¿Rompimos todo? A nivel ambiental, al menos, la respuesta no te sorprenderá: se supo que el agua de lluvia ya no es potable. Las preciadas gotas que caen del cielo ahora son mucho más que H2O: están contaminadas por sustancias químicas tóxicas derivadas de las actividades humanas.
Esto ocurre porque las sustancias tóxicas se propagan por la atmósfera y, cuando hay precipitaciones, vuelven en forma de agua contaminada. Todo esto se desprende de un nuevo estudio de la Universidad de Estocolmo, según informó Télam. La investigación también pudo comprobar que esta problemática se da en todo el mundo por igual, desde la Antártida a la meseta tibetana.
Estos componentes nocivos se denominan químicos perpetuos, en referencia al largo tiempo que demoran en desintegrarse, y representan un peligro para la salud de las personas, animales y del ambiente. Su presencia estaba asociada en un principio a envases, champú y maquillaje, pero ahora se han extendido a todo el ambiente, incluidos el agua y el aire.
Un dato más: los niveles de químicos perpetuos en el agua de lluvia están por encima de las pautas de agua potable establecida por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos.
Esta noticia vuelve a confirmar que somos uno con la naturaleza. Si no cuidamos al planeta, no nos estamos cuidando a nosotros mismos. La buena noticia es que también aplica lo contrario: cuando sanamos el entorno, nos beneficiamos todos. ¿Empezamos ahora?
Todos tenemos algún conocido, amistad o incluso un familiar que cuando se habla de cambio climático en una reunión enseguida busca anular el tema diciendo que tal cosa no existe.
En el cartel se lee: “¡Escuchen a la ciencia!” y refiere a las acciones climáticas que deben tomarse desde la Unión Europea para que la reducción de emisiones para 2030.
Poco les importa que la ciencia del cambio climático tenga una trayectoria de más de 150 años o que el consenso científico mundial sobre este fenómeno sea casi absoluto (99.996%.)
Los negacionistas de pura cepa rechazarán con todas sus fuerzas cualquier idea que no esté en línea con su pensamiento dogmático, evitando cualquier tipo de análisis objetivo.
En cambio, serán más afines a alinearse detrás de cualquier idea o teoría que ponga en duda lo que es obvio: que las actividades humanas han afectado el equilibrio del planeta y que vivimos una crisis climática de origen antropogénico.
Así, el negacionismo termina siendo funcional a los intereses de la industria energética y a ciertas ideologías que llevan 30 años sembrando la duda sobre el cambio climático donde no la hay.
Una activista sostiene un cartel donde se lee “Greenwashing es el reverso del infiermo climático” mientras policías la detienen en la Feria de Milán.
Algo que puede parecer tan inocente como una discrepancia de opiniones en una mesa familiar en verdad esconde un fino trabajo de desinformación que los intereses económicos urden para retrasar la acción climática urgente y distraer de lo que en verdad importa.
Por eso hoy vamos a desarmar algunos de los argumentos y mitos más usados por los negacionistas para neutralizar este discurso que cada vez prende más en la sociedad (y que lejos de ser divertido, es muy peligroso.)
1) “Cambio climático hubo siempre porque es un ciclo natural”
Por supuesto que cambios en el clima siempre ha habido. Los hubo más lentos, de manera que los ecosistemas y sus habitantes lograron adaptarse a tiempo y también los hubo tan veloces que condujeron a extinciones masivas repentinas. Pero esa no es la cuestión.
Lo que importa acá es que el estudio de los “climas antiguos” (paleoclimatología) demuestra que los cambios acontecidos durante los últimos 150 años (desde el comienzo de la Revolución Industrial) no pueden ser naturales por su excepcionalidad.
Es decir que el actual proceso de cambio climático es diferente por dos motivos: es 10 veces más rápido que cualquier otro cambio climático ocurrido después de la extinción masiva relacionada con la desaparición de los dinosaurios, hace 65 millones de años y es provocado por una especie que habita el planeta.
