La Comisión del Océano Antártico vuelve a fracasar en su intento de protegerlo

Tras dos semanas de negociaciones en Tasmania, la Comisión del Océano Antártico fracasó una vez más en su intento por proteger la Antártida.

Capa de hielo en la Antártida
Paisaje de Paradise Harbour en la Antarctica. .

Esta falta de avances contrasta notablemente con la dinámica internacional positiva que dio lugar a que este año se acordara el Tratado Global de los Océanos. Más de 80 países firmaron el Tratado en la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre, demostrando su compromiso con su ratificación (1).

Jehki Härkönen, asesor de política oceánica de Greenpeace Internacional sostuvo:

“Otro año, otra reunión fallida de la Comisión del Océano Antártico. La Comisión siempre puede acordar nuevas licencias de pesca, pero no puede acordar una vía concreta para avanzar en la protección. Nos llevan prometiendo nuevas zonas protegidas en la Antártida desde hace muchos años, pero no hemos visto ningún avance. Las presiones a las que se enfrenta la Antártida, uno de los últimos grandes espacios naturales de la Tierra, empeoran cada año. La dinámica disfuncional de la Comisión debe cambiar, antes de que sea demasiado tarde”. 

Pinguinos en la base Presidente Frei. Antártida

Además, debería celebrarse una reunión en junio de 2024 para debatir al mismo tiempo la pesca de krill en la Antártida Occidental y las áreas marinas protegidas.

“Es frustrante ver cómo la Comisión fija otra reunión para retrasar decisiones que deben tomarse urgentemente. La falta de progreso observada durante esta sesión no responde a los retos a los que se enfrenta la región”, agregó Jehki Härkönen. 

En los últimos meses, varios estudios científicos han documentado los riesgos en la región. Según un nuevo estudio publicado en octubre, el cambio climático provocado por la actividad humana hace “inevitable”  el deshielo de la plataforma de hielo de la Antártida Occidental (2).

A finales de septiembre, nuevas cifras preliminares alarmantes mostraron que el hielo marino de la Antártida ha alcanzado probablemente el mínimo invernal máximo, más de un millón de kilómetros cuadrados por debajo del récord anterior establecido en 1986, dejando al descubierto los daños causados por el cambio climático en una de las regiones más frágiles y a la vez cruciales de la Tierra (3).


Más información: 

(1) El Tratado sólo entrará en vigor 120 días después de que lo hayan ratificado 60 países.

(2) https://www.nature.com/articles/s41558-023-01818-x

(3) Aunque el Centro Nacional de Datos sobre la Nieve y el Hielo (NSIDC) de EE.UU. afirma que las cifras preliminares pueden cambiar ligeramente, desde los 16,96 millones de kilómetros cuadrados actuales, es probable que el nivel máximo de hielo marino invernal previsto sea el más bajo en 45 años de registros por satélite.

https://nsidc.org/news-analyses/news-stories/antarctic-sea-ice-hits-record-low-maximum-extent-2023

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Author: Prensa Chile

Sequía en Amazonas: impactantes imágenes de la crisis que sufre el bosque tropical más grande del mundo

La selva tropical contiene la quinta parte del agua dulce del mundo, pero la deforestación, las lluvias escasas y el calor implacable están dejándola seca.

Cuando pensamos en la Amazonía, enseguida vienen a nuestra mente miles de kilómetros de selva frondosa y exuberante. Anchos ríos marrones e infinidad de aves, reptiles, insectos, peces, monos, felinos, habitando en medio de la vegetación tupida. Además de, por supuesto, cientos de tribus de pobladores originarios y ancestrales, viviendo en perfecta simbiosis con ese territorio natural.

Incluso nos parece que el bosque tropical más extenso del mundo es tan inabarcable como indestructible. Sin embargo, la Amazonía tampoco se salva de la ambición de los intereses comerciales y, mucho menos, de ser parte de un planeta cada vez más caliente. 

Así es que hoy las imágenes de la fuerte sequía que puso al estado brasileño en emergencia recorren el globo y nos muestran los estragos del clima cambiante que vivimos. 

Aunque cueste asimilarlo, la cantidad de agua en ríos y lagos de la cuenca llegó a niveles muy bajos, sin precedentes, en el mes de septiembre desatando una crisis humanitaria y muerte masiva de peces y de delfines rosados

En este contexto, aumentan los incendios forestales que ya hacen del aire de Manaos, una ciudad de dos millones de habitantes, un peligro para la salud. 

