Enero de 2024. En el último boletín de las tendencias climáticas publicado por la Dirección Meteorológica de Chile, se pronostica que el verano que se nos avecina estará caracterizado por mañanas y tardes más cálidas de lo normal en la mayoría de nuestro territorio nacional.
Por eso Greenpeace propone 7 hábitos caseros para paliar estas olas de calor de una forma más ecológica y con la que contribuir a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que producen el calentamiento global.
¿Cómo podemos ayudar?
Siete consejos de Greenpeace:
1.Cocina: Evita precalentar el horno. A menos que necesites una temperatura específica, empieza a calentar la comida justo al encender el horno, y antes de que finalice la cocción, apágalo. Ahorrará energía que lo notarás en tu boleta, en tu huella de emisiones y en la temperatura de tu casa. También un buen consejo al cocinar en ollas es apagar un poco antes del tiempo de uso y que los alimentos se terminen de cocinar con el calor residual.
2. Habitaciones: Las horas más frescas del día, al amanecer y por la noche, son ideales para buscar corrientes de aire jugando con las puertas y ventanas de tu casa. Luego cuando suba el calor, baja las persianas y evita que entre el sol y el aire caliente del exterior.
3. Aparatos: Mantén una temperatura moderada en tu casa o lugar de trabajo. Sé prudente con el uso del aire acondicionado pues este gasta mucha electricidad y además utiliza HFCs, que son unos gases de síntesis que tienen un potentísimo efecto invernadero. También, las luces y aparatos eléctricos, junto con los electrodomésticos, generan calor y consumen electricidad, por eso apágalos cuando no los necesites.
4. Camas: Utiliza sábanas de algodón o de otras fibras naturales. Con estos tejidos frescos evitarás transpirar, te ayudarán a descansar mucho mejor y contribuirás al cuidado del medioambiente evitando fibras plásticas.
5. Terrazas: Si cuentas con plantas de interior y exterior, echa agua sobre su tierra, así podrás refrescar la atmósfera cargada de calor del exterior y ayudará a evitar el uso de ventiladores y aire acondicionado.
6. Vestimenta: Usa ropa ligera. Busca marcas que hagan ropa con material reciclado o que sólo usen tejidos libres de tóxicos o tintes naturales. Ayudarás al planeta y a las personas.
7. Transporte: Los vehículos son responsables aproximadamente del 30% de todas las emisiones de GEI. En las ciudades se incrementan todavía más las temperaturas debido a las enormes moles de hormigón, el asfalto, los aparatos de refrigeración y el uso de vehículos. Evita usar el auto, muévete andando, en transporte público o en bici en las horas de menos calor.
Enero, 2024. Enfrentamos una ola de calor y con el alza de la temperatura, sube el riesgo de ocurrencia de incendios forestales y megaincendios, que en años anteriores han sido altamente destructivos: el de Valparaíso en 2014, por ejemplo, destruyó 2.900 viviendas y dejó 12.500 damnificados; en el de Santa Olga, el 2017, las llamas consumieron 2.500 casas y hubo más de 8.000 damnificados; y en Santa Juana, el año pasado, se quemaron 904 viviendas y hubo 4.773 damnificados. Entre los 3, suman más de 6.300 hogares quemados y 25.273 personas afectadas.
Para evitar nuevas tragedias de esta magnitud, desde Greenpeace están realizando un llamado a la prevención. “Por las características ambientales que estamos viviendo, de cambio climático, sequía y alza en las temperaturas, sumado a que nuestras zonas rurales están captadas por los monocultivos que facilitan la ignición, hay muchas más condiciones que favorecen la propagación y aumento en la magnitud del fuego. Mientras estas variables no cambien, será tarea de todos evitar conductas que puedan dar origen a un incendio”, dice Silvana Espinosa, vocera de Greenpeace.
Acción Humana
Según cifras de la Conaf, en Chile, el 99,7% de los incendios forestales ocurre por acción humana de los cuales, un 70% tiene origen en actividades negligentes o accidentales (quema de pastizales fuera de temporada, fogatas, etc) y un 28% a causas intencionales (objetivos económicos, patologías, reivindicaciones) y solo un 1% a causas naturales.