El argumento de la “naturalidad de los cambios” esgrimido por los negacionistas se apoya en que el clima terrestre aún se está recuperando de las frías temperaturas de la Pequeña Edad de Hielo (1300 d.C-1850 d.C.), y que las que tenemos en la actualidad son las mismas que las del Período Cálido Medieval (900 d.C.-1300 d.C.).
La laguna de dicha apreciación es que ambas etapas no supusieron cambios globales, sino regionales, que afectaron al noroeste de Europa, al este de América, Groenlandia e Islandia.
Un estudio con 700 registros climáticos ha demostrado que la única vez que el clima ha cambiado al mismo tiempo y en el mismo sentido en todo el mundo durante los últimos 2.000 años ha sido en los últimos 150, en los que más del 98% de la superficie del planeta ha experimentado un aumento de temperatura.
2. ¿Cómo pueden hablar de calentamiento global si hace frío?
Esta frase está en el top cinco de las más usadas por los negacionistas. Incluso un ex presidente norteameriano cayó en este argumento alguna vez.
Para entender por qué esto no es cierto se necesita entender sobre cómo funciona la circulación atmosférica global y en particular, el funcionamiento de la corriente en chorro o jet polares.
Según explica el periodista científico y meteorólogo, Mauricio Saldívar, para Meteored, “El jet polar es una corriente de aire a gran velocidad ubicada cerca del nivel de crucero de los aviones v que separa, en ambos hemisferios, el aire frío originado en el Ártico o la Antártida, del aire templado o cálido. Esta corriente tiene ondulaciones que la aproximan a latitudes medias, y como las temperaturas más cálidas la debilitan, las irrupciones de aire frío polar pueden avanzar mayores distancias hacia los trópicos”.
“Es por ello por lo que, aunque parezca contradictorio, el calentamiento global genera más olas de frío. Esto sucede con mayor frecuencia e intensidad en el hemisferio norte, debido a que el Ártico se calienta a un ritmo 4 veces mayor que el resto del planeta”, explicó el especialista.
3. El CO? solo es una pequeña parte de la atmósfera, así que no puede calentar demasiado
Este mito se cae sólo con citar un experimento realizado en 1856 por la científica estadounidense Eunice Newton Foote. La prueba demostró hace 167 años que un cilindro expuesto a la luz solar que contiene dióxido de carbono atrapa más calor y durante más tiempo que un cilindro que alberga aire normal.
Desde entonces, la ciencia ha repetido este experimento tanto en laboratorios como en la atmósfera llegando a la misma conclusión una y otra vez: el dióxido de carbono emite más gases de efecto invernadero.
4. Los modelos climáticos no son fiables y son demasiado sensibles al dióxido de carbono
Desde la ciencia explican que no hay nada de cierto en este argumento. Por el contrario, existe una amplia gama de modelos climáticos. Estos modelos se someten continuamente a pruebas con datos históricos y paleoclimáticos, así como con acontecimientos climáticos independientes, como grandes erupciones volcánicas, para confirmar que reconstruyen el clima de manera correcta (como, de hecho, así es).
Un modelo, por sí mismo, no se debería considerar correcto, ya que representa un sistema climático global sumamente complejo. Sin embargo, al tener tantos modelos diferentes construidos y calibrados de manera independiente podemos confiar en su fiabilidad cuando coinciden en sus resultados.
Al estudiar los resultados de todos los modelos, observamos que duplicar las emisiones de dióxido de carbono podría aumentar la temperatura entre 2?C y 4,5?C, con una media de 3,1?C.
A pesar de que la complejidad de los modelos ha aumentado, la escala de calentamiento previsto ha permanecido en baremos similares durante los últimos 30 años, lo que demuestra su efectividad.
Tras combinar el conocimiento científico sobre el calentamiento y enfriamiento del clima a partir de factores naturales (energía solar, volcánica, aerosoles y ozono) y factores propiciados por el hombre (gases de efecto invernadero y cambios en el uso de la tierra), podemos asegurar que el 100% del calentamiento observado a lo largo de los últimos 150 años se debe a los humanos.