Incendio

Esta situación dramática podría empeorar de manera drástica en estos días, cuando se espera que la sequía esté en su nivel más alto.

¿Qué consecuencias tiene la sequía en Amazonas? 

A principios de mes uno de los primeros ríos llegó a su nivel más bajo alguna vez registrado, mientras que otros se acercaban a niveles históricos. Tan seco estaban los cauces que en muchas zonas aparecieron enormes bancos de arena donde antes pasaban barcos.

Una imagen aérea de los alrededores de Tefé, impactados por la severa sequía.
A principios de octubre, Greenpeace Brasil realizó su primer viaje de campo como parte del proyecto Alas de Emergencia 2023 en Tefé, estado de Amazonas, llevando ayuda humanitaria a las personas más afectadas por la histórica sequía en la selva amazónica y ofreciendo apoyo logístico a organizaciones que investigan la Impactos sobre la fauna local.
Una imagen aérea de los alrededores de Tefé, impactados por la severa sequía.

Así se ve la sequía que no sólo trajo escasez de agua potable sino que también de gas, alimentos y otros productos de primera necesidad. Las autoridades sanitarias informaron a medios como Mongabay que: “Han empeorado los casos de enfermedades respiratorias, diarrea y otros problemas de salud asociados”. 

Para peor, en una zona donde la navegación es la principal vía de comunicación, han quedado aisladas decenas de miles de personas que viven en comunidades remotas y que solo pueden trasladarse por bote.

Delfines

Más de cien delfines amazónicos, incluidos los delfines rosados en peligro de extinción, fueron encontrados muertos en el lago Tefé, en el estado de Amazonas. Imagen cortesía de André Zumak/Instituto Mamirauá.

La fauna también sufre: una cantidad incontable de especies animales mueren en una región conocida por su vida silvestre abundante. En el lago Tefé, por ejemplo, las temperaturas del agua continúan siendo elevadas y han aparecido más restos de delfines rosados -especie en peligro de extinción-, elevando el número de delfines muertos a 153

Peces

Muchos lagos y ríos de la Amazonía brasileña, como el Manacapuru, en el estado de Amazonas, registraron una mortandad masiva de peces debido a la sequía. Imagen cortesía de Defensa Civil de Amazonas.

¿Qué fenómenos agravan la sequía en Amazonas? 

Las pocas precipitaciones que caracterizan a esta época del año en la región se ven potenciadas por dos sucesos naturales que ocurren al mismo tiempo y que limitan la formación de nubes y las consiguientes lluvias.

Según explican desde Mongabay, uno de estos fenómenos es El Niño, que al calentar la superficie del agua en el océano Pacífico ecuatorial fuera de lo normal, produce corrientes de aire de este a oeste sobre la pluviselva amazónica. 

A su vez, el calentamiento de las aguas del océano Atlántico tropical norte crea vientos de norte a sur a lo largo del bioma. Estas corrientes de aire impiden la formación de nubes de lluvia.

Con estos factores en juego, la sequía se hace más intensa.

¿Cuál es la relación entre la sequía en el Amazonas y el cambio climático?

En la Amazonía el cambio climático y la deforestación se complementan entre sí para empeorar la situación. La práctica que destruye áreas boscosas para cultivar soja y criar ganado para exportación y las modificaciones en el clima hacen que la lluvia sea más escasa y las temperaturas más altas porque los árboles de la Amazonía liberan humedad, lo que baja la temperatura y forma nubes de lluvia.

Activista sostiene una pancarta en el lago seco de Tefé para mostrar los impactos de una grave sequía en la zona.
Activista sostiene una pancarta en el lago seco de Tefé para mostrar los impactos de una grave sequía en la zona.

A esta realidad que retroalimenta la sequía, hay que sumar un pronóstico nada auspiciante. Según los modelos climáticos “en las próximas décadas, con el aumento de las temperaturas causado por el cambio climático, estos eventos se volverán más frecuentes”,  afirmó Gilvan Sampaio, científico que monitorea patrones climáticos en el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil al New York Times.

Y la frutilla del postre es que en una Amazonía que pierde árboles y donde llueve menos, la acechan incendios forestales frecuentes que se expanden con facilidad. En estos días el fuego ha hecho que el aire sea peligroso para millones de personas, incluidas algunas comunidades indígenas, y al mismo tiempo han secado ríos importantes a un ritmo récord.