A esto hay que sumar las características de la vegetación de nuestras zonas rurales. “Un 50% de la superficie quemada producto de megaincendios en Chile en el periodo 1985-2018, estaba cubierta por plantaciones forestales, principalmente de pinos y eucaliptos, los que funcionan como un potente combustible para el fuego. En paralelo, sólo un 20% de bosque nativo, 17% de matorral y un 8% de pastizal, se vieron también afectados por este fenómeno”, agrega Espinosa.
Con todas estas condiciones en contra, ¿Cómo lo pueden hacer las personas para protegerse? Acá algunos consejos de Conaf.
1) Separar de las casas el material inflamable: Rolando Pardo, jefe del Departamento de Prevención de Incendios Forestales de este organismo, aconseja quitar combustibles y material inflamable del entorno más cercano de las casas, como techo, ventanas y paredes, y dejarlos a una distancia de al menos dos metros. “Las sillas de playa, balancines, juegos de terraza, etc, que sean de plástico y metal, no deben estar junto a las paredes. Tampoco los balones de gas, los bidones con combustible, la paja del trigo o la leña”, detalla.
El especialista explica que este tipo de materiales “transfiere calor a corta distancia, por radiación. Es decir, que frente al fuego directo, calienta más rápido las superficies de su entorno cercano lo que favorece la propagación de las llamas. Por eso, entre más grande sea el material inflamable, más amplia debe ser la distancia de su ubicación con respecto a la vivienda”, explica.
2) Mantener el techo limpio: Pardo explica que en un incendio, las llamas forman columnas de convección que ascienden el calor, las que en combinadas con el viento, liberan material encendido (llamado pavesas) por el cielo que podría caer sobre las casas. “De ahí el llamado insistente a mantener los techos limpios y libres de basura. No se debe usar como espacio para almacenar plásticos u otros materiales inflamables como palos o plásticos, o dejarlo con las hojas secas de la temporada anterior, porque todo eso puede propagar el incendio hacia la casa”, detalla.
3) Ramas que no se toquen entre sí: el jefe del Departamento de Prevención de Incendios Forestales, dice que las ramas de los árboles cercanos a la casa no se deben tocar entre sí o a la vivienda. “Esta acción lo que busca es evitar que las llamas se pasen a la construcción y para ello, la vegetación debe tener una distancia entre sí. De esta forma, si un árbol se quema, no traspasará el fuego al de al lado por contacto y evita que éste se siga propagando. Lo mismo con el pasto y los materiales. El objetivo es evitar que las llamas tengan continuidad”, detalla.
Y afirma que no se trata de “eliminar vegetación, como ocurre en el caso de los cortafuegos convencionales, en los que se construyen una zanja libre de materia orgánica que llega hasta el suelo mineral -que acarrea otros problemas en invierno-, si no de un manejo correcto de la misma para evitar la transferencia del fuego y el calor”, explica.
4) Construcciones en pendiente libres de vegetación: Rolando Pardo dice que en los únicos casos que se recomienda cortar árboles y vegetación es en el entorno cerca de viviendas en pendientes, por la columna de convección “que eleva las llamas y precalienta la vegetación combustible, facilitando la propagación del fuego”.
5) Cuidado con las herramientas: el especialista de Conaf dice que en el último tiempo han visto incendios cuyo origen está en las nuevas construcciones por parcelaciones. “Son los mismos propietarios, o maestros sin calificación, los que levantan las casas con instalaciones eléctricas defectuosas que luego causan incendios. O que usan herramientas como galleteras, máquinas soldadoras y cortadoras de metales, que tiran chispas que entran en contacto con otros materiales combustibles, como la maleza, en horarios de mucho calor, facilitan la ocurrencia de incendios”, cuenta. Pardo reconoce, además, que se trata de una población compleja, porque “no habita sus casas de forma habitual y es muy difícil encontrarlos para educarlos en la prevención”, confiesa.
De ahí, que su consejo sea siempre hacer estos trabajos acompañados por alguien que esté siempre vigilando el entorno y sea capaz de reaccionar rápido frente al fuego. “Cuando un fuego supera los cien metros cuadrados, va a decir diez por diez, es prácticamente imposible que una persona lo pueda controlar”, asegura.
Por último, el especialista de la Conaf recomienda no usar fuentes de calor cerca de la vegetación entre las 11 de la mañana y las 18 de la tarde, en verano, y denunciar comportamientos sospechosos, como la quema de pastizales, llamando al teléfono 130. En el siguiente link se puede consultar material dispuesto por este organismo: Pequeñas acciones crean grandes efectos.
Estos consejos responden a acciones que cada persona, de forma individual o comunitaria, puede realizar para evitar incendios. Sin embargo, desde Greenpeace también realizan un llamado a la autoridad, para poner freno a algunas de las condiciones que favorecen este fenómeno. “Requerimos una política que ponga límites a la expansión del monocultivo que (además de favorecer la propagación de incendios) contribuyen a la crisis hídrica por el alto consumo de agua que requiere su crecimiento. Y avanzar en una política de Ordenamiento Territorial que favorezca la diversificación del paisaje y la protección de los ecosistemas que nos ayudan a resguardar los equilibrios fundamentales del medio ambiente”, dice Silvana Espinosa.
Según informó la Corporación Nacional Forestal CONAF la totalidad de incendios forestales activos que se tienen registro a nivel nacional al día de hoy 22 de Enero del 2017 es de aproximadamente de 122 siniestros y 67 han sido controlados por los brigadistas. Las llamas abarcan una superficie que afecta 126.142,31 hectáreas y solo en la Región de O’ Higgins van 98.864, 47.894 en Maule, 38.217 en la Región Metropolitana y 23.304 en Valparaíso. Hasta ahora hay 16 alertas rojas, 11 amarillas y 6 regiones con alertas preventivas. Estas fotografías corresponden al sector de Pumanque en la región de O’higgins. El último informe de la CONAF arrojó que eran 43 incendios forestales en combate. Chile 2017
En especial durante los veranos, hay días tan calurosos que todos rogamos que llegue la noche para que tengamos un poco de alivio. Pero el sol cae y la ciudad continúa siendo de fuego. Abrimos las ventanas pero el aire no se mueve. Así, hasta querer dormir termina siendo una misión imposible.
Los activistas protestan por las insuficientes políticas climáticas en Austria y a nivel internacional.
La instalación en llamas es una llamada de atención para salvar el Amazonas y es un símbolo de uno de los veranos más calurosos de la historia.
¿Te suena esta escena? Si has vivido algo similar en tu ciudad, queremos decirte que entonces sentiste de cerca los efectos de la isla de calor.
Tal es el nombre que recibe la consecuencia por el cual áreas urbanas experimentan temperaturas significativamente más altas que las rurales. Detrás de este fenómeno está la planificación de la ciudad: concentración de edificios, pavimento y falta de vegetación.
Greenpeace Seúl junto con jóvenes activistas realizan una actuación en las calles populares de Sinchon, Seúl, colocando carteles con “Esperanza”, “1,5 grados” e imágenes de personas tomadas con una cámara térmica.
¿Qué es el efecto isla de calor y por qué surge?
En 1817 Luke Howard descubrió la existencia de este fenómeno por primera vez.
Recién para 1958 surgió el concepto “isla de calor urbana” -tal como lo conocemos hoy- de la mano del climatólogo inglés Gordon Manley. Cuando el científico relacionó la reducción de las precipitaciones de nieve en las ciudades de su país con el aumento de las temperaturas en los ámbitos urbanos.
Desde entonces, se comprobó que al crecer la infraestructura urbana (desde edificios hasta calles y autopistas) cambian las propiedades térmicas y reflectivas, lo que afecta al microclima local. Es entonces que esas zonas se vuelven más propensas a retener el calor.
Esto se debe en parte a que los materiales de construcción utilizados en las urbes, que generalmente son oscuros, absorben más energía del sol. Con una dispersión más lenta de la radiación solar, hay más chances de que se generen las islas de calor.
Paisaje urbano de Busan.
Paisaje urbano de Bogotá.
Otro factor que contribuye a su ocurrencia es que vivimos en ciudades que están cada vez más densamente construidas. Y así, esta dinámica que ya es lenta de por sí hace que el aire caliente se mantenga por varias horas en este tipo de colonias.
A su vez la ubicación geográfica de una ciudad, las variables del clima local y la intensidad de cambios estacionales también afectan su formación.
Por último, hay una vinculación cercana con el cambio climático porque a medida que las temperaturas globales aumentan, las ciudades experimentan un calentamiento adicional.
Debido a la crisis climática, los veranos en Viena son cada año más calurosos. La ciudad se convierte en una isla de calor urbana, donde no refresca por las noches ya que el hormigón mantiene el calor atrapado. Muchos ciudadanos luchan contra el calor, que cada año provoca graves problemas de salud y de sueño. En 2018, 766 personas murieron en Austria debido a las olas de calor.
Por todo esto, no hay que subestimar lo que genera el efecto isla de calor. No se trata sólo de restar confort a quienes habitan las ciudades sino que la salud de las personas se ve en riesgo real a causa del estrés térmico, golpes de calor y problemas respiratorios que puede generar.
Pero las complicaciones que traen no terminan ahí. Pues también contribuyen a la mala calidad del aire al aumentar la formación de contaminantes atmosféricos.
¿Qué soluciones existen frente al efecto isla de calor?
Para que las ciudades puedan “refrescarse” hay que empezar por exigir a los gobiernos que tomen medidas como sumar espacios verdes (o ampliar los existentes), plantar más árboles (y cuidar mucho a los que ya tenemos).
Ciudades como París ya tomaron la posta en este sentido plantando 25.000 árboles donde antes había asfalto, con la meta puesta en crear 300 hectáreas adicionales de áreas verdes de aquí a 2040.
Plantan 25.000 árboles en París en 5 meses, y casi 1.000 de ellos en calles donde se ha levantado el asfalto. pic.twitter.com/5kcFuwSS9z
— Mobility Behaviour (@davidlois_UNED) June 1, 2023
Considerando que en nuestro país, sólo 5,7% de la población en el gran Santiago acceden al porcentaje de área verde recomendada por habitante según el Consejo Nacional de Desarrollo Urbano -10 m2 por persona-, podemos decir que hay mucho trabajo por hacer en este sentido.
Sin ir más lejos, está comprobado que las urbes donde hay cuerpos de agua y parques no se padecen temperaturas tan altas a lo largo del año.
Otra solución posible es crear un plan que permita aplicar a la brevedad la tecnología de las cubiertas verdes, que tiene el potencial de ayudar a mitigar el efecto isla de calor urbana.
Se trata de un sistema de ingeniería que permite el crecimiento de vegetación en la parte superior de los edificios (techos o azoteas), manteniendo protegida su estructura. Al igual que en otras áreas verdes, la vegetación que crece sobre una cubierta da sombra a las superficies y remueve calor del aire por evapotranspiración.
En definitiva, lo importante es prestar atención a este fenómeno que es habitual en muchas urbes del planeta para poder implementar medidas concretas a tiempo.
25 de enero de 2023. En marzo de este año, el presidente del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), Houesung Lee, durante la presentación de su Informe de Síntesis del Sexto Informe de Evaluación, aseguró que es urgente combatir la crisis climática que azota al planeta. “La incorporación de una acción climática eficaz y equitativa no sólo reduciría las pérdidas y los daños para la naturaleza y las personas, sino que también aportaría mayores beneficios” y su llamado apuntó a que los países tomen medidas más ambiciosas y con real sentido de urgencia.
En este escenario de presión mundial por dar con alternativas sustentables, el hidrógeno verde aparece como el “gran salvavidas” para alcanzar las metas de descarbonización y desfosilización de la matriz energética. Y las “hojas de ruta” para su producción consideran el potencial de producción de otros países, entre los que se cuenta Chile.
Tomando la delantera con respecto a esta demanda, en noviembre del 2020, el gobierno de Sebastián Piñera presentó la “Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde”, que fijaba metas y objetivos para posicionar nuestro país como líder en esta industria, entre los que se incluyó producir el hidrógeno de menor costo del mundo para 2030. La posta, enseguida, la tomó el gobierno de Gabriel Boric, que se encuentra elaborando el “Plan de Acción para el Hidrógeno Verde” que definirá acciones y establecerá un orden para su ejecución, y que se encuentra en fase de Consulta Pública.
“Nuestra proyección es ser de los productores de hidrógeno verde con los precios más competitivos del planeta al 2030”, afirmó durante su gira en Europa, el presidente Boric. “Sabemos que el hidrógeno verde se puede producir en muchas partes, pero creemos que, justamente por las condiciones naturales por las que hemos sido bendecidos, podemos ser de los países más competitivos”, expuso.
Pero esta demanda, cuya etapa es incipiente, y la presión continua por posicionarse en el liderazgo, presenta dudas y riesgos en materia ambiental. Y discutir estas potenciales amenazas fue el objetivo del último seminario organizado por Greenpeace, en el que participaron miembros de la academia, Fundación FIMA y AIDA, Panel Ciudadano sobre el Hidrógeno de Magallanes y Mujeres en Zonas de Sacrificio en Resistencia de Quintero – Puchuncaví.
El riesgo de ceder
Estefanía González, subdirectora de Greenpeace Chile, opina que uno de los principales riesgos ambientales, “es que en la presión por cumplir las expectativas de los mercados y responder a las metas internacionales sobre volumen de producción, nuestro país pase por alto la institucionalidad y se proponga la construcción de mega proyectos invasivos. Es decir, que por aprobar rápido y disminuir costos, se dejen pasar cuidados ambientales importantes para la preservación de ecosistemas y biodiversidad, y se siga pensando en escalas de intervención que transforman los territorios en zonas de sacrificio”.
La representante de las Mujeres en Zonas de Sacrificio de Puchuncaví, Katta Alonso, señaló que “en la bahía de Quintero sabemos de las externalidades negativas del hidrógeno verde: es inflamable, es explosivo y ocupa grandes volúmenes de agua potable. En la zona de Quintero – Puchuncaví el 80% de la población no cuenta con este recurso y ya tenemos altos índices de niños intoxicados por gases tóxicos”.
Desde la academia, Beatriz Bustos, doctora en Geografía de la Universidad de Syracuse y profesora de la Universidad de Chile, explica que, “las mismas grandes compañías detrás del petróleo están buscando expandir el hidrógeno verde.Son las grandes compañías energéticas que están cambiando una fuente por otra y lo que buscan es mantener los modelos de mercado”. De ahí que sea importante que existan este tipo de espacios para el debate, “para definir lo que queremos y que nos sirve como país sobre este tipo de generación”, añade.
Cuidar el territorio
Para producir hidrógeno, se requiere intervenir la partícula de agua para separarla de los átomos de oxígeno. Esto se logra mediante un proceso de electrólisis que, a su vez, requiere de gran volumen de electricidad. Para que el hidrógeno se considere verde, la fuente de esta energía debe ser renovable, como la eólica o la solar.
“Para producir a gran escala, se requiere construir este tipo de generadores a un nivel hasta ahora desconocido en Chile, que involucra miles de kilómetros cuadrados de gigantescos aerogeneradores y parques fotovoltaicos, desalinizadoras de agua y plantas de hidrólisis, construcción de puertos, plataformas, caminos, líneas de alta tensión y barcos cargados de amoníaco, navegando en costas y bahías, lo que inevitablemente van a alterar territorios, comunidades y biodiversidad”, asegura González, de Greenpeace.
Gabriela Simonetti, secretaria del Panel Ciudadano sobre el Hidrógeno de Magallanes, cuestionó los proyectos e indicó que “en la región, la intención es explotar un territorio para abastecer a otros. Se nos está promoviendo como una zona productora de hidrógeno para exportar a Europa y no se ha transparentado dónde, cuándo y a qué escala se va a producir para cumplir la meta de levantar Chile como el mayor exportador del mundo”.
El Coordinador de Áreas de Proyectos de FIMA, Felipe Pino, agregó que “a pesar de ser una actividad basada en energías renovables, el hidrógeno verde implica un uso intensivo del suelo. Miles de hectáreas son necesarias y en ese sentido una industria sustentable debiese tener un ordenamiento territorial ecológico. La agenda sobre hidrógeno verde en nuestro país no está acompañada de ese ordenamiento, y ese es el primer paso para prevenir los impactos detrás de esta industria”
La organización regional Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente, AIDA, también mostró su preocupación por Chile. El abogado de esta ONG, Diego Lillo, dijo que “ésta transición energética está muy entregada a la iniciativa del mercado. El gran temor es que se empiecen a replicar modelos de extractivismo como los que ya conocemos y con los que ya hemos sufrido, por ejemplo a través de las zonas de sacrificio, las que podrían replicarse para cumplir con las metas de producción y exportación propuestas por el gobierno”.
“Es necesario que el debate incluya estos efectos. Que se pregunte cómo será vivir en un territorio que se dedique a la producción industrial del hidrógeno verde”, sentenció Estefanía González, de Greenpeace.
Hace casi 30 años hubo un hecho que marcó a nuestra organización para siempre. Te contamos de qué se trató el hundimiento de este barco insignia y cómo continuó la lucha ambiental en la que participaba.
El barco de Greenpeace Rainbow Warrior al norte de Sognefjorden.
¿Cómo se hundió el Rainbow Warrior? La secuencia de una tragedia
El 10 de julio de 1985 el gobierno francés hundió la emblemática embarcación de nuestra organización, el Rainbow Warrior, usando explosivos submarinos.
El barco estaba anclado en Auckland, Nueva Zelanda, desde donde zarparía para ir a enfrentar y denunciar las pruebas nucleares que Francia realizaba en el Atolón de Moruroa.
A sabiendas de este plan y en un esfuerzo por sabotear la protesta, el servicio secreto del país galo lanzó dos bombas a ambos lados del Rainbow.
La primera dio en la cubierta, dejando un gran agujero. Por lo cual, enseguida se procedió a la evacuación de la tripulación que estaba a bordo.
Tras este primer ataque, algunos integrantes volvieron para constatar los daños ocasionados. Entre ellos se encontraba el fotógrafo Fernando Pereira, quien había vuelto para buscar su equipo profesional.
Fue entonces que la segunda bomba impactó y provocó el hundimiento del barco. Fueron 4 minutos los que tardó en desaparecer bajo el agua. Pereira no pudo escapar y murió ahogado. Era padre de dos niños y recién había cumplido 35 años.
Un retrato de Fernando Pereira, el fotógrafo asesinado durante el bombardeo del Rainbow Warrior.
Esta fotografía muestra a Fernando relajándose con un cigarrillo durante la evacuación de Rongelap.
Al conocerse los hechos, el gobierno francés declaró no estar involucrado pero esta versión no se logró sostener. Muy pronto, el Primer Ministro admitió que la orden de concretar la operación había salido del mismo gobierno.
Las consecuencias del bombardeo
Un hecho de tal magnitud despertó gran indignación en la opinión pública, como era lógico que ocurriera. Por añadidura, Greenpeace sumó más apoyo desde Nueva Zelanda, y de todo el mundo en general.
Incluso, para honrar la memoria de Fernando Pereira, fueron muchas las personas que se unieron con determinación a las manifestaciones y tantas otras las que sumaron su apoyo a Greenpeace a través de donaciones. Así, nuestra organización pudo enviar un barco más grande, el Greenpeace, a liderar la protesta.
En definitiva, el gobierno francés no logró su cometido que era detener las protestas que pedían detener lo que sucedía en el Atolón de Moruroa.
Un par de años después, en 1987, una corte internacional ordenó a Francia pagar a Greenpeace 8.1 millones de dólares estadounidenses en compensación por los daños causados de manera deliberada al bombardear el Rainbow Warrior.
En cuanto a los responsables del ataque, a la mayoría se les perdió el rastro. Sólo dos agentes fueron llevados a juicio. Dominique Prieur y Alain Mafart fueron sentenciados a 10 y 7 años de prisión en la base militar francesa en Polinesia. Sin embargo, a los dos años fueron liberados.
Después del bombardeo, la embarcación se colocó en el lecho marino cerca de la Bahía Matauri, al norte de Nueva Zelanda. A lo largo de los años, se convirtió en un paraíso para la vida marina y un lugar muy frecuentado por los buceadores. Greenpeace reemplazó al Rainbow con una nueva embarcación que lleva el mismo nombre (y que se compró usando el dinero que el gobierno francés tuvo que pagar como compensación.) Durante 22 años, continuó la tradición de su predecesor navegando los mares del mundo en defensa de la naturaleza.