5.No es gran cosa quela temperatura aumente dos o tres grados.
El último pensamiento negacionista que vamos a refutar con datos en esta nota es éste -otro clásico-, aunque la lista podría extenderse mucho más.
En este caso, el argumento cae solo porque se trata de una mala interpretación del concepto de aumento de temperatura. Para ser precisos, la ciencia se refiere a valores medios de temperatura a nivel global y en este sentido todas las proyecciones muestran que aún esos pequeños cambios en los valores de temperaturas medias tienen consecuencias tremendas en los ecosistemas.
Por ejemplo, en un escenario de aumento de temperatura global a 2 °C lo que ocurriría en 35 de las áreas más diversas y ricas en biodiversidad del mundo, es que se perdería 25% de las 80.000 especies de plantas y animales que existen actualmente. Y ese porcentaje llegaría al 50% si aumentan en 4.5 °C.
En conclusión, no existe un solo argumento científico sobre el que apoyarse para negar sistemáticamente el cambio climático.
En este sentido, ¿cuánto más podrá resistir el discurso negacionista ante una realidad que muestra que ya estamos viviendo los impactos del cambio forzado del clima?
Como dice Mark Maslin del University College de Londres (UCL) “la gente se está dando cuenta de que no necesitan que los científicos les digan que el clima está cambiando, ya que lo están experimentando en primera persona”.
Fuentes: Nota en The Conversation con licencia de Creative Commons escrita por Mark Maslin, catedrático de Ciencias de la Tierra en el University College de Londres (UCL) y Meteored.
Santiago de Chile – La Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA), no ha logrado encontrar un camino a seguir para proteger las aguas de la Antártida. La Comisión se reunió esta semana para una reunión especial entre sesiones regulares, sólo la tercera en los 41 años de historia de ´esta instancia, en un intento por romper el punto muerto en la creación de santuarios oceánicos antárticos.
La Comisión ha prometido crear una red de santuarios oceánicos en el Océano Austral, pero los intentos han sido bloqueados repetidamente por un pequeño número de miembros debido a que la Comisión confía en la toma de decisiones basada en el consenso. Esto permite que un solo estado miembro bloquee todo el progreso.
Chris Thorne de la campaña Protect the Oceans de Greenpeace dijo:
“Los miembros de la Comisión del Océano Antártico tuvieron la oportunidad esta semana de avanzar finalmente hacia la protección de la Antártida y hacer una contribución importante para proteger el 30% de los océanos para 2030. No lograron llegar a un consenso una vez más”.
“El sistema de toma de decisiones por consenso de la Comisión está fundamentalmente roto. Las decisiones en virtud del Tratado Global de los Océanos, que se adoptó esta semana en las Naciones Unidas, permiten votar las decisiones. Esto nos da esperanza, pero algo debe cambiar para que la Comisión cumpla con su responsabilidad de proteger el Océano Antártico.”
“Con menos de siete años hasta 2030, la ventana de tiempo que nos queda para actuar se está reduciendo. El Tratado Global de los Océanos permitirá la creación de santuarios oceánicos en alta mar y demuestra que la protección de los océanos es posible. Todos dependemos de océanos saludables. Los gobiernos deben ratificar el Tratado por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos en 2025 y proteger al menos el 30% de los océanos para 2030”.
La reunión no logró acordar una hoja de ruta para el progreso de los santuarios oceánicos antárticos, el objetivo original de esta reunión. Debido a la falta de voluntad de compromiso de dos miembros, la Comisión ni siquiera pudo comprometerse a establecer eventualmente una red de áreas marinas protegidas.
Greenpeace pide acciones urgentes, incluido un compromiso político de alto nivel para romper el estancamiento de larga data en la Comisión del Océano Antártico sobre santuarios oceánicos. Los gobiernos también deben ratificar urgentemente el Tratado Global de los Océanos en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos en 2025.