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Fuentes: New York Times y Mongabay

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Author: Meri Castro

Más rápido e inevitable: así es el derretimiento de las plataformas de hielo de la Antártida occidental, según un nuevo estudio

Las malas noticias que llegan desde el continente blanco siguen sumándose. Ahora se confirmó que la capa de hielo de la Antártida Occidental continuará derritiéndose en este siglo más allá de que logremos o no reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Esto a su vez derivará en un aumento del nivel del mar mayor a lo previsto

Capa de hielo en la Antártida

La novedad surge de un estudio del British Antarctic Survey publicado en la revista Nature Climate Change el lunes. Así se añade otra variante crítica a un panorama sobre el que la ciencia viene advirtiendo hace tiempo.

Ya en julio de este año te contábamos sobre el estado del hielo marino (en sus niveles más bajos incluso en la época más fría del año), Y también sobre cómo estos cambios repercuten en la fauna del lugar, poniendo en peligro a especies emblemáticas como los pingüinos emperadores

Con esta nueva información, se comprueba un nuevo síntoma de cómo el ecosistema más austral del mundo sufre las consecuencias del cambio climático.  

Plataformas de hielo en peligro: ¿qué encontró este nuevo estudio?

El barco de Greenpeace, Arctic Sunrise, ancló cerca de la base de investigación argentina Esperanza, donde, según se informó, el 6 de febrero de 2020 se registró la temperatura más alta jamás registrada en la Antártida, con un termómetro de la estación que marcaba 18,3 °C.
El barco de Greenpeace, Arctic Sunrise, ancló cerca de la base de investigación argentina Esperanza, donde, según se informó, el 6 de febrero de 2020 se registró la temperatura más alta jamás registrada en la Antártida, con un termómetro de la estación que marcaba 18,3 °C.

La investigación encontró que sin importar el grado de calentamiento en este siglo, el derretimiento de la capa de hielo de la Antártida Occidental se acelerará a medida que el agua más cálida en el mar de Amundsen erosione las plataformas de hielo que bordean el océano.

A diferencia del hielo marino relativamente delgado y flotante, las plataformas de hielo son más gruesas y retienen glaciares masivos que contienen mucho más hielo.

Es decir, que las plataformas cumplen la función clave de apuntalar la masa helada más hacia el interior, actuando como un tapón en una botella que detiene su flujo hacia el océano. Pero al erosionarse, la contención que brindan se reducirá cada vez más.

Hay que remarcar que el pronóstico al que llegó el British Antarctic Survey es inevitable. Porque incluso en el mejor escenario posible de un calentamiento de 1.5 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales, el hielo se derretiría tres veces más rápido en este siglo que en el siglo pasado.

“Parece que hemos perdido el control del derretimiento de la plataforma de hielo de la Antártida occidental a lo largo del siglo XXI”, dijo en conferencia de prensa Kaitlin Naughten, autora principal del estudio y modeladora oceánica del British Antártida Survey. “Eso muy probablemente signifique un cierto aumento del nivel del mar que no podemos evitar”. 

La actividad humana en la era industrial persigue las ganancias sin importar el costo que sea poner al planeta y a quienes la habitamos al borde del abismo. Acá, uno de los resultados: empujar a algunos de los sistemas de hielo polar más allá de un punto de inflexión y hacia un declive cada vez mayor.



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La evidencia científica es contundente y no para de acumularse. ¿Cuánto más necesitamos saber para que gobiernos y empresas se responsabilicen y tomen acción climática real? 

Fuentes:  Agencia Reuters e Infobae  

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Author: Meri Castro

Desafío climático: es hora de actuar

Matías Asún, director Greenpeace Chile

Mucho se ha reflexionado durante 2023 sobre las horribles consecuencias del cambio climático. Las frases de alarma del secretario general de la Organización de Naciones Unidas han sido claras, diversos líderes políticos han hecho lo propio prometiendo cambios o emplazando al sector privado a hacerlos… pero nada parece ser suficiente. 

Y la verdad es que no lo es. Las palabras se las lleva el viento y acciones no hemos visto muchas. 

En marzo de este año, el presidente del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) aseguró que la incorporación de una acción climática eficaz y equitativa no sólo reduciría las pérdidas y los daños para la naturaleza y las personas, sino que también aportaría mayores beneficios, por lo que llamaba a tomar medidas más ambiciosas, ya que está demostrado que si actuamos con un sentido real de urgencia, “aún es posible garantizar un futuro sostenible y habitable para todos”.

Pero luego nada ocurre. El calentamiento global nos ha llevado, entre otras cosas, a ser testigos de fenómenos meteorológicos cada vez más extremos: olas de calor de mayor intensidad, lluvias más fuertes, sequías prolongadas, mega incendios, inundaciones, huracanes y tormentas cada vez más letales, entre tantos otros. 

Estos eventos cada vez más frecuentes conducen también a graves problemas sociales, donde la inseguridad alimentaria e hídrica crecen de manera preocupante, sobre todo en los territorios más vulnerables, y se incrementarán debido al aumento de las temperaturas. 

La comunidad científica ha alertado que hoy, nuestro planeta está en su punto más caliente en más de 2.000 años y se encamina a volverse más caliente de lo que ha estado en dos millones de años, debido a la acción humana, principalmente, por el consumo de combustibles fósiles y la deforestación.

¿Qué nos deparan los próximos años? ¿Qué estamos esperando verdaderamente para actuar? Mientras glaciares y reservas de agua son arrasadas en todo el orbe para lograr extraer un par de gramos de algún mineral, o las industrias siguen produciendo y extrayendo hasta literalmente matar sus entornos, las políticas de los gobiernos del mundo, y también en Latinoamérica, son lentas y contradictorias con la urgencia de atender la crisis climática mundial, privilegiando, aún en este escenario, una economía de consumo que nos lleva a destruir todo lo que garantiza nuestra permanencia en la Tierra. 

En Chile hemos sido testigos de cómo la actividad de las carboneras afecta la salud de las comunidades cercanas. En la zona de Quintero-Puchuncaví, en la región de Valparaíso, la tierra está contaminada y ya casi no existe la pesca por el impacto de la producción carbonera. El aire es tóxico, las concentraciones de contaminantes muchas veces han superado los límites permitidos -legales y que dictan los estándares de la Organización Mundial de la Salud- provocando intoxicaciones masivas en la población.

En este Día Internacional contra el Cambio Climático debemos comprometernos a actuar con decisión. Durante años, la ciencia nos ha dicho que el punto de partida en esta lucha de supervivencia es detener la quema de combustibles fósiles. La buena noticia es que hoy  las fuentes de energía renovables son mucho más asequibles, tanto que podemos soñar en el corto plazo con una economía mundial que funcione 100% sobre energías limpias. Esta transición tiene el desafío de ser una transición justa, que no replique las mismas dinámicas que nos condujeron hasta esta crisis, y que ponga en el centro la protección de los ecosistemas, el respeto a los derechos humanos y la equidad. 

Sabemos que la generación energética en base a carbón es de las mayores amenazas a las que se enfrenta nuestro clima. El carbón es el combustible fósil que más contribuye al cambio climático y las centrales térmicas de carbón son la mayor fuente de emisiones de CO2 producidas por el ser humano. Es por esto que la revolución energética en Chile debe comenzar con la descarbonización de nuestra matriz ahora y no en 17 años más.

El cierre de la Fundición de Ventanas, así como el de otras 7 centrales a carbón, ha sido un paso correcto en esta dirección, pero sabemos que es sólo uno de muchos más que se deben dar. Sólo en la zona de Quintero-Puchuncaví aún operan una quincena de empresas de alto riesgo ambiental y social, mientras otras 20 centrales termoeléctricas a carbón todavía se encuentran funcionando, ocho de ellas sin siquiera un compromiso de cierre, por lo que podrían operar hasta 2040.

Es verdaderamente insólito que hoy, con toda la evidencia científica y empírica que existe en las zonas de sacrificio, el compromiso de cierre de las centrales a carbón sea voluntario, mientras en otras áreas se ha actuado con mayor celeridad o rigor. 

Es imperativo contar con un compromiso firme en la materia. Sólo así podremos seguir disfrutando de este mundo en el que vivimos. Basta de sólo alarmarnos con las terribles escenas meteorológicas que estamos presenciando y comencemos a actuar de manera decidida en la fuente real de su ocurrencia mediante una legislación y políticas públicas adecuadas para poder hacer frente a los desafíos que hoy enfrentamos.

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Author: Melissa Jure

Para frenar el cambio climático hay que pensar fuera de la caja

¿Qué acciones sencillas podemos hacer las personas comunes y corrientes para reducir nuestra huella de carbono? Es una pregunta que le hacen seguido al redactor y campañista inglés Jeremy Williams. 

Una multitud juega con un globo terráqueo en la marcha por el clima de Sydney.
Una multitud juega con un globo terráqueo en la marcha por el clima de Sydney.

En esta nota él se apresura a responder a este interrogante planteando otra pregunta: ¿Vamos a combatir al cambio climático con actos particulares o con acción colectiva? Y desafía, “a la crisis climática no podremos resolverla sólo desde lo personal, es lo que hacemos juntos lo que marca la diferencia”.

Las mejore soluciones pueden no ser las más sencillas

Además, aclara Williams, no deberíamos limitar nuestra imaginación a la pequeña escala. Hay que llevar la discusión más allá. Sólo así podremos revertir un sistema industrial que lleva 200 años acaparando cada aspecto del sistema económico y político. 

Teniendo esto en cuenta, las medidas que deberemos encarar no serán tan fáciles como uno quisiera. Pero para prevenir la catástrofe climática, dice Williams, mejor dejar la huella de carbono de las acciones singulares a un lado por un momento y enfocarse en los temas que cambian al sistema

Por ejemplo, votar por políticos que respalden la acción climática. Involucrarse con los representantes. Escribirle a las compañías a las que les damos nuestro dinero y presionarlas para que tengan metas ambientales más ambiciosas. Llevar tu activismo a tu lugar de trabajo, escuela, lugar de culto, gimnasio, banco, supermercado.

El tiempo es un bien preciado y escaso. Debemos poner la atención en esas acciones que harán la diferencia más grande

Hábitos, no acciones

Ahora sí, hablemos de las acciones personales. Aquellas que son la forma en la que vivimos nuestros valores y que son, en definitiva, las elecciones que moldean el cambio en nuestra comunidad. 

Williams propone dejar de hablar de “acciones”, que sugiere cosas que hacemos una sola vez. Y empezar a hablar de hábitos, palabra que resalta el enorme impacto acumulativo que tiene eso que repetimos a diario. 

En este sentido, el cambio de estilo de vida y el cambio del sistema no son excluyentes. Necesitamos de ambos. 

Variedad de comida vegetariana.

Elegir una opción vegana en un menú es una acción. Comer una dieta basada en plantas es un hábito. Considerando el consumo promedio del Reino Unido, al comer vegano durante dos años, se salva la vida de un cerdo, una oveja, 31 peces y 41 aves, además de toda la comida, agua y energía utilizada para su producción.

Ir en bicicleta al trabajo una vez es una acción. Convertirlo en un hábito genera diversos beneficios, como el ahorro de petróleo, dinero, contaminación del aire, emisiones de carbono y tráfico, todo de una vez.

Persona andando en bicicleta sobre ciclovía.

Así, incorporando algunos hábitos ecológicos se fortalece la confianza para escalar a acciones más ambiciosas, que son las que ayudarán a reducir las emisiones de carbono de manera más significativa. 

No olvidemos que cómo gastamos nuestro dinero envía señales a las empresas. Tomar responsabilidad por nuestra huella de carbono muestra solidaridad con aquellos que sufren los efectos del cambio climático ahora y en el futuro. 

Algunos ejemplos para tener en mente son y planificar en el mediano plazo pueden ser dejar de usar coche, volar menos, renovar la casa, invertir en un vehículo eléctrico, calefacción sostenible o paneles solares.

Pensar en aquello que no podemos hacer 

a mayoría de las veces, lo que hace progresar a las metas está en aquello que no podemos hacer. Sólo así se corren los límites y se generan avances. 

Toma como ejemplo querer ir en bicicleta al trabajo, pero la distancia es muy larga y no puedo pagar un bici eléctrica. Si nos planteamos qué necesitaría cambiar para que esto sea posible, empiezan a surgir soluciones posibles. 

Estas cosas que no podemos hacer son indicadores para iniciar campañas y lograr innovaciones

En conclusión, es tiempo de preguntar más allá de la reducción de la huella de carbono de mis acciones. Empecemos a plantear: ¿Qué cambio puede ser más influyente? ¿Hacia qué objetivos significativos puedo contribuir? ¿Qué tiene que cambiar y cómo puedo colaborar a lograrlo? 

Tenemos un mundo para transformar. A prepararse e invitar a esta misión a todas las personas que podamos ??.

Este artículo fue escrito por Jeremy Williams y apareció por primera vez en su blog, The Earthbound Report. Se republica aquí (con cambios menores) bajo una licencia Creative Commons. Las opiniones expresadas por terceros no necesariamente coinciden con las de Greenpeace.

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Author: Meri Castro