Día de la Tierra: un llamado a construir esperanza en tiempos de crisis ambiental 

Desde hace 56 años, cada 22 de abril se celebra el Día de la Tierra. Desde entonces, la forma que tenemos de relacionarnos con el planeta que habitamos ha cambiado mucho -así como nuestra idea sobre cómo cuidarlo-. Por eso, esta fecha nos parece un buen momento para reflexionar juntos sobre el maravilloso mundo que nos rodea, y su situación actual.

© Francesco Alesi / Greenpeace

Cuando hablamos de la Tierra, ¿con qué imagen la asocias?

Al hablar de la Tierra, nuestra imaginación suele evocar dos tipos de escenarios muy distintos. Uno es aquel que vimos en documentales cientos de veces: un planeta que contiene ambientes naturales inmensos, sanos y muy diversos entre sí -desde zonas cubiertas de hielos eternos, fondos marinos que parecen de otra galaxia, desiertos inabarcables, selvas infranqueables- donde el reino animal se maneja a sus anchas. Estos entornos silvestres y salvajes parecen discurrir por fuera de toda injerencia humana, casi como si nada pudiera dañarlos o agotarlos

El otro escenario suele ser el de la devastación. Pensamos en un planeta en el que la forma de producción ha llevado a generar montañas de basura, ríos contaminados y mares llenos de plásticos, donde las barreras de corales están muriendo en medio de  aguas cada vez más ácidas. Se vienen a la cabeza los bosques con todos sus árboles talados o quemados, la sequía o las inundaciones, los cientos de animales apareciendo en campos de cultivo o en ciudades porque sus hogares cada vez están más acotados. Incluso pensamos en el clima extremo y en lo difícil que es soportarlo para toda la humanidad.

Y si bien ambos escenarios son ciertos, son extremos que derivan en falsas conclusiones. En uno, creemos que nuestro planeta es un paraíso de vida inagotable, lejano a nuestra realidad, sobre el que la humanidad no tiene responsabilidad ni dependencia alguna; del que sólo tenemos que tomar lo que necesitamos, sin más. En el otro, sólo vemos la destrucción irreversible, al punto de querer bajar los brazos y darnos por vencidos.  

En ambos casos, pareciera que no tenemos nada que hacer, sólo dejar las cosas como están. Mientras tanto, quienes tienen el poder, continúan disponiendo de nuestra Tierra a su antojo. 

La realidad es que hoy estamos en medio de estos dos panoramas. Es cierto: el daño que hemos hecho a los ecosistemas es innegable y el desequilibrio que provocó el sistema de producción actual ha desatado una crisis climática que ya muestra sus efectos letales día a día. Pero, también, es real que necesitamos de lo que nos provee la naturaleza para vivir: aire limpio, agua dulce, tierras sanas donde cultivar nuestros alimentos, y ambientes vivos que equilibren la salud de todos y todas. 

Entonces, ¿qué podemos hacer? 

Regenerar la Tierra es posible

Aunque la situación está muy lejos de ser ideal, no todo está perdido. Tenemos que encontrar formas de multiplicar la esperanza y de accionar por el cuidado de nuestra Tierra y, lo mejor de todo, es que tenemos muchas cartas a nuestro favor:

  • Habitamos un planeta maravilloso quetiene un poder de regeneración inmenso, sólo tenemos que cooperar para ponerlo en marcha. Hay miles de casos de proyectos que han revertido la desertificación de suelos y recuperado ecosistemas enteros, que han sembrado bosques donde antes había desmonte, que crían ganado sin degradar los campos, que generan energía sin usar petróleo ni gas, que recuperan especies que estaban al borde de la extinción, que suman verde a las ciudades para recuperar áreas biodiversas y combatir el efecto isla de calor, y así un larguísimo etc. Claro, se requiere tiempo, decisión y recursos, pero cuando se quiere, se puede.
  • Lo dicho en el último punto, las soluciones y herramientas que se necesitan para revertir la situación actual de la naturaleza ya existen. Porque una economía próspera puede ir de la mano de la protección del ambiente, no tienen por qué ser metas antagónicas, tal cual lo plantean de la misma campaña oficial del Día de la Tierra
    De hecho, las energías limpias y demás ramas de negocios sustentables ya han creado cientos de miles de fuentes de trabajo estable en todo el mundo. Lo que aún falta es la decisión tanto política como empresarial de elegir otro camino posible y elevar la escala del cambio, que es lo más urgente. 
  • La información es poder y la tenemos de nuestro lado. Sabemos que la crisis climática ya está acá y que la única forma de amortiguar sus efectos es cambiar el rumbo de las cosas cuanto antes. Sabemos que, al ritmo que va esta sociedad de consumo y de descarte sin fin, la capacidad de recuperarse del planeta está a punto de agotarse. Y sabemos que la Tierra es nuestro único hogar posible. 
  • Las personas somos seres creativos, apasionados, que tenemos en nuestras manos la posibilidad de cambiar las cosas. Nuestra voluntad e ingenio, más aún cuando trabajamos en equipo, no tiene límites. 