Llevó décadas conseguirlo, pero finalmente esta semana se adoptó el Tratado Global que puede ayudar a proteger los océanos con la enorme urgencia que la situación amerita.
Este flamante Tratado es una poderosa herramienta que permitirá crear vastos santuarios oceánicos. El objetivo es alcanzar con esta protección a 30% de los océanos del mundo para el año 2030, tal como lo estipula el Convenio sobre la Diversidad Biológica acordado por todos los gobiernos a fines de 2022.
La semana comenzó con esta buena noticia: el histórico Tratado de las Naciones Unidas sobre los Océanos se adoptó formalmente por consenso en Nueva York. El proceso se había iniciado en marzo pasado cuando se acordó el texto al que luego le siguió un proceso de depuración legal y traducción a todos los idiomas oficiales de la ONU que culminó el pasado martes 20.
El mensaje “Los océanos son vida” fue proyectado por activistas de Greenpeace USA en el icónico Puente Brooklyn de Nueva York.
Los gobiernos ahora pueden proceder a firmar y ratificar el tratado para darle vida y comenzar a proteger los océanos. Éste paso es vital porque hasta que no sumen 60 los gobiernos que lo ratifiquen, el Tratado no entrará en vigor ni podrá convertirse en un instrumento jurídicamente vinculante.
Como dijo Chris Thorne de la campaña Protect the Oceans de Greenpeace: “Este Tratado es una victoria para toda la vida en este planeta. Ahora esos mismos gobiernos que lo acordaron deben ratificarlo urgentemente y comenzar a entregar vastos santuarios oceánicos en alta mar. La ciencia es clara, debemos proteger al menos el 30 % de los océanos para 2030 para que los océanos tengan la oportunidad de recuperarse y prosperar”.
Nuestra organización jugó un rol vital en el proceso de declaración del Tratado desde los primeros momentos en los años 2000.
Por primera vez en 2005 publicamos una comunicación al respecto, reclamando un nuevo tratado bajo la Convención de la ONU sobre Leyes de los Océanos. Desde entonces, buscábamos lograr herramientas para crear áreas marinas protegidas en alta mar que protegieran la biodiversidad.
Este pedido alertaba ya sobre la vulnerabilidad de estas zonas que quedan más allá de la jurisdicción de los países porque eran -y siguen siendo- lugares que quedan a la merced de las actividades destructivas.
A través de estos años, Greenpeace, junto a todos sus aliados, alzó la voz para que la meta de proteger al menos 30% de los océanos del mundo sea un compromiso real de los gobiernos. Otro gran hito que se logró a fines del año pasado
Así, 5,5 millones de personas de todos los continentes se unieron a Greenpeace para pedir a los gobiernos que finalicen un Tratado Global de los Océanos.
Hoy celebramos su sanción y el hecho de tener un documento que es el primero legalmente vinculante en más de 20 años. También festejamos porque este gran logro es el primero en estar pensado específicamente en la protección marina en alta mar.
Vista aérea de un buque chino pescando calamares en el Océano Índico Norte. Greenpeace fue testigo de los daños que generan sus operaciones que dejan miles de cetáceos muertos al año.
Para hacer realidad el 30×30, los gobiernos deben garantizar que el Tratado sea ratificado por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos en 2025.
Como explicó Thorne: “Estamos comprometidos a lograr el 30×30. Trabajaremos día y noche para garantizar que este Tratado sea ratificado en 2025, y que los santuarios oceánicos libres de actividades humanas destructivas que cubran el 30 % de los océanos se conviertan en una realidad para fines de esta década”.
Porque es cierto, 2030 se vislumbra en el horizonte, y la escala de nuestra tarea es enorme. Menos del 1% de la alta mar está protegida. Millones de personas de todo el mundo han exigido un cambio y juntos hemos logrado este acuerdo histórico, pero aún nos queda un largo camino por recorrer.
