.

Este fenómeno surge a partir de la conjunción de la degradación del suelo por erosión y la fragilización de los ecosistemas. En este sentido, en nuestro país, los  datos del Centro de Información de Recursos Naturales (CIREN) indican que cerca del 50% de la superficie nacional posee algún grado de erosión

En particular, las zonas más afectadas se encuentran en la cordillera de la costa y la precordillera andina, donde se han dado procesos de deforestación, cambios en los usos del suelo y sobreexplotación de recursos. 

Los impactos ya son visibles en los ecosistemas y en la producción agrícola. En Valparaíso, por ejemplo, se perdieron más de 6 mil hectáreas de frutales entre 2007 y 2014 debido a la sequía, que ya lleva 14 años. Inclusive, un estudio sobre erosión hídrica estimó que Chile perdió 2,91 mil millones de toneladas de suelo en dos décadas, una cifra que da cuenta de una crisis silenciosa que compromete la seguridad ecológica, alimentaria y productiva del país.

Desde Greenpeace sostenemos que la extracción intensiva de los recursos naturales es una de las razones que explican las actuales condiciones de desertificación y sequía en Chile. Lo que ha generado un desequilibrio en las condiciones ecosistémicas para el desarrollo de la vida humana y otras especies.

Como explica Silvana Espinosa, vocera de Greenpeace Chile, “la crisis hídrica y los problemas de desertificación no se enfrentan con discursos, sino con decisiones concretas. En este sentido, retirar decretos ambientales que funcionan como instrumentos destinados a fortalecer la seguridad hídrica representa una clara señal de retroceso. ”.



Los Bronces

El proyecto minero Los Bronces Integrado pone en riesgo las reservas de agua de toda la Región. Dile ¡No!


Involúcrate

Go to Source
Author: Meri Castro

Del carrito al cuerpo: preocupación por químicos tóxicos hallados en productos de Shein 

Nos han dicho que Shein vende solamente indumentaria. Sin embargo, la verdad es que entre muchas de sus prendas, también vende una bomba química que se esconde en los materiales de distintos productos y que, a través del uso diario, puede terminar afectando nuestro bienestar físico.

© Fred Dott / Greenpeace

En 2022 Greenpeace ya había investigado y denunciado al gigante asiático de la fast fashion. Entonces, encontramos que en el 15% del total analizado de productos había sustancias químicas peligrosas que infringían las normas de la Unión Europea. Lamentamos decir que, desde entonces, nada ha cambiado. 

Un nuevo análisis realizado sobre 56 prendas (zapatos, vestidos, ropa de abrigo, pijamas para adultos, y otras piezas entre las que había 17 artículos infantiles), llevado a cabo en un laboratorio independiente, detectó en gran parte de ellas un cóctel químico de sustancias como ftalatos o los PFAS y metales pesados como el plomo o el cadmio.

Es decir que, en estos años, nadie ha tomado nota ni hecho responsable a la marca por las consecuencias que puede generar en sus consumidores. Muy por el contrario, el volumen de producción y ventas de la industria es cada vez es cada vez mayor (se estima que para 2030 se producirán más de 200.000 millones de prendas, tres veces más que las que se producían en 2000.) 

La moda rápida de Shein es nociva para la salud: ¿Qué encontró Greenpeace en el nuevo análisis?

Primero vale aclarar que las compras hechas para este análisis fueron a través de las webs Shein en ocho países y en una pop-up store de Fráncfort. Los resultados sobre ellas son innegablemente demoledores:

? 18 prendas analizadas contienen sustancias químicas peligrosas para nuestra salud con concentraciones máximas a las establecidas por el reglamento europeo de sustancias químicas peligrosas (reglamento REACH).

? ¡7 chaquetas juntas superaron hasta 3.300 veces los límites establecidos para las PFAS!

? ¡14 prendas excedían los límites establecidos para ftalatos y 6 de ellas los superan al menos 100 veces!  

Estas sustancias químicas presentes en la ropa pueden liberarse por medio del sudor, cuando las niñas y niños pequeños introducen los tejidos en la boca y a través de los lavados.

¿Qué consecuencias tienen estas sustancias químicas en nuestro cuerpo? 

?PFAS: son sustancias (perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas) contaminantes ampliamente conocidos por su peligrosidad, su dispersión y su permanencia en el cuerpo y en el medio ambiente hasta el punto de llamarse «químicos eternos». Y son parte de la tela de esa chaqueta tan cool. 

Los ftalatos o los PFAS que, al acumularse en el organismo pueden generar problemas de crecimiento, desarrollo infantil y fertilidad. Muchos de estos elementos actúan como disruptores endocrinos, o sea, que bloquean o interfieren con nuestro sistema hormonal

? Plomo y cadmio, son especialmente nocivos para niños y niñas ya que sustituyen a elementos como el calcio y afectan al desarrollo cerebral, el coeficiente intelectual, el aprendizaje y el comportamiento, además dañan el sistema nervioso, los riñones y los órganos reproductores, pudiendo alterar el equilibrio hormonal de los niños y niñas.  

Además, el cadmio es un probable carcinógeno que, además de lo anterior,  puede dañar los sistemas cardiovascular y nervioso, y afectar negativamente al peso al nacer. Otros elementos encontrados, como el formaldehído, puede dañar el ADN, y provocar cáncer y trastornos genéticos. Por si fuera poco, también irrita la piel, los ojos y las vías respiratorias. 

El planeta también paga el costo de la contaminación textil 

La ropa y calzado que vende Shein -y otras marcas de moda rápida como Temu, Zara, H&M, se produce en poco tiempo, se vende a precios muy baratos y se recambia y descarta con facilidad. Nadie piensa dos veces al momento de comprar ni de descartar, mucho menos se considera qué consecuencias tiene para las personas y el planeta. 

Tomadas en el corazón de la industria textil china, a orillas del río Qiantang, en el distrito de Xiaoshan, Hangzhou, las imágenes muestran la magnitud de la contaminación tóxica del agua que se produce actualmente para abastecer un mercado global.

Así es que, además de dañar a las personas que visten esta ropa de baja calidad y a quienes trabajan cosiendo estas prendas; muchos de estos compuestos afectan a los organismos acuáticos se bioacumulan y biomagnifican en la cadena alimentaria. Y lo más alarmante: la gran mayoría de estos se consideran “químicos eternos”, es decir, que se quedan con nosotras hoy y durante generaciones. Para todas las personas, incluidas aquellas que jamás compran en Shein.  

Otras consecuencias de esta forma de producir ropa:

?La industria de la fast fashion genera el 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero y usa y contamina el 20% del agua dulce. 

?Cada segundo se incinera o se arroja a un vertedero un camión repleto de textiles.  

Contar con información confiable permite consumir sabiendo cómo cuidar mejor de nuestra salud y la de todo el planeta. Por eso, desde Greenpeace, trabajamos para contarte lo que muchas veces nadie más está viendo. 

Se organiza una visita al laboratorio con la influencer Bianca Heinicke; una pancarta reza "Lucha contra la moda rápida".
“Lucha contra la moda rápida”

© Florian Manz / Greenpeace

Go to Source
Author: Meri Castro