Es momento de unirse a los espacios de encuentro con otras personas que compartan la misma causa. Para crear e impulsar soluciones y también para exigir a gobiernos y empresas que hagan su parte. 

Es momento de unir fuerzas, ideas y corazón, más que nunca. Por nuestro planeta Tierra y todas las formas de vida que lo habitamos. Por un presente y futuro sustentable, justo y más feliz.

Earth Day March in Luxembourg. © Frederic Meys / Greenpeace

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Author: Meri Castro

Cuando regular salva vidas

© Pablo Hidalgo / Greenpeace

Por Silvana Espinosa, experta en Clima y Ecosistemas de Greenpeace

Uno de los grandes orgullos de Chile es que, pese a ser un país altamente sísmico, hemos sido capaces de desarrollar infraestructura preparada para resistir terremotos de gran magnitud. Esto no sólo ha permitido salvar miles de vidas a lo largo de nuestra historia reciente, sino que también ha contribuido a consolidar la imagen de Chile como una economía seria, estable y capaz de atraer inversiones.

Nuestro país es considerado uno de los que posee una de las normativas sísmicas más estrictas del mundo, y aquello no es fruto del azar ni de un simple relato. Es el resultado de más de cincuenta años de trabajo regulatorio sostenido: si bien existieron esfuerzos previos, en 1972 se oficializó por primera vez una normativa integral para el diseño sísmico de edificios —la NCh433—, que posteriormente fue actualizada y perfeccionada en 1985 (tras el terremoto de Valparaíso), en 1996, entre 2009 y 2011 (luego del 27F de 2010), y nuevamente en 2012.

Chile comprendió tempranamente que su geografía y su ubicación lo hacían particularmente vulnerable a este tipo de catástrofes. Por esa razón, el país avanzó en el desarrollo de regulaciones exigentes para la industria de la construcción, con el objetivo no sólo de proteger la vida de las personas, sino también de preservar la estabilidad económica y la confianza en nuestras instituciones incluso en contextos de desastre.

Con este ejemplo en mente —y con el legítimo orgullo que generan estas regulaciones— resulta difícil comprender el razonamiento de algunos parlamentarios en el último tiempo. Hace pocos días, la Cámara de Diputadas y Diputados se reunió para votar, en tercer trámite constitucional, el proyecto de ley que regula la prevención de incendios forestales y rurales. Se trata de una normativa que, tal como su nombre lo indica, busca fortalecer los mecanismos de prevención, mejorar la fiscalización y establecer sanciones más severas frente a conductas que puedan favorecer la ocurrencia de incendios.

Entre otras medidas, en aquellos casos en que los privados no se hayan hecho cargo de forma previa el proyecto faculta a organismos del Estado para realizar acciones preventivas en predios privados, incluyendo la exigencia de cortafuegos y el manejo de material combustible en zonas cercanas a viviendas. Aunque se trata de medidas que responden al más elemental sentido común, algunos parlamentarios calificaron estas disposiciones como una acción “expropiatoria” y exigieron que la ley contemplara indemnizaciones para las empresas que deban cumplir con estas obligaciones. Esa fue, de hecho, la principal razón por la que el proyecto terminó derivado a una comisión mixta, que ahora deberá resolver las diferencias entre ambas cámaras.

Exigir indemnizaciones para empresas que deban destinar una mínima parte de sus terrenos o esfuerzos al manejo adecuado del material combustible y a la eventual contención del fuego resulta tan insólito que cuesta tomar en serio ese argumento. No sólo porque se trata de medidas que pueden salvar vidas, sino también porque esas mismas acciones pueden proteger su propia producción y patrimonio.