Te traemos 6 datos poco conocidos sobre estos insectos únicos para poner a prueba cuánto sabés sobre el maravilloso mundo de estos trabajadores incansables de la naturaleza
En sus orígenes, las abejas fueron insectos carnívoros que se alimentaban de otros de su tipo, al igual que hoy lo hacen las avispas. Su comportamiento cambió con la aparición de las flores en el Período Cretácico -alrededor de 100 millones de años atrás.
Fue entonces cuando esas abejas primitivas comenzaron a usar las flores como alimento. Esto derivó en lo que hoy conocemos como polinización, proceso que llevó a su vez a que las flores se multipliquen exponencialmente. Tanto las flores necesitaban la polinización de estos insectos que adaptaron sus colores y formas para atraerlos.
Así, esas avispas “herbívoras” (o abejas primitivas) se constituyeron en las ancestras de las abejas que hoy conocemos.
2. Para verte mejor: cinco ojos
Así es: las abejas tienen 5 ojos. Un par es compuesto y está ubicado a cada lado de su rostro, mientras que los otros tres ojos simples se posicionan entre medio de estos dos.
La función de los ojos compuestos es detectar la forma y los colores de los objetos, en tanto los ojos simples perciben cómo cambian los colores de la luz ambiente. El cerebro de las abejas es capaz de percibir con precisión esos cambios de tonalidades al integrar la información visual de los dos tipos de ojos.
3. La danza, su forma de comunicación
Otro dato curioso es que a pesar de que se habla de abejas reinas y obreras, la sociedad en la que viven no es monárquica sino democrática. La tarea de la abeja reina consiste en poner huevos pero las decisiones acerca de la colmena no dependen de ella, sino que se toman conversando entre todos. ¿Y cómo conversan las abejas? ¡Danzando!
Estos polinizadores pueden realizar distintos tipos de baile como, por ejemplo, rondas circulares, en forma de hoz y contoneos. Al mirar cómo bailan, las abejas entienden dónde otras compañeras encontraron néctar y dónde es apto construir nuevas colmenas.
4. Asignación de tareas según antigüedad
Las abejas obreras tienen distintas tareas dependiendo de la edad que tienen. Esta diferenciación se hace para darles el tiempo suficiente para ir desarrollando su memoria y poder, por ejemplo, recordar cómo volver a casa.
Las recién nacidas cuidan a los individuos más pequeños, las que tienen una semana de vida ya son responsables de construir colmenas y distribuir la comida. A medida que crecen, empiezan a vigilar y proteger a su hogar. A las tres semanas, están listas para salir a buscar polen.
5. 40.000 vuelos para hacer 1 kilo de miel
Cada abeja recolecta en todo el día de trabajo entre 30 a 50 miligramos de néctar. Cada individuo pesa apenas 0.1 gramos, de manera que una abeja lleva casi el doble de su peso en polen
En un día, una abeja sale a buscar alimento entre 7 y 13 veces. A veces no descansan y viajan durante las 24 horas. Esto significa que 10.000 obreras tienen que hacer 4 viajes para producir 1 kilo de miel.
6. Guardianas de los ecosistemas
El número de la población de abejas, los seres que son guardianes de los ecosistemas, se está desplomando. A principios de 2022, se perdieron 7.8 miles de millones de abejas (lo que es lo mismo que 16% de la población de abejas de Corea).
Las causas ambientales para esta baja casi criminal son muchas, entre ellas la crisis climática, parásitos, la merma de plantas donde libar y el uso de los pesticidas.
Necesitamos de las abejas para sostener la biodiversidad que sustenta la vida. Por eso desde cada sector de la sociedad debemos involucrarnos y hacer sus mayores esfuerzos para solucionar este problema complejo.
Los gobiernos controlando los factores que las amenazan y cuidando los hábitats naturales donde pueden prosperar. Desde la ciudadanía, conociendo qué plantas sumar a ventanas, balcones y patios para darles alimento y exigiendo que los parques públicos también sumen vegetación nativa.
El futuro de estas grandes polinizadoras se juega hoy.