Sería equivalente a que una empresa exigiera subsidios estatales por instalar sistemas de rociadores automáticos en sus instalaciones o, siguiendo el ejemplo inicial, que las constructoras se negaran a diseñar y calcular edificios capaces de resistir terremotos sin colapsar debido al costo adicional que ello implica.

Desde hace años sabemos que uno de los mayores riesgos que enfrenta el país durante el periodo estival es la ocurrencia de incendios forestales. Lamentablemente, también hemos sido testigos de sus devastadores efectos: lo rápido que pueden arrasar localidades completas y la cantidad de vidas que pueden cobrar en cuestión de minutos.

Es precisamente en momentos como este cuando la presión ciudadana debe hacerse sentir con más fuerza. Fue esa presión la que permitió que en enero pasado este proyecto volviera a discutirse en el Congreso, luego de casi dos años de silencio en el Senado, y la que también hizo posible que la discusión de la Ley de Incendios fuera retomada apenas se reanudó el trabajo parlamentario tras el receso de verano.

Por eso, tal como ocurrió en su momento con las normas de construcción en un país sísmico, hoy es necesario dejar de lado los intereses de un sector minoritario y poner, de una vez por todas, la vida y la seguridad de la mayoría de los chilenos en primer lugar. Cabe esperar que este renovado Congreso esté a la altura de ese desafío.

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Author: Prensa Chile

Salud en riesgo en Quintero y Puchuncaví: los más jóvenes, en el centro de intoxicaciones masivas

Hoy se conmemora el Día Mundial de la Salud y, de entre los muchos desafíos ambientales que ponen el bienestar de chilenos y chilenas en riesgo, hoy queremos hablar de uno en particular. Se trata de algo que viene ocurriendo en la comunidad de Quintero y Puchuncaví desde hace 60 años, cuando prometieron desarrollo económico con la instalación de un polo industrial. 

Sin embargo, lo que recibieron fue muy distinto. Con el correr del tiempo, lejos de mejoras sustanciales en su calidad de vida, los habitantes terminaron viviendo en un laboratorio tóxico, en el que se ven expuestos periódicamente a contaminantes peligrosos

Activistas de Greenpeace se manifestan en el centro de la capital para recordar el envenenamiento masivo que ha vivido esa zona de sacrificio.
Termoelctrica en la playa de Ventanas, en la comuna de Puchuncaví, región de Valparaiso, Chile.

Cuando la actividad industrial se vuelve en contra de la salud de las personas

Los vecinos de la bahía de Quintero viven episodios de intoxicaciones masivas. Entre los más recientes podemos citar al de 2023, cuando entre los meses de marzo y abril, se produjo un caso grave de intoxicaciones masivas. En esa oportunidad, fueron 368 personas las afectadas, de las cuales la mayoría eran menores de edad (300 en total).

© Manuel Madariaga / Greenpeace.

Para 2025, volvió a ocurrir. Entre los últimos días de septiembre y mediados de noviembre del año pasado más de 200 personas (otra vez, principalmente, menores de edad) debieron recibir atención en centros de salud, aquejados de fuertes cefaleas, vómitos, dolor abdominal, irritación ocular y mareos, entre otros síntomas. Un centenar de estos casos fueron diagnosticados con “intoxicación T59”, un sistema de clasificación internacional referido al efecto tóxico de gases, humos y vapores desconocidos.

En otras palabras, estamos hablando de que la actividad industrial interfirió en la salud de estudiantes, académicos y funcionarios de nueve recintos educacionales de la zona que fueron, como un día más, a realizar su rutina educativa diaria y terminaron en un hospital, con su salud comprometida.

No se puede seguir normalizando que la infancia pague el precio de industrias insostenibles. Porque no son números, son personas, son niñas y niños. No son “episodios aislados”, son vidas enteras vulneradas por la negligencia y abandono político, ambiental y social.

Sin información ni medidas que protejan a la población 

Ante estos hechos de contaminación que se reiteran, lo que más preocupa es que no existe información clara y oportuna, como tampoco una respuesta de las autoridades acorde a la gravedad de lo que se vive. 

Como explica Katherine Inostroza, madre de una de las menores intoxicadas el año pasado, “No existe monitoreo suficiente ni transparente. En muchos casos no se sabe con precisión cuándo comienzan los episodios de contaminación, qué niveles se están registrando ni qué sustancias están presentes. Sin información confiable, las medidas de prevención llegan tarde o simplemente no funcionan. Por eso, más que anuncios, se necesita fiscalización constante, sistemas de monitoreo robustos y total transparencia sobre las fuentes contaminantes, para realmente prevenir nuevos episodios y proteger a los niños”.

Greenpeace y AIDA apoyan a la comunidad para lograr soluciones reales

Para poder cuidar la salud de niñas, niños, adolescentes y todos los habitantes de la comunidad de Quintero y Puchuncaví, de verdad, se debe buscar a los responsables y, de una buena vez, terminar con estos episodios de intoxicaciones. Por eso, AIDA y Greenpeace, en representación de diversos menores de edad y sus familias, interpusieron un recurso de protección en noviembre pasado en contra de una serie de instituciones y organismos del Estado producto de las ilegalidades y arbitrariedades cometidas en el contexto de las intoxicaciones ocurridas, recurso que aún se encuentra en tramitación.


“Es necesario que el Estado sea capaz de garantizar de forma efectiva medidas constitucionales -como el derecho a la vida y a la integridad física y psíquica; la igualdad ante la ley, y el derecho a vivir en un medio ambiente libre de contaminación- a los habitantes de estas comunas, particularmente a niñas, niños y adolescentes”, puntualizó Roxana Núñez, abogada y encargada de Incidencia en Greenpeace. 

Hoy más que nunca, en el Día Mundial de la Salud, seguimos acompañando a los habitantes de Quintero y Puchuncaví, y de todo nuestro país, en la lucha por un planeta en equilibrio que permita el bienestar de todas las personas y ecosistemas, algo que sólo puede darse con actividades industriales realmente sustentables.

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Author: Meri Castro

Cuando la vuelta al colegio es motivo de angustia para las familias

En la comunidad genera preocupación que la mayor parte de las personas afectadas por las intoxicaciones masivas de septiembre a noviembre de 2025 fueron afectadas al asistir a establecimientos educacionales, y que sobre el 80% de ellos hayan sido menores de edad.

25 de febrero, 2026.- Entre los últimos días de septiembre y mediados de noviembre del año pasado se registraron una serie de intoxicaciones masivas en las comunas de Quintero y Puchuncaví: alrededor de 200 personas (principalmente, menores de edad) debieron recibir atención en centros de salud, aquejados de fuertes cefaleas, vómitos, dolor abdominal, irritación ocular y mareos, entre otros síntomas. Producto de estos, más de un centenar de estas personas fueron diagnosticadas con “intoxicación T59”, un sistema de clasificación internacional referido al efecto tóxico de gases, humos y vapores en los seres humanos. 

Los principales afectados de esta nueva serie de intoxicaciones fueron estudiantes, académicos y funcionarios de nueve recintos educacionales de la zona: el Liceo Politécnico, Colegio Alonso, Colegio Valle Narou, Colegio Artístico Costa Mauco y el Colegio Santa Filomena, en la comuna de Quintero y el Colegio José General Velásquez, la Escuela Básica Campiche y la Escuela Básica de Horcón, en la comuna de Puchuncaví

Roxana Núñez, abogada y encargada de Incidencia en Greenpeace, puso en relieve la lamentable recurrencia de estos acontecimientos en la zona: “Esta no es la primera vez que los vecinos de la bahía de Quintero viven episodios de intoxicaciones masivas, y probablemente no sea la última, pues a la fecha no se han generado acciones efectivas -pese a existir un fallo de la Corte Suprema que así lo exige- para que este tipo de problemas no ocurran más”.

La abogada además recordó que en 2023 (precisamente entre los meses de marzo y abril) se produjo otro episodio grave de intoxicaciones masivas, afectando en esa oportunidad a 368 personas, de las cuales casi 300 eran menores de edad. “Como sociedad no nos podemos acostumbrar a esta realidad; los niños de nuestro país no pueden seguir arriesgando su salud por asistir a sus colegios”, aseveró Núñez.

Katherine Inostroza, madre de una de las menores intoxicadas el año pasado, aseguró que existe una preocupación permanente de que estas situaciones se repitan y, especialmente, que sigan afectando a niños y niñas en sus colegios: “En mi caso, mis hijos ya han sufrido consecuencias en su salud y han perdido clases, lo que implica una vulneración directa de sus derechos a la salud y a la educación”. 

Inostroza comentó que no sólo les preocupa la salud de los estudiantes, la suspensión de clases o la falta de información clara y oportuna, sino que también la falta de respuesta de las autoridades. “Además, hay un problema estructural que agrava la situación: no existe monitoreo suficiente ni transparente. En muchos casos no se sabe con precisión cuándo comienzan los episodios de contaminación, qué niveles se están registrando ni qué sustancias están presentes. Sin información confiable, las medidas de prevención llegan tarde o simplemente no funcionan. Por eso, más que anuncios, se necesita fiscalización constante, sistemas de monitoreo robustos y total transparencia sobre las fuentes contaminantes, para realmente prevenir nuevos episodios y proteger a los niños”, añadió la habitante de esta zona.

Con el objetivo de buscar los responsables y, de una buena vez, terminar con estos episodios de intoxicaciones, Greenpeace y AIDA, en representación de diversos menores de edad y sus familias, interpusieron un recurso de protección en noviembre pasado en contra de una serie de instituciones y organismos del Estado producto de las ilegalidades y arbitrariedades cometidas en el contexto de las intoxicaciones ocurridas en Quintero y Puchuncaví, recurso que aún se encuentra en tramitación.

“Es necesario que el Estado sea capaz de garantizar de forma efectiva garantías constitucionales -como el derecho a la vida y a la integridad física y psíquica; la igualdad ante la ley, y el derecho a vivir en un medio ambiente libre de contaminación- a los habitantes de estas comunas, particularmente a niñas, niños y adolescentes. No podemos permitir que la única salida que muchos padres ven sea cerrar anticipadamente los años escolares de estos menores (como ocurrió con las intoxicaciones de 2025) para poder mantener la integridad física de sus hijos. La solución a las intoxicaciones no puede pasar por alejar a estos menores de edad de sus hogares o establecimientos educacionales”, puntualizó la abogada.

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Author: Prensa Chile

Día Mundial del Agua 2026: la ONU advierte sobre una bancarrota hídrica global

El Día Mundial del Agua es la ocasión perfecta para dejar de dar por sentado un recurso sin el cual la vida en este planeta no sería posible. Una fecha que nos debe hacer reflexionar, agradecer y proteger, que gracias al agua, existe todo lo que conocemos.

Quizás el mejor dato para asimilar su importancia es volver sobre algo que algunas vez todos hemos escuchado: que nuestro cuerpo está compuesto, en su mayoría, por agua. En un hombre adulto representa aproximadamente el 60% del cuerpo, y en una mujer cerca del 55%. Está presente incluso en los huesos (22%) y es el principal componente de la sangre, donde alcanza entre el 80% y el 90%.

© Aji Styawan / Greenpeace
© Greenpeace

Es tan central para nuestro equilibrio que sólo podemos vivir una semana sin agua, mientras que podríamos resistir un mes sin comer. Es que cuando no ingerimos el agua necesaria (que varía de persona a persona) para prevenir la deshidratación, esto puede provocar mareos, desmayos, convulsiones y, en casos extremos, incluso la muerte. 

Así de imprescindible es el agua para todo el resto de los seres y ecosistemas de este planeta que habitamos. Por eso, al conmemorar este día, te invitamos a reconocer que cada gota es un tesoro frágil e irreemplazable. Desde los glaciares hasta los mares, pasando por los ríos y arroyos que fertilizan nuestros cultivos, el agua lo conecta todo.

Estamos en bancarrota hídrica global

Sin agua la vida no es posible y, sin embargo, la humanidad la ha administrado tan mal que hemos llegado a un punto en que no solo se ha gastado el ingreso anual de agua de ríos y lluvias, sino que se han vaciado los ahorros milenarios guardados en glaciares, humedales y acuíferos, así lo advirtió un informe histórico de la Universidad de las Naciones Unidas

El panorama que ha trazado el estudio arroja una conclusión tajante, el mundo entró en una era de “quiebra hídrica global”, que implica un punto de no retorno para ciertos sistemas donde la demanda humana ha agotado irreversiblemente las fuentes de los acuíferos y en definitiva, secado los pozos para el futuro, poniendo en riesgo el conjunto del sistema hídrico del planeta.

Los responsables del derroche -que nos ha traído hasta la quiebra- son, según plantea la investigación, la agricultura intensiva, el crecimiento urbano e industrial, la contaminación y las emisiones de gases de efecto invernadero que han provocado la crisis climática

Esta alerta busca llevarnos a la acción y lograr que hagamos un esfuerzo urgente por salvaguardar los ecosistemas que aún producen agua, transformar la agricultura y repartir justamente un recurso sin el cual ningún sistema puede sostenerse. 

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Author: Meri